Estimado hermano Pedro:
Estimado hermano Pedro:
Que Dios les bendiga a Ud., su esposa, su madre, y la iglesia que se reune en su casa. ¡Qué bueno es saber que la fe en Cristo vive y está marchando adelante en el sector de Cuba donde Ud. radica!
La Biblia hace referencia en muchos pasajes a las iglesias que se reunían en casas. De hecho, más de 200 años pasaron antes de que la iglesia primitiva tuvo edificios especiales para las reuniones y la adoración. La iglesia en Jerusalén se reunía en una casa y otra, y también en el Templo judío. (Hechos 2:46) Los hermanos en Éfeso se reunían en una casa y otra, además de la escuela de uno llamado Tiranno. (Hechos 19:9. 20:20) La iglesia en Corinto se reunía en la casa de Gayo. (Romanos 16:23) Aquila y Priscila tenían una iglesia en su casa. (1 Corintios 16:19) Ninfas tuvo una iglesia en su casa. (Colosenses 4:15) Filemón tenía una iglesia en su casa. (Filemón 1:2) Ud. debería ser ensalzado por tener una iglesia en su casa.
Siendo que no lo conozco personalmente, y todavía no he tenido el privilegio de verle cara a cara, quisiera compartir con Ud. algo de mí propia fe personal. Espero escribirle nuevamente en el futuro, y cada vez trataré de tocar algún tema de las Escrituras para proveerle edificación, amonestación, y consolación.
En esta primera carta quisiera animarle a fijarse en las cosas espirituales. Puesto que es muy probable que Ud. tenga que enfrentrar muchísimos problemas y limitaciones, estoy seguro que eso no será fácil hacer. Fue, sin embargo, una parte integral de la estrategia del Apóstol Pablo para ganar la victoria espiritual. Él lo dijo en esta manera: “no fijando nosotros la vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las que se ven son temporales, mientras que las que no se ven son eternas.” (2 Corintios 4:18) Las cosas que vemos con ojos humanos son temporales. Ellas se envejecerán y se gastarán. Algún día, cuando Jesús venga otra vez, ellas pasarán con gran estruendo y serán deshechas ardiendo. Sólo las cosas espirituales son eternas. Esto es por lo menos una de las razones que Pablo se fijó en cosas espirituales.
La mente humana no puede enfocarse en dos cosas distintas a la vez. Por ejemplo, Ud. puede ver dos personas al mismo tiempo, pero solo una está bien enfocada. Tampoco podemos enfocarnos en cosas físicas y espirituales al mismo tiempo. Pablo enfrentó mucho sufrimiento, privación, y persecución. (2 Corintios 11:23-33) Llevó en su propio cuerpo las marcas de su sufrimiento por Cristo. (Gálatas 6:17) No pudo olvidarse de esas cosas físicas, pero escogió no enfocarse en ellas. Al contrario, Él se enfocó en las cosas espirituales que son eternas.
Por ejemplo, un poco antes de escribir la segunda carta a los corintios, un grupo de personas en la ciudad de Éfeso había tratado de matarle. Ud. puede leer esta historia en Hechos 19. En ese tiempo, Pablo estaba tan abrumado que aun perdió la esperanza de conservar su vida. (2 Corintios 1:8) Más tarde en 2 Corintios escribió: “Estamos atribulados en todo, pero no angustiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no desamparados; abatidos, pero no destruidos. Siempre llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús por todas partes, para que también en nuestro cuerpo se manifieste la vida de Jesús.” (2 Corintios 4:8-10) Si Pablo hubiera pensado en sus apuros físicos, con razón el diablo lo habría vencido.
Sin embargo, Pablo no continuó dejarse mirar a esos problemas materiales. En cambio, él puso la mirada en cosas eternas y explicó que por esa razón, no se desmayó. “Por tanto, no desmayamos; más bien, aunque se va desgastando nuestro hombre exterior, el interior, sin embargo, se va renovando de día en día. Porque nuestra momentánea y leve tribulación produce para nosotros un eterno peso de gloria más que incomparable; no fijando nosotros la vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las que se ven son temporales, mientras que las que no se ven son eternas.” (2 Corintios 4:16-18)
Cuando la iglesia se reune, anímela que ponga sus ojos en Jesús. Mientras el Apóstol Pedro fijaba la mirada en Jesús, podía caminar sobre el agua. (Mateo 14:28-30) Cuando quitó la mirada de Jesús, comenzó de hundirse. Hay muchos otros ejemplos como éstos en la Biblia. Después de que Jesús ascendió al cielo, Pedro ya no pudo verlo con ojos humanos. Sin embargo, aun lo vio por ojos de fe. Reflexione en estas palabras inspiradas del Apóstol Pedro: “A él le amáis, sin haberle visto. En él creéis; y aunque no lo veáis ahora, creyendo en él os alegráis con gozo inefable y glorioso, obteniendo así el fin de vuestra fe, la salvación de vuestras almas.” (1 Pedro 1:8-9) Poniendo la mirada en Jesús, aun podemos experimentar el mismo gozo y la misma salvación.
