ENVIANDO OBREROS A LA MIES DEL SEÑOR
ENVIANDO OBREROS A LA MIES DEL SEÑOR
“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas: porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, más los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:35-38).
Es muy común en los cultos de oración preguntar si hay “peticiones de oración”. Mateo registra la petición del Señor Jesús. Él tuvo compasión de las multitudes, porque estaban dispersas como ovejas que no tienen pastor. ¡Por eso, el Señor Jesús pidió que oremos que el Señor de la mies envíe obreros a su mies!
La palabra griega traducida como “rogar” en este pasaje es deomai que quiere decir “orar fervientemente”. Se usa 22 veces en las Escrituras del Nuevo Testamento y frecuentemente se refiere a gente rogando al Señor Jesús que fuera sanada (véase Lucas 5:12; 8:28; 9:40; 21:36; 22:36; etc.).
El autor W. E. Vine, en su Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento, enumera 12 palabras griegas que son traducidas como “enviar”. Por supuesto, cada una de estas palabras tiene su propio significado y sentido especial.
Cuando el Señor Jesús pidió a sus discípulos que oraran por el Señor de la mies que ENVIARA obreros, escogió una forma de la palabra griega ekballo. La palabra ballo quiere decir “tirar” y ek significa “fuera”.
Así que la palabra ekballo literalmente significa “tirar fuera”. Se usa más de 80 veces en las Escrituras del Nuevo Testamento.
El autor Thayer define la palabra “con la noción adicional de poca o mucha violencia”.
- Estas son las palabras que el Espíritu Santo usó para describir la purificación del
templo cuando el Señor Jesús echó fuera a todos los cambistas (Mateo 21:12; Marcos 11:15; Juan 2:15).
- Estas son las palabras que describen la manera en que Pablo y Bernabé fueron
expulsados de Antioquía de Pisidia (Hechos 13:50).
- Estas son los palabras que Sara usó cuando quería que Abraham “echara fuera” a
Agar (Gálatas 4:30).
- Estas son las palabras usadas para describir lo que hizo Demetrio que hablaba
palabras maliciosas en contra de los apóstoles. No recibía a los hermanos y “echó fuera” a los que sí los recibieron (3 Juan 1:10).
- Estas son las palabras usadas para describir la manera en que el Señor Jesús fue
“impulsado” al desierto para ser tentado por el diablo (Marcos 1:12).
- Se usa también estas palabras para describir la manera en que Rahab envió a los
espías por otro camino (Santiago 2:25). Pero pensé que a este ejemplo le faltaba la idea de violencia. Después de meditar en la historia, me di cuenta que había considerable presión para que esos hombres salieran cuando Rahab los “echó fuera”. Los soldados de Jericó estaban buscándolos intensamente y ciertamente los habrían matado si hubieran tenido la oportunidad.
Esto entonces, es la manera en que nuestro Señor a veces “envía” obreros a la mies. Nos podría encontrar tan complacientes que es difícil para él llamar nuestra atención. Por lo tanto, él amorosamente aumenta la presión hasta que comencemos a sentirnos incómodos.
En última instancia, podríamos encontrarnos “echados” a la mies.
Casi todos conocemos a algún obrero cristiano cuyo ministerio fue fundado sobre lo que al principio parecía una tragedia. Por ejemplo, cuando Esteban llegó a ser el primer mártir cristiano, una gran persecución comenzó en contra de la iglesia (Hechos 8:1). Pero, como resultado de esa persecución, “los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio” (Hechos (8:4). Lo que al principio parecía una tragedia, Dios lo cambió en una bendición.
El Salmo 32 nos enseña que no debemos ser como el caballo o el mulo que no tienen entendimiento. Dios no quiere guiarnos como a un animal para que hagamos su voluntad. Él quiere fijar los ojos en nosotros y amorosamente enseñarnos el camino (Salmo 32:8 y 9).
EL EJEMPLO DE JONÁS
Jonás es un ejemplo clásico de rechazar al principio la llamada de Dios en su vida: “Vino palabra de Jehová a Jonás hijo se Amitai, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí. Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová” (Jonás 1:1-3).
- Aparentemente, Jonás odiaba a los gentiles y no quería predicar a la gente de
Nínive.
- En vez de ir al este a Nínive, subió a una nave y fue hacia el oeste a Tarsis.
- Como sabemos, Jehová envió una gran tormenta y la nave estaba por hundirse.
- Los marineros echaron suertes y determinaron que Jonás era la razón que Jehová
había enviado la tormenta.
- Jonás, sin temor, se ofreció para que fuera echado al mar para salvar la nave.
- Pero, después de pasar tres días en el vientre de un gran pez con las algas del mar
enredadas en su cabeza y el ácido en el vientre del gran pez tratando de digerirlo, Jonás decidió hacer lo que Jehová le había mandado, y predicó a los gentiles en Nínive.
- ¡Quizás Jehová puso esta historia de Jonás en las Escrituras para usted y para mi!
EL EJEMPLO DE PEDRO
- El Señor Jesús específicamente había mandado a Pedro y a los demás apóstoles
que fueran por todo el mundo haciendo discípulos en todas las “naciones” (Mateo 28:18-20).
