EL SENTIR DE CRISTO
EL SENTIR DE CRISTO
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”
(Filipenses 2:5).
Pablo tuvo una relación cercana con la iglesia en Filipos. “Desde el primer día hasta ahora” tuvieron comunión en el evangelio (Filipenses 1:3-5). Por eso, él estaba preocupado por su sentir. Explicó además: “Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades” (Filipenses 4:15 y 16). El hecho de que Pablo estaba en Tesalónica por sólo 3 sábados, muestra su preocupación especial para su bienestar (Hechos 17:2). ¡Obviamente, ellos amaban a Pablo, y obviamente, él los amaba a ellos!
Ahora que Pablo estaba preso en Roma, ellos demostraron una vez más su amor para él, al enviar a Epafrodito para ayudarle en sus necesidades (Filipenses 2:25). Pablo escribió: “Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios” (Filipenses 4:18).
Aparentemente, Epafrodito también le dio a Pablo las noticias tristes de que los miembros de la iglesia estaban discutiendo entre sí. Dos mujeres en particular estaban involucradas en un desacuerdo. Entonces Pablo escribió: “Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor” (Filipenses 4:2). ¡“Rogar” a esas mujeres, muestra la gravedad del problema y lo ansioso que estaba Pablo de tenerlo resuelto! ¡Qué triste que la única vez que se menciona en la Biblia a esas mujeres, es cuando estaban involucradas en un desacuerdo, la una con la otra!
Pablo dio a los filipenses varias razones por qué debían dejar de discutir. Están registradas en el capítulo 2. Se registra cinco de ellas en los dos primeros versículos:
- La consolación en Cristo.
- El consuelo de su amor.
- La comunión del Espíritu.
- El afecto entrañable y la misericordia de Cristo.
- ¡Hacer completo el gozo de Pablo!
- Así que Pablo continuó: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria;
antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:3-5).
- ¡La humildad y el sentir de Cristo son el punto focal de este estudio breve!
Dios odia el orgullo, pero la humildad es una virtud piadosa. Pedro escribió: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo” (1 Pedro 5:6). ¡Esto es precisamente lo que el Señor Jesús hizo! Se humilló y Dios lo exaltó. Note que el Señor Jesús “siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse” (Filipenses 2:6). Entonces, en su humildad, el Señor Jesús tomó 7 pasos hacia abajo. Estos 7 pasos se registran en los versículos 7 y 8:
1. “ Se despojó a sí mismo”
2. “tomando forma de siervo”
3, “hecho semejante a los hombres”
4. “y estando en la condición de hombre” 5. “se humilló a sí mismo”
6. “haciéndose obediente hasta la muerte” 7. “y muerte de cruz”
Ya que el Señor Jesús tomó 7 pasos hacia abajo para humillarse, Dios tomó 7 pasos hacia arriba para exaltarle (versículos 9-11).
1. “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo”
2. “y le dio un nombre que es sobre todo nombre”
3. “para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla”
4. “en los cielos”
5. “en la tierra”
6. “y debajo de la tierra”
7. “y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”
Pablo continuó: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:12 y 13).
Note, por favor, que Dios obra en los creyentes para producir el “querer” y el “hacer”. ¡Primeramente, Dios nos da el “deseo” para hacer su voluntad, y después nos da la “habilidad” para hacer su voluntad!
Entonces Pablo continuó dando este consejo inspirado para todos los creyentes: “Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado” (Filipenses 2:14-16).
LOS APÓSTOLES NECESITABAN EL SENTIR DE CRISTO
Los apóstoles del Señor Jesús habían estado con él por tres años. Él les había enseñado vez tras vez a humillarse para que Dios pudiera exaltarles. Por ejemplo: “Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor. Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos. Y tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos y tomándole en sus brazos, les dijo: El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí recibe, no me recibe a mí sino al que me envió” (Marcos 9:33-37).
O considere a esto: “Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él, y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar. Mas cuando fueres convidado, vé y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba, entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa. Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido” (Lucas 14:8-11).
O esto: “El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (Mateo 23:11 y 12).
O la parábola acerca del fariseo y el publicano que ilustra una vez más que “cualquiera que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido” (Lucas 14:8-14).
No obstante, el día antes de la crucifixión del Señor Jesús, estaban aún discutiendo sobre quién de ellos sería el mayor. Note: “Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor. Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve. Porque ¿cuál es mayor, el que se se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Lucas 22:24-27).
Recuerde, por favor, que “Antes del quebrantamiento es la soberbia” (Proverbios 16:18). Por favor, también recuerde que la soberbia es la causa de cada contienda: “Ciertamente la soberbia concebirá contienda; mas con los avisados está la
sabiduría” (Proverbios 13:10). ¡El hecho de que esos discípulos disputaban, revela que tenían un problema con la soberbía! Como sabemos, ¡esto es un problema serio!
El libro de Juan registra un ejemplo dramático de lo que el Señor Jesús hizo esa tarde para demostrar a sus discípulos la humildad: “Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciño. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido” (Juan 13:2-5).
