Boyce Mouton
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ENCONTRANDO A DIOS

Boyce Mouton · 2 pages · 753 words

ENCONTRANDO A DIOS

“Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13).

Dios es “omnipresente”. Está en todas partes. No obstante, desafortunada- mente, la mayoría de la gente no lo encontrará. Pablo recordó a los filósofos en el Areópago que Dios determinó el tiempo cuando nacerían, y el lugar exacto donde vivirían “para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros” (Hechos 17:27). Aunque Dios específicamente creó a cada uno de nosotros de una manera especial para que le buscáramos, la mayoría no lo hará. ¡Jeremías explicó por qué! Él escribió que la clave para “encontrar a Dios” era buscarle de “todo corazón”

Desafortunadamente, el camino que lleva a la destrucción es espacioso y bastante popular. Tiene una puerta ancha y el camino es espacioso y no requiere nada. Es fácil ir con los demás y ser uno de la multitud. Así que sólo unos pocos se atreverán a hacer el sacrificio y pagar el precio de caminar por el camino angosto que lleva a una relación íntima con Dios y vida eterna (Mateo 7:13 y 14).

Nehemías buscaba a Dios de todo corazón. Miles de personas conocían las condiciones horribles en Jerusalén y no parecían importarles. En cambio, Nehemías llegó a ser un hombre quebrantado después de oír estas noticias. Escribió: “Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos” (Nehemías 1:4). Esta agonía de corazón continuó día y noche por cuatro largos meses antes de que se atrevió a entrar en la presencia del rey con un rostro triste.

Ezra era un hombre que buscaba a Dios de todo corazón. Se dio al estudio y la observancia de la ley de Jehová y la enseñanza de sus decretos al pueblo de Dios (Esdras 7:10). Cuando se dio cuenta que al pueblo de Dios no les importaba la ley de Jehová dijo: “Cuando oí esto, rasgué mi vestido y mi manto, y arranqué pelo de mi cabeza y de mi barba, y me senté angustiado en extremo” (Esdras 9:3).

Daniel también buscaba a Dios de todo corazón. Por 3 semanas estaba afligido, no comió y oraba para entender la revelación de Dios (Daniel 10:1-3). Cuando Dios respondió a sus oraciones con una visión, Daniel escribió: “Y sólo yo, Daniel, vi aquella visión, y no la vieron los hombres que estaban conmigo, sino que se apoderó de ellos un gran temor, y huyeron y se escondieron” (Daniel 10:7). Los hombres con Daniel sabían que algo asombroso había sucedido, pero aparentemente no buscaban a Dios de todo corazón como lo hacía Daniel.

Saulo de Tarso buscaba a Dios de todo corazón; por eso, lo encontró. En el camino a Damasco, el Señor Jesús apareció a él en una visión cegadora. Entonces el Señor Jesús le habló en lengua hebreo (Hechos 26:14). Los que estaban con Pablo vieron la misma luz que Pablo vio, y oyeron las mismas palabras que él escuchó. Aunque esos hombres eran hebreos, “no entendieron la voz del que hablaba conmigo” (Hechos 22:9). ¿Porqué no? Aparentemente, aunque eran hombres religiosos, no buscaban a Dios de todo corazón.

El Señor Jesús buscaba a Dios de todo corazón. Mientras se acercaba la hora de su sacrificio supremo, oró que el nombre de Dios sería glorificado. Entonces Dios

respondió con una voz de los cielos: “Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez” (Juan 12:28). Notablemente, nadie entendió esas palabras del Señor Jesús. Algunos pensaron que eran trueno. Otros oyeron el mismo sonido y pensaron que un ángel había hablado. Dios es un Dios celoso y no se revelará a los que tienen solamente un interés casual en conocerle.

¿Quiere usted encontrar a Dios? ¡No está lejos! Él está ahí a su lado. ¡Si lo busca de todo corazón, lo encontrará! No obstante, si quiere “primero” enterrar a su padre o “primero” despedirse de su familia y de sus amigos o “primero” hacer cual- quier otra cosa que no sea buscarle de todo corazón, él siempre estará oculto a la vista (Lucas 9:57-62.). ¡Debemos “primero” buscar el reino de Dios!

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 16:24 y 25).