El autor del libro de Hebreos dijo que deberíamos correr la carrera de la vida con los ojos puestos en el Autor y Consumador de nuestra fe. (Hebreos 12:2) Pablo escribió algo similar en Filipenses 3:13-14: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado. Pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está por delante, prosigo a la meta hacia el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”
Jesús prometió a sus discípulos: “Porque donde dos o tres están congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20) Los discípulos de la iglesia primitiva se recordaron de esa promesa y fueron animados por el hecho que Jesús estuvo entre cada grupo que se reunió para adorarle.
Además de estar con nosotros como iglesia, Jesús nos prometió estar con nosotros como individuos. “Sean vuestras costumbres sin amor al dinero, contentos con lo que tenéis ahora; porque él mismo ha dicho: Nunca te abandonaré ni jamás te desampararé.” (Hebreos 13:5)
Cuando ponemos los ojos en Jesús, no nos desanimamos. “Considerad, pues, al que soportó tanta hostilidad de pecadores contra sí mismo, para que no decaiga vuestro ánimo ni desmayéis.” (Hebreos 12:3)
Cuando la iglesia se reune en la casa de Ud., no sólo está presente Jesús, sino una gran multitud de otros poderes espirituales está presente. Por ejemplo, contemple estas palabras de Hebreos 12:18-24: “No os habéis acercado al monte que se podía tocar, al fuego encendido, a las tinieblas, a la profunda oscuridad, a la tempestad, al sonido de la trompeta y al estruendo de las palabras, que los que lo oyeron rogaron que no se les hablase más; porque no podían soportar lo que se mandaba: Si un animal toca el monte, será apedreado. Y tan terrible era aquel espectáculo que Moisés dijo: "¡Estoy aterrado y temblando!" Más bien, os habéis acercado al monte Sion, a la ciudad del Dios vivo, a la Jerusalén celestial, a la reunión de millares de ángeles, a la asamblea de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el juez de todos, a los espíritus de los justos ya hechos perfectos, a Jesús el mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”
Ninguna iglesia del Señor Jesucristo tiene que sentirse débil o inferior. Tenemos en nuestro derredor una gran nube de testigos. No podemos ver con nuestros ojos a Dios, Cristo, los ángeles y los espíritus de hombres justificados y hechos perfectos, pero están allí de todos modos. Sólo los podemos ver con ojos de fe. Cuando así los veamos, recibiríamos poder. Estas fuerzas espirituales son capaces de hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos. (Efesios 3:20)
Un buen ejemplo de este principio se encuentra en 2 Reyes 6:8-23. El rey de Siria despachó una gran multitud de soldados para capturar al profeta Eliseo. Cuando el siervo de Eliseo vio la ciudad rodeada por caballos y carros, se quedó espantado. Eliseo dijo: “No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Entonces Eliseo oró diciendo: --Te ruego, oh Jehovah, que abras sus ojos para que vea. Jehovah
abrió los ojos del criado, y éste miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo y carros de fuego, alrededor de Eliseo.” (2 Reyes 6:16-17) Eliseo ganó una gran victoria ese día porque estaba rodeado por poderes espirituales que no eran visibles por ojos humanos. No obstante, nuestros ojos necesitan ser “abiertos”.
Amado hermano, sé que Ud. ya sabe todas estas cosas. Como Pedro dijo, estoy despertando su limpio entendimiento para que tenga memoria de las palabras que antes han sido dichas. (2 Pedro 3:1) Quisiera que Ud. se acuerda de los muchos recursos espirituales a su disposición. Estoy seguro que Él que ha comenzado una buena obra en Ud. seguirá a hacerla hasta el día de Jesucristo. Recuérdese que Satanás también es un “espíritu”. Él se llama: “ príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora actúa en los hijos de desobediencia.” (Efesios 2:2) Pablo nos hace recordar: “nuestra lucha no es contra sangre ni carne, sino contra principados, contra autoridades, contra los gobernantes de estas tinieblas, contra espíritus de maldad en los lugares celestiales.” (Efesios 6:12)
No obstante, Él que está dentro de nosotros es más poderoso que él que está en el mundo. No hay condenación para los que están en Cristo Jesús. (Romanos 8:1) En Cristo nos está garantizada la victoria: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación? ¿angustia? ¿persecución? ¿hambre? ¿desnudez? ¿peligros? ¿espada? Como está escrito: Por tu causa somos muertos todo el tiempo; fuimos estimados como ovejas para el matadero. Más bien, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38 Por lo cual estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo porvenir, ni poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.” (Romanos 8:35-39)
Le doy gracias por tomar tiempo de leer estas palabras. Oraré por Ud. y espero que algún día nos veremos cara a cara: “a aquel que es poderoso para guardaros sin caída y para presentaros irreprensibles delante de su gloria con grande alegría; al único Dios, nuestro Salvador por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea la gloria, la majestad, el dominio y la autoridad desde antes de todos los siglos, ahora y por todos los siglos. Amén.” (Judas 1:24-25)
Muchos saludos a todos los hermanos de la iglesia en Sagua la Grande.
Con amor fraternal,
Boyce Mouton
U.S.A..