Boyce Mouton
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EL TROPIEZO DE LA CRUZ

Boyce Mouton · 4 pages · 1,769 words

EL TROPIEZO DE LA CRUZ

“Y yo, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué padezco persecución todavía? En tal caso se ha quitado el tropiezo de la cruz” (Gálatas 5:11).

Quizás no haya ninguna doctrina cristiana más ofensiva que la doctrina de la cruz. Es diametralmente opuesta a la sabiduría humana. Cuando el Señor Jesús la anunció por primera vez, Pedro estaba tan ofendido que empezó a reconvenir a su Señor y Maestro. Por favor, note la amonestación del Señor Jesús a Pedro: “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (Mateo 16:21-23). ¡Oponerse a la cruz es un error grave! ¡Es satánico! Más tarde, cuando el Señor Jesús hizo otras referencias a su muerte, los discípulos eran incapaces de entender o aun preguntarle acerca de lo que él quería decir (véase Marcos 9:31 y 32; Lucas 9:44 y 45; 18:31-34, etc.) Pablo describió la cruz de Cristo como tropezadero para los judíos y locura para los gentiles. No obstante, para los cristianos la cruz es poder de Dios, y sabiduría de Dios (1 Corintios 1:23 y 24). A los filipenses, Pablo advirtió: “Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que solo piensan en lo terrenal” (Filipenses 3:18 y 19). ¡Por favor, note que el destino de los que son enemigos de la cruz es perdición!

Juan el Bautista vino predicando que el reino de los cielos se había acercado (Mateo 3:2). El Señor Jesús también vino predicando que se había acercado el reino de los cielos (Mateo 4:17). Los discípulos erróneamente asumieron que este reino iba a ser un reino terrenal. ¡No fue así! El Señor Jesús específicamente dijo a Pilato: “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” (Juan 18:36). Recuerde estas palabras inspiradas de Isaías: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8 y 9). Para entender la cruz de Cristo y el reino de los cielos, ¡tenemos que pensar como Dios!

¡Por favor, recuerde que los discípulos que predicaban que el reino se había acercado, podían hacer milagros! Ellos habían recibido poder sobrenatural. Sanaron a enfermos, limpiaron a leprosos, resucitaron a muertos, echaron fuera a demonios. (Mateo 10:8). Sin duda, estaban un poco orgullosos de sus nuevos poderes. Probablemente, sonrieron en sus sueños y soñaron de hacer milagros aún más grandes en los días venideros. El reino de los cielos estaba por venir y esperaban ser líderes en

ese reino. La enseñanza acerca de la cruz parecía contraria a todo lo que ellos esperaban. Estaban pensando como hombres y totalmente pasaron por alto la estrategia de Dios. Sin duda, algo de su confusión resultó del hecho de que la ley declaraba que todo el que es colgado de un madero es maldito (Gálatas 3:13). No obstante, en vez de ser maldita, la cruz de Cristo demolió la maldición y resultó ser una bendición. El Señor Jesús, por el gozo puesto delante de él, sufrió la cruz (Hebreos 12:2). De hecho, el Señor Jesús usó la cruz para poner fin a la ley como un medio de alcanzar la justicia (Romanos 10:4). En la cruz “Os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz (Colosenses 2:13- 15). La cruz no destruyó al Señor Jesús, sino destruyó al diablo. ¡Recuerde! Fue por su muerte que el Señor Jesús destruyó al que tiene el imperio de la muerte, esto es, al diablo (Hebreos 2:14).

Como sabemos, el Señor Jesús no sólo insistía que iba a morir en una cruz, sino también demandó que todos sus discípulos llevaran una cruz. Así como la cruz era la clave del poder de Cristo, también era la clave del poder de ellos: “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¡O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mateo 16:24-26). ¡Es provechoso tomar nuestra cruz, porque al hacerlo, no perderemos nuestras vidas, sino las encontraremos!

