Boyce Mouton
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EL SEÑOR ESTUVO A MI LADO

Boyce Mouton · 7 pages · 2,726 words

EL SEÑOR ESTUVO A MI LADO

“En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado, y mí dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león. Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” (2 Timoteo 4:16-18).

Pablo estaba en la cárcel. En su primera defensa, nadie le ayudó, sino que todos lo abandonaron. Las Escrituras están llenas de advertencias acerca del peligro de poner nuestra confianza en el hombre.

  • “Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre” (Salmo 118:8).

(Hay 31,102 versículos en la Biblia y este es el versículo central de la Biblia entera,)

  • “Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y

pone carne por su brazo” (Jeremías 17:5).

  • “No creáis en amigo, no confiéis en príncipe” (Miqueas 7:5).
  • “No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en

él salvación” (Salmo 146:3).

  • “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia

prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:5 y 6).

  • “En Dios alabaré su palabra; En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué

puede hacerme el hombre?” (Salmo 56:4).

  • “Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del

nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria” (Salmo 20:7).

  • “He aquí que confías en este báculo de caña frágil, en Egipto, en el

cual si alguien se apoyare, se le entrará por la mano, y la atravesará” (Isaías 36:6).

  • Etc.
  • Todos los hombres abandonaron a Pablo, ¡pero el Señor estuvo a su lado y le dio

fuerzas!

  • ¡Recuerde! “Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no

será avergonzado” (Romanos 10:11).

Cuando Pablo escribió a los romanos, envió saludos personales a 26 hermanos y hermanas en Cristo que él conocía por nombre (véase Romanos 16:1-16). Pablo estaba encarcelado en Roma y cuando fue juzgado, todos esos hombres o no sabían de su juicio o lo abandonaron. ¡Qué triste!

Eso era su segundo encarcelamiento en Roma. La primera vez fue aproximadamente en el año 62 d. de C. En esa ocasión estaba encadenado a un soldado día y noche, pero fue permitido vivir en su propia casa. Lucas afirma: “Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento” (Hechos 28:30 y 31). Durante ese encarcelamiento, Pablo escribió cuatro cartas inspiradas: Efesios, Filipenses, Colosenses, y Filemón. Obviamente había muchos cristianos en Roma y su fe fue conocida en todo el mundo (Romanos 1:8). No obstante, cuando Pablo estaba siendo juzgado, todos sus amigos y los conversos también o no sabían de su juicio o lo abandonaron!

El segundo encarcelamiento de Pablo en Roma tuvo lugar alrededor del año 67 d. de C. Esta vez, según la historia, Pablo estaba en la prisión de mala fama que se llamaba Mamertine y Nero ordenó que fuera decapitado. Poco antes de su muerte, había escrito su segunda carta a Timoteo que fue su última. Aunque el Señor estaba a su lado, Pablo esperaba morir. Explicó a Timoteo “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día, y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:6-8).

En el primer juicio de Pablo, nadie (excepto el Señor Jesús) vino para acompañarle, sino que todos lo abandonaron. Como sabemos, el Señor Jesús es un amigo más unido que un hermano (Proverbios 18:24). ¡El Señor Jesús nunca dejará a los que creen en él!

EL SEÑOR NO LO ABANDONÓ

Pablo escribió a Timoteo que aunque fue abandonado por todos los hombres, “el Señor estuvo al mi lado, y me dio fuerzas”. Dios es fiel y nunca permitió a Pablo que fuera tentado más que podía resistir (1 Corintios 10:13). Todo lo que sucedió a Pablo le ayudó a bien, porque fue llamado conforme al propósito de Dios (Romanos 8:28).

Por favor, considere:

  • Al momento de su conversión, se le advirtió a Pablo acerca de las muchas cosas

que sufriría para el Señor Jesús (Hechos 9:15 y 16). Pero él nunca tuvo que sufrir solo. ¡El Señor Jesús siempre estaba con él!

  • Pablo escribió: “Si es necesario gloriarse, me gloriaré en lo que es mi

debilidad. El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien es

bendito por los siglos, sabe que no miento. En Damasco, el gobernador de la provincia del rey Aretas guardaba la ciudad de los damascenos para prenderme; y fui descolgado del muro en un canasto por una ventana, y escapé de sus manos” (2 Corintios 11:30- 33).