- La palabra griega traducida como “naciones” es ethnos. Está traducida 93 veces
en la Biblia KJV (en inglés) como “gentiles”.
- Dios estaba mandando a Pedro y a los demás apóstoles que fueran por todo el
mundo para predicar a los gentiles. Pero ninguno de ellos lo hizo por aproximadamente diez años, ¡y entonces prácticamente tuvieron que ser forzados a hacerlo!
- Pedro, por inspiración, dijo en el día de Pentecostés: “Porque para vosotros
es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos que están lejos; para
cuantos el Señor nuestro Dios llamare” (Hechos 2:39). Aparentemente, Pedro y los demás apóstoles no practicaron lo que predicaban.
- Años después, Lucas escribió: “Ahora bien, los que habían sido esparcidos
a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino solo a los judíos” (Hechos 11:19).
- Como ya hemos dicho, aproximadamente diez años después de que Pedro predicó
en el día de Pentecostés, se posó en Jope en la casa de un hombre que se llamaba Simón curtidor (Hechos 10:6).
- Un ángel de Dios había aparecido a un centurión gentil que se llamaba Cornelio y
él dijo: “¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. Este posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar; él te dirá lo que es necesario que hagas” (Hechos 10:4-6).
- Felipe el evangelista, vivió en Cesarea (Hechos 8:40; 21:8). Pero Dios quería que
Pedro fuera el primero en predicar a los gentiles, tal como él había sido el primero en predicar a los judíos.
- “Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la
ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta. Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis; y vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. Esto se hizo tres veces; y aquel lienzo volvió a ser recogido en el cielo” (Hechos 10:9-16),
- Pero Pedro aún no entendió esas visiones. O no las entendió o no quería predicar
a los gentiles.
“Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan.
Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado” (Hechos 10:19 y 20).
- Cuando Pedro obedeció, y se fue a la casa de Cornelio en Cesarea, por fin dijo:
“En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino
que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 10:34 y 35).
- Pero más tarde, aún Pedro tuvo prejuicios en contra de los gentiles y tuvo que ser
reprendido públicamente por Pablo: “Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos” (Gálatas 2:11-13).
- A veces, los obreros son reacios a trabajar en la mies y tienen que ser “echados
fuera” con dolores e inconveniencias.
EL EJEMPLO DE PABLO
Como sabemos, originalmente Pablo era conocido como Saulo de Tarso. Él también tuvo que ser “enviado” a la mies.
- Saulo era un ciudadano romano nacido en Tarso de Cilicia (Hechos 21:39).
- Era muy bien instruido en la ley por un maestro famoso que se llamaba Gamaliel
(Hechos 22:3).
- El aventajaba a muchos de sus contemporáneos en la práctica del judaísmo
(Gálatas 1:14).
- Era irreprensible en cuanto a la justicia que es la ley (Filipenses 3:6).
- Por la autoridad de los sacerdotes principales, puso a muchos de los santos en la
cárcel. Cuando fueron matados, dio su voto (Hechos 26:10).
- Muchas veces se fue de una sinagoga a otra, castigándolos y forzándoles a
blasfemar (Hechos 26:11).
- La historia de la conversión de Saulo se encuentra tres veces en el libro de los
Hechos: (Hechos 9:1-19; 22:1-21; 26:1-18).
- Dios llamó la atención a Saulo al hacerle ciego y llamarle personalmente a
predicar. El Señor Jesús le dijo: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que
se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hechos 26:15-18).
- El hombre que Dios usó para sanar a Saulo de su ceguera se llamaba Ananías.
“El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es este, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se le apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco” (Hechos 9:15-19).
- El nombre de Saulo fue cambiado a Pablo en la isla de Chipre un poco después
de que él había cegado a un profeta falso que se llamaba Barjesús (Hechos 13:6- 12).
- Pablo escribió más libros de la Biblia que cualquier otro y trabajó más de
cualquier otro apóstol (1 Corintios 15:9-11).
- Dios tiene muchas maneras de llamar nuestra atención, y quitar la vista de
alguien es solamente una de ellas.
EL CONTAR EL COSTO
Antes de seguir a Cristo, debemos contar el costo. Cuando un maestro de la ley quería seguir al Señor Jesús, él respondió. “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza. Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos” (Mateo 8:20-22).
En otra ocasión, el Señor Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, este la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles” (Lucas 9:23-26).
No todos están dispuestos a pagar el precio de seguir al Señor Jesús. Cuando las multitudes estaban viajando con él, él se volvió a ellos y les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:25-33).
La palabra “odiar” que se encuentra en este pasaje, no quiere decir “despreciar”, sino meramente quiere decir “amar menos” (véase Deuteronomio 21:15-17). Las Escrituras no solamente nos mandan a amar a nuestras familias, sino aun debemos amar a nuestros enemigos. Mateo lo dice así: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 10:37-39).
El mandamiento principal de la Biblia es: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos” (Marcos 12:30 y 31).
Para los que aman a este camino, ¡estén listos para ser “enviados” a la mies!
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