El mensaje de la cruz es sólo ofensivo a los que no entienden su poder. ¡La cruz no terminó el ministerio del Señor Jesús, sino lo magnificó! De hecho, fue por medio de la cruz que el Señor Jesús fue glorificado. Por favor, considere “Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo: pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará” (Juan 12:23-26). Por medio de su muerte en la cruz, el Señor Jesús aumentó su ministerio y él logró nuevo poder.

La misma verdad hermosa es aplicable a nosotros. El apóstol Pablo es un buen ejemplo del poder de la cruz. Una vez era un líder dinámico entre los judíos. Como judío, aventajaba a muchos de sus contemporáneos y obtuvo credenciales impecables en la fe judía (Gálatas 1:14). A la cumbre de su fama, Pablo dijo que había sido “crucificado con Cristo“ (Gálatas 2:20). Echó sus credenciales judíos en la basura y recibió una nueva vida poderosa del Cristo que mora en nosotros. Como ya hemos dicho, es la vida de Cristo que provee el poder para nuestro éxito. Pablo no sólo “moría cada día” (1 Corintios 15:31), sino también experimentaba el poder de la resurrección del Señor Jesús cada día (Efesios 1:18-23). Tomar su cruz no acabó su ministerio, sino en

realidad comenzó su ministerio. La “muerte” de Pablo en su cruz personal hizo manifiesta la “vida” de Cristo dado que ya no era Pablo que vivía, sino Cristo que vivía en Pablo. El poder de Pablo fue limitado, pero el poder de Cristo no lo es. En Cristo, Pablo podía “hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Efesios 3:20). La doctrina de la cruz no fue ofensivo a Pablo, sino se gloriaba en ella (Gálatas 6:14).

Nosotros también podemos gloriarnos en la cruz del Señor Jesucristo. Por medio de la cruz, podemos despojarnos “del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,” y renovarnos “en el espíritu” de nuestra mente y vestirnos “del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:22-24). Por medio de la cruz, podemos hacer morir nuestra vida vieja y permitir que el Espíritu Santo nos dé una nueva vida que es mejor. Por nuestra fe podemos dejar que el hombre viejo sea crucificado para que el cuerpo de pecado sea destruido y que podamos servir a Cristo con nuevas dimensiones de energía y poder. Podemos humillarnos para que Dios pueda exaltarnos cuando fuere tiempo (1 Pedro 5:6 y 7). Podemos echar toda nuestra ansiedad sobre él, sabiendo que él no nos desamparará ni nos dejará (Hebreos 13:5). Podemos decir con Pablo: “Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” (Gálatas 6:14).

La muerte del viejo hombre y la resurrección a la vida nueva se simboliza hermosamente por el bautismo. “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él” (Romanos 6:3-8).

En el año 1912, el evangelista Jorge Bernard escribió la primera estrofa del amado himno “En el Monte Calvario”. Lo escribió respondiendo a las burlas que había sufrido. En una campaña evangelista en el año 1913 lo cantó con otro hermano. Durante esa campaña, completó todas las estrofas del himno. Cuando fue cantado en una convención grande en la ciudad de Chicago, su fama creció rápidamente por el mundo cristiano. Fue publicado en el año 1915 y llegó a ser un favorito en campañas evangelistas y ha sido cantado por una larga lista de artistas de grabación famosos. Su popularidad extensiva refleja la verdad que transmite.

He aquí el primer versículo y el estribillo:

EN EL MONTE CALVARIO

En el monte Calvario estaba una cruz,

Emblema de afrenta y dolor,

Mas yo amo a Jesús, que murió en la cruz

Por salvar al más vil pecador.

ESTRIBILLO

Gloriaréme sólo en Jesús, En sus triunfos mi gozo será:

Y en el día de eterna salud

Mi corona Jesús me dará.

¡POR FAVOR, NUNCA ESTÉ OFENDIDO POR LA CRUZ, “EMBLEMA DE AFRENTA Y DOLOR”!