  • Cuando Pablo volvió a Jerusalén, los judíos griegos planearon matarle y cuando

los hermanos se enteraron de esto, lo llevaron a Cesarea y de allí lo enviaron a Tarso (Hechos 9:2-30).

  • Pablo y Bernabé fueron expulsados de Antioquía de Pisidia (Hechos 13:50).
  • En Listra, Pablo fue apedreado y dejado por muerto (Hechos 14:19 y 20).
  • En Filipos, Pablo y Silas fueron azotados en público y encarcelados (Hechos

16:22-40).

  • Pablo y Silas fueron expulsados de Tesalónica (Hechos 17:1-9).
  • Pablo y Silas también fueron expulsados de Berea (Hechos 17:10-15).
  • En Corinto, el Señor habló a Pablo en una visión y dijo: “No temas, sino

habla, y no calles; porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad. Y se detuvo allí un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios” (Hechos 18:9-11).

  • En Éfeso, toda la ciudad estaba muy turbada y se fueron al teatro para tratar de

matar a Pablo (Hechos 19:23-41).

  • En Jerusalén, más de 30 judíos juramentaron que no comerían ni beberían hasta

que hubieran matado a Pablo (Hechos 23:12-15).

  • En camino a Roma como prisionero, la nave fue abatida por una tormenta que la

dejó destruida en la isla de Malta. Dios protegió a los 276 pasajeros de esta nave por causa de Pablo. Pablo testificó a los pasajeros: “Porque esta noche ha estado conmigo el ángel de Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho” (Hechos 27:23-25).

  • Pablo escribió a los corintios: “De los judíos cinco veces he recibido

cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado: tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; y en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y en fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en

frío y desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias” (2 Corintios 11:24- 28).

  • ¡EL SEÑOR NUNCA ABANDONÓ A PABLO Y NUNCA NOS ABANDONARÁ A

NOSOTROS!

  • EL SEÑOR JESÚS PROMETIÓ A SUS APÓSTOLES QUE ESTARÍA CON ELLOS

HASTA EL FIN DEL MUNDO (Mateo 28:18-20).

  • ¡UN HIJO DE DIOS ES INDESTRUCTIBLE HASTA QUE HAYA COMPLETADO

LA CARRERA Y TERMINADO LA TAREA QUE DIOS LE HA DADO!

EL MANDAMIENTO Y LA PROMESA

El mandamiento principal que Cristo dio fue “sígueme”. La palabra griega es akoloutheo. En su libro “El Estudio de Palabras”, el Sr. W. E. Vine afirma: Se usa esta palabra 77 veces en los Evangelios con respecto a seguir a Cristo y una vez con otro sentido en Marcos 14:13.

Por tres años, aquellos hombres fieles siguieron a Cristo. Una vez Pedro dijo al Señor Jesús: “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido. Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y el evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna. Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros” (Marcos 10:28-31).

No obstante, la noche antes de ser crucificado, el Señor Jesús dijo: A “Donde yo voy, no me puedes seguir ahora; más me seguirás después. Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti. Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces” (Juan 13:36-38).

Entonces el Señor Jesús hizo una promesa: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (Juan 14:18.20). “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado” (Juan 16:7-11).

Pero, cuando regrese el Señor Jesús para estar con ellos, ya no estará “fuera” de ellos como había estado durante los últimos tres años, sino cuando regrese, él y el Padre estarán “dentro” de ellos. “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi

palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:23). La palabra traducida como “morada” en este versículo es mone. Esta es la misma palabra que se usa en Juan 14:2 cuando el Señor Jesús dijo: “en la casa de mi Padre muchas moradas hay”. Estas son las únicas veces que se usa la palabra mone en la Biblia. ¡Qué hermoso! El Señor Jesús proveerá una mone para nosotros en el cielo, y tendremos una mone en nuestros corazones para él.

El Señor Jesús prometió estar con nosotros “todos los días” hasta el fin del mundo. “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:18-20).