Las personas inseguras no se atreven a ser humildes. Tienen cuidado de no hacer nada que pueda dañar su imagen. ¡Recuerde! Los discípulos del Señor Jesús estaban discutiendo sobre quién de ellos sería el mayor; ¡así que cada uno quería aparecer importante! Todos sabían que sus pies no habían sido lavados. Todos vieron el lebrillo y la toalla. Pero de todos modos, no iban a lavar los pies, porque esto sería demasiado degradante. ¡Estaban demasiado orgullosos para lavar los pies de otros! ¡Eso fue el trabajo de un siervo! Lavar los pies estaba por debajo de su dignidad. Así que antes de que el Señor Jesús les lavara los pies, Juan explicó:
- “sabiendo Jesus que el Padre le había dado todas las cosas en las
manos”
- “y que había salido de Dios”
- “y a Dios iba”
- El Señor Jesús ya les había explicado: “Mas yo estoy entre vosotros como el
que sirve” (Lucas 22:27).
- Ahora, porque el Señor Jesús estaba absolutamente seguro de su identidad verdadera, demostró su humildad al lavar los pies de los discípulos! Él sabía que Dios lo exaltaría por ser humilde!
- “Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió
a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho?” (Juan 13:12).
- ¡ÉSTA TAMBIÉN ES UNA BUENA PREGUNTA PARA NOSOTROS!
¿ENTENDEMOS LO QUE EL SEÑOR JESÚS HIZO?
- TAL COMO LOS DISCÍPULOS NECESITABAN EL SENTIR DEL SEÑOR JESÚS,
NOSOTROS TAMBIÉN LO NECESITAMOS.
EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO
Otra vez, debemos poner énfasis en la importancia del Espíritu Santo. Aun después de tres años de enseñanzas del mejor maestro de todas las edades, los discípulos no se humillaron, ni estuvieron preparados para evangelizar al mundo! Así que el Señor Jesús les mandó: “que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí” (Hechos 1:4). Además explico: “Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).
- Antes de la venida del Espíritu Santo, por miedo de los judíos, se escondían
detrás de una puerta cerrada (Juan 20:19). Después de la venida del Espíritu Santo, Pedro y Juan, con denuedo, desafiaron a los judíos más poderosos en la tierra y les dijeron: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:19 y 20).
- Antes de la venida del Espíritu Santo, todos los apóstoles dejaron al Señor Jesús y
huyeron (Marcos 14:50 y 51). Después de la venida del Espíritu Santo, los apóstoles se quedaron en Jerusalén, a pesar de la persecución (Hechos 8:1).
- Antes de la venida del Espíritu Santo, estaban discutiendo sobre quién de ellos
sería el mayor (Lucas 22:24). Después de la venida del Espíritu Santo “ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos” (Hechos 4:32 y 33).
- La palabra griega traducida como “poder” en Hechos 1:8 es dunamis. Se
encuentra 120 veces en las Escrituras del Nuevo Testamento y se deriva de ella la palabra española “dinamo”.
- El más grande dinamo hidroeléctrico del mundo está en el río Yangize en China
en la represa de los Tres Cañones. Tiene la capacidad de generar 22,500 megavatios de electricidad. El río fluye 24 horas al día, 365 días al año, y nunca se cansa.
- ¡Esto es precisamente como el poder del Espíritu Santo, ya que el Espíritu Santo
tampoco se cansa! El Señor Jesús dijo: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado” (Juan 7:38 y 39).
- ¡EL ESPÍRITU SANTO ES SEMEJANTE A UN RÍO QUE NUNCA PIERDE SU
PODER!
- ¡AÚN HOY EL ESPÍRITU SANTO PUEDE AYUDAR A LOS CREYENTES A
TENER EL SENTIR DEL SEÑOR JESÚS!
NECESITAMOS CONOCER ESTE PODER
Por favor, considere el consejo inspirado de Pablo a los efesios: “No ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales” (Efesios 1:16-20).
- Dios hizo milagros extraordinarios en Éfeso (Hechos 19:10-12).
- Aparentemente, algunos de los efesios no recordaban esto, entonces Pablo seguía
pidiendo a Dios que alumbrara los ojos de su entendimiento para que supieran las promesas de Dios.
- Hubía tres cosas en particular que Pablo quería que supieran:
- La esperanza a que habían sido llamados.
- Las riquezas de la gloria de su herencia.
- La supereminente grandeza de su poder para nosotros, los creyentes.
- Para el propósito de esta lección, centrémonos en “la supereminente grandeza de
su poder”.
- ¡Recuerde! Nuestro Señor Jesús, en su naturaleza humana, “fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Romanos 1:4).
- Pablo mismo oró que conociera a Cristo y el poder de su resurrección (Filipenses 3:9 y 10).
- Según Pablo, esto es precisamente el mismo poder que está disponible para nosotros: “la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales” (Efesios 1:20).
- CIERTAMENTE NOSOTROS PODEMOS TENER EL MISMO SENTIR DE CRISTO Y PODEMOS RECIBIRLO EN LA MISMA MANERA QUE PABLO LO RECIBIÓ. ÉL ESCRIBIÓ: “CON CRISTO ESTOY JUNTAMENTE CRUCIFICADO, Y YA NO VIVO YO, MAS VIVE CRISTO EN MÍ; Y LO QUE AHORA VIVO EN LA CARNE, LO VIVO EN LA FE DEL HIJO DE DIOS, EL CUAL ME AMÓ Y SE ENTREGÓ A SÍ MISMO POR MÍ” (Gálatas 2:20).
- ¡YA QUE SOMOS UNA NUEVA CREACIÓN, NO VEMOS A NADIE DESDE UN PUNTO DE VISTA MUNDANO, SINO MÁS BIEN, VEMOS A TODOS POR MEDIO DE LOS OJOS DEL SEÑOR JESÚS! (2 Corintios 5:16 y 17).
RECUERDE
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús.”