Boyce Mouton
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EL ÚNICO FUNDAMENTO

Boyce Mouton · 4 pages · 1,653 words

EL ÚNICO FUNDAMENTO

“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Corintios 3:11).

  • Este versículo tiene que ver con la unidad cristiana. ¡El Señor Jesús es el único

fundamento para la unidad cristiana!

  • Poco antes de su crucifixión, el Señor Jesús oró para que todos los creyentes

estén unidos, tal como él y el Padre están unidos (Juan 17:20 y 21).

  • Tristemente, había divisiones en la iglesia en Corinto. Pablo mencionó esas

divisiones en el primer capítulo de 1 Corintios: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Corintios 1:10).

  • Pablo estuvo en Éfeso cuando recibió la noticia con respecto a esas divisiones.

“Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo soy de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo” (1 Corintios 1:11 y 12). Esa noticia lo incitó a Pablo a escribir esta carta.

  • Por supuesto ¡Cristo no está dividido! Por eso, Pablo continuó: “¿Acaso está

dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? Doy gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo, para que ninguno diga que fuisteis bautizados en mi nombre. También bauticé a la familia de Estéfanas; de los demás, no sé si he bautizado a algún otro” (1 Corintios 1:13-16).

  • Es importante que todos sean bautizados. Como sabemos, el Señor Jesús mandó

esto en la gran comisión (Mateo 28:18-20). Aunque Pablo bautizó solamente a algunos pocos en Corinto, es un hecho de que todos los corintios fueron “bautizados en un cuerpo” (1 Corintios 12:13). Todos necesitamos bautizarnos. No obstante, el bautismo no debe ser hecho en el nombre de Pablo ni de ningún otro hombre. El bautismo se hace en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Lo que Pablo quería decir es que “quién” bautiza no es importante. Mientras los fariseos sabían que el Señor Jesús hacía y bautizaba a más discípulos que Juan el Bautista, personalmente él no bautizó a ninguno de ellos (Juan 4:1 y 2). Lo mismo sucedió con Pablo.

  • Entonces Pablo continuó: “Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a

predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo” (1 Corintios 1:17). Como sabemos, el Señor Jesús apareció a Pablo en el camino a Damasco y dijo: “He aparecido a ti,

para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti” (Hechos 26:16). La comisión para Pablo era predicar el Evangelio que el Señor Jesús le había revelado, con palabras sencillas, y sin sabiduría humana, y dejar que otra persona bautice.

LA DIVISIÓN ES UNA INDICACIÓN DE INMADUREZ

En los versículos antes de nuestro texto, Pablo señaló que la división en la iglesia es una indicación de inmadurez: “De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?” (1 Corintios 3:1-4).

A continuación, Pablo afirmó que los hombres como Apolos y él son sólo “servidores”. Es Dios el que está a cargo de la iglesia y que la hace crecer. “¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios” (1 Corintios 3:5-9).

EL SEÑOR JESUCRISTO ES EL FUNDAMENTO DE LA UNIDAD

Pablo, como un edificador experto, sabía que una casa edificada sobre la arena caería (Mateo 7:24-27). Entonces continuó: “Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Corintios 3:10 y 11).

Somos el “edificio de Dios” (1 Corintios 3:9). Somos el “templo de Dios” (1 Corintios 3:16). El edificio de Dios es la gente que está edificada sobre el fundamento firme de Jesucristo. Conversos verdaderos son como “el oro, la plata, y piedras preciosas”. Los que no son conversos verdaderos son como “madera, heno y hojarasca”. Note: “Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas. madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego” (1 Corintios 3:12-15).

Si algunos de los conversos de Pablo cayeran de gracia, como sucedió en Galacia (Gálatas 5:4), por supuesto, sufrirían pérdida pero aún serían salvos.

La frase “en Cristo” se encuentra 164 veces en las cartas de Pablo. Todos los que están “en Cristo” son salvos y pertenecen a la familia de Dios. ¡Recuerde! “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1). Los que estamos “en Cristo” hemos sido bautizados en un cuerpo (1 Corintios 12:13). Este “cuerpo” también se llama “la familia de Dios” (Efesios 3:15). Consecuentemente, somos hermanos y hermanas de todos los que están “en Cristo”. El “primer Adán” engendró una raza física. El Señor Jesús es el “último Adán” y él engendró una raza espiritual (1 Corintios 15:45-49). Así como la descendencia de Adán recibió el ADN de una simiente física, los descendientes del Señor Jesús reciben su ADN de una simiente espiritual. “Así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial” (1 Corintios 15:49). Pedro estaba de acuerdo: y dijo: Ustedes son “renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorrup- tible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23).

LA IGLESIA ES SEMEJANTE A UNA FAMILIA

Cuando dos hombres tienen el mismo padre, son hermanos, les guste o no. A veces, los bebés nacen discapacitados mental o físicamente. Si tenemos el mismo padre, aún somos hermanos y hermanas de la misma familia. ¡Debemos aceptarnos los unos a los otros en la misma manera en que Cristo aceptó a nosotros! Ciertamente, yo no era perfecto cuando el Señor Jesús me aceptó a mí, entonces es exactamente la manera en que tengo que aceptar a otros. De hecho, sin importar cuántos errores cometa, el Señor Jesús no se avergüenza de llamarme su hermano, porque tenemos el mismo Padre (Hebreos 2:12).

No solamente hay niños en la familia, sino también hay ancianos que quizás sufran de demencia. Sólo por haber hermanos con necedades especiales, no significa que no son miembros de la familia. Pablo ofrece este consejo inspirado para los que pertenecemos a la familia de Dios: “También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos” (1 Tesalonicenses 5:14). Algunos en la familia necesitan ser advertidos, otros necesitan ser alentados, y otros necesitan ayuda, pero tenemos que tener paciencia con todos. Cuando nuestro “hermano” peque contra nosotros, tenemos que perdonarle, no siete veces, sino hasta setenta veces siete (Mateo 18:21 y 22).

Algo milagroso sucede con nosotros cuando nacemos de nuevo. En Cristo somos “nuevas criaturas” y ya no vemos a nadie ni a nada de un punto de vista meramente humano (2 Corintios 5:16 y 17). Esto es especialmente cierto con respecto a nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Dios nos ha dado un amor especial para con los hermanos y las hermanas en Cristo. “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo,

es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él” (1 Juan 5:1).

Sí, el Señor Jesucristo es el único fundamento para nuestra fe y nuestra unidad. ¿Es Ud. un miembro de la familia de Dios? Si no, he aquí una invitación especial para nacer de nuevo y llegar a ser miembro de su familia. El Señor Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30).

Cuando esto suceda, “Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:26-29).