¡ESTA PROMESA MARAVILLOSA ES PARA TODOS LOS CREYENTES!

DIOS NO NOS DESAMPARÁ NI NOS DEJARÁ

Los hermanos judíos de Judea necesitaban ser alentados. No sólo habían sufrido persecución, sino también sufrían de una hambruna tan severa que los hermanos de varias naciones les enviaron dinero para ayudarles a sobrevivir (1 Corintios 16:1; 2 Corintios capítulos 8 y 9, etc.).

Otro problema fue la destrucción del templo judío por el general romano Tito. El Señor Jesús había predicho que el templo sería completamente destruido y que ni quedaría una piedra sobre piedra (Mateo 24:1 y 2). El asolamiento de Jerusalén comenzó en el año 66 d. de C. y continuó por cuatro años hasta que fue totalmente conquistada en el año 70.

Alrededor del año 63 d. de C., Dios inspiró a alguien desconocido que escribiera una carta a los hebreos para alentarlos que fueran fieles, dado que aquel día se acercaba: “No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:25). Esta carta a los hebreos está llena de advertencias acerca de no abandonar su fe en Cristo. Por ejemplo: “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio” (Hebreos 3:12-14).

Al final de esta carta, fue dada a esos hermanos desanimados una de las más preciosas promesas de la Biblia: “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13:5).

Los cristianos hebreos a quienes esta carta fue escrita, necesitaban la certeza de que el Señor Jesús estaba cumpliendo su promesa. Como ya hemos dicho, ellos habían

sido expulsados de Jerusalén y también devastados por una hambruna. Saulo de Tarso era uno de los principales perseguidores de ellos, y confesó: “lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto. Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras” (Hechos 26:10 y 11). El autor de Hebreos fue inspirado por Dios confirmar a aquellos cristianos hebreos la certeza para que el Señor Jesús iba a cumplir su promesa. Él hizo clara esta certeza, empleando una abundancia de palabras griegas.

La palabra griega traducida como “no” en Hebreos 13:5, en realidad se compone de dos palabras griegas: ou y un. Juntos, estas dos palabras forman un doble negativo, ya que las dos significan “no”. Esta es la manera más enfática del idioma griego para decir “nunca”. Cuando el lector hispano ve una promesa en la palabra “no”, el texto griego en realidad contiene dos promesas. Entonces cuando las Escrituras prometen que “no” nos desampara “ni” nos dejará, esa promesa en realidad se repite cuatro veces.

Pero hay otro negativo en este versículo corto. La palabra oud también es una palabra negativa, y es traducida en la versión de la Biblia Reina-Valera como “ni”, Esto hace cinco negativos unidos en solamente nueve palabras griegas. En otras palabras, ̲Dios nunca, nunca, nunca, nunca, nunca, nos desamparara ni nos dejará. ¡Sí! ¡Dios es veraz aunque todos los hombres sean mentirosos! (Romanos 3:4).

Dios sabe cómo fuimos formados y se acuerda que somos polvo (Salmo 103:14). Entonces cuando Dios quería que Abraham tuviera confianza en su promesa, la confirmó con un juramento. Ya que no había ningún otro mayor, Dios juró por sí mismo (Hebreos 6:13-20). ¡Abraham fue convencido! Hebreos fue escrito para los cristianos hebreos. Ya sabían que el Señor Jesús era el Cristo y que Dios había cumplido su promesa a Abraham. Entonces en este texto, Dios da a esos creyentes preciosos una promesa similar a la que dio a Abraham y ¡promete que nunca, nunca, nunca, nunca, nunca los desamparará o los dejará!

Entonces: “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13:5).

DIOS NO NOS DEJARÁ EN LA HORA DE NECESIDAD

Tal como el Señor Jesús estaba al lado de Pablo en su hora de necesidad, también estará a nuestro lado en nuestra hora de necesidad. Aunque andemos por la valle de sombra de muerte, no tendríamos temor, porque el Señor Jesús estará al lado de nosotros y su vara y su cayado nos infundirán aliento (Salmo 23:4). Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones (Salmo 46:1).

LA PREGUNTA ES: ¿LO ABANDONAREMOS A ÉL?