Boyce Mouton
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EL PADRE NO CAMBIA

Boyce Mouton · 10 pages · 3,528 words

EL PADRE NO CAMBIA

“Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” (Santiago 1:16-18).

Santiago escribió acerca de asuntos de significado eterno. Entre otras cosas, ¡nuestro Padre celestial nos hizo nacer! Por lo tanto, somos designados como “primicias de sus criaturas”. ¡Por eso se nos advierte: “no erréis”! Satanás es un engañador astuto y no debemos ignorar sus maquinaciones (2 Corintios 2:11). Vivimos en un mundo de cambio. Las sombras cambian, el clima cambia, los gobiernos cambian, el valor del dinero cambia, el sentido de palabras cambia, la moralidad de la sociedad cambia, pero DIOS NO CAMBIA. El salmista sabía esto y dijo a Dios: “Desde el principio tu fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permanecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán; como un vestido los mudarás, y serán mudados; pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán” (Salmo 102:25-27).

La naturaleza incambiable de Dios es fundamental. ¡Dios es constante! Él es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos (Hebreos 13:8).

  • Por lo tanto, Dios es un estándar fiable para cada generación.

Él ama al mundo y dio a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda (Juan 3:16).

  • ¡Él quiere dar vida eterna a todos los que creen!

Eligio hacer esto al ofrecernos un “nuevo nacimiento” por medio de la “palabra de verdad”.

Su palabra es una simiente espiritual que vive y permanece para siempre (1 Pedro 1:23).

  • Esto nos hace “nacer de nuevo”.
  • Nuestro “nuevo nacimiento” nos hace “primicias de sus criaturas” .
  • Dado que somos las “primicias”, servimos como ejemplos para otros.

La salvación gloriosa que experimentamos es parte de una estrategia eterna. Fue planeado por Dios antes de la fundación del mundo (Efesios 3:7-11).

  • Dios nunca cambia y tampoco cambia su plan eterno.

“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad” (1 Timoteo 3:16).

Pero igualmente significativo con respecto a nuestro nuevo nacimiento es el hecho de que Dios es nuestro Padre. Cuando los discípulos pidieron al Señor Jesús que les enseñara cómo orar, dijo que deberían orar a Dios cómo su “Padre” (Lucas 11:1-4). Esto era un concepto radical para los judíos. Ellos nunca jamás pensaron que Dios era su Padre personal. La palabra hebrea para “padre” es ab. Se encuentra en las Escrituras del Antiguo Testamento 1195 veces. Solamente se usa 15 veces en un sentido religioso. En los pasajes que se refieren a Dios como Padre, nunca fue usada en un sentido personal. Los hebreos vieron a Dios como el Padre de la nación (Deuteronomio 32:6), pero no como su Dios personal. Vieron a Dios como el Padre del rey, pero nunca como su propio Padre personal (1 Crónicas 17:13). Por lo tanto, fue impactante cuando el Señor Jesús enseñó a sus discípulos a orar a Dios como “Padre nuestro”. No obstante, el Señor Jesús dijo aun más. También se refirió a Dios como “Abba” o “Papá” (Marcos 14:36). En toda la literatura hebrea, los eruditos han descubierto solamente una referencia a Dios como “Abba”. Esa sola referencia oscura se encuentra en la Talmud de Babilonia del primer siglo antes de Cristo. Esa única referencia se refiere a un grupo de niños de la escuela que se supone que oraron: “Querido Abba, danos lluvias”.

El judío devoto tenía miedo de Dios y no se atrevería a llamarlo “Padre”. De hecho, no se acercarían a él. Como Ud. sabe, el monte Sinaí tenía límites para que nadie pudiera acercarse a Dios. Cualquier persona que cruzara los límites moriría (Éxodo 19:12 y 13). Los diez mandamientos, escritos en tablas de piedra por Dios, traían la muerte (2 Corintios 3:7). De hecho, 3000 personas murieron en el día que los diez mandamientos fueron dados (Éxodo 32:28). Así que cuando Dios les advirtió que no tomaran su nombre en vano, los judíos estuvieron tan asustados que nunca intentarían pronunciar el nombre de Dios (Éxodo 20:7).

Como Ud. sabe, ¡el Señor Jesús cambió todo eso! Ya tenemos acceso ilimitado a nuestro Padre. Ahora todos podemos llegar a ser hijos de Dios por medio de la fe en Cristo Jesús (Gálatas 3:26). No solo eso, por medio de la sangre del Señor Jesús, ya no estamos lejos, sino entramos con confianza a su santa presencia. Como sus hijos amorosos, lo respetamos y lo adoramos, pero ya no tenemos miedo de él. Por lo tanto, podemos llamarle “Abba, Padre” (Hebreos 10:19; Romanos 8:15). ¡Ya no somos esclavos, sino somos hijos!

El Señor Jesús señaló que no tenemos miedo de nuestros padres terrenales. Si pedimos de nuestro padre terrenal un pescado, no nos dará una serpiente. Si le pedimos un huevo, no nos dará un escorpión. Por supuesto, nuestro Padre celestial es mucho más amoroso que cualquier padre terrenal podría ser (Lucas 11:11-13). Mientras los

judíos se quedaron lejos y ni trataron de pronunciar el nombre de Dios, nosotros los cristianos vamos con denuedo a la presencia de Dios y lo llamamos “Abba, Padre”.

UNA CONTRADICCIÓN APARENTE

Con estos principios en mente, volvamos al libro de Santiago para considerar lo que parece a primera vista una contradicción.

  • En Santiago 1:2 se nos dice: “Hermanos míos, tened por sumo gozo

cuando os halléis en diversas pruebas” (Santiago 1:2). Estos “diversas pruebas” no nos hacen daño. De hecho, nos ayudan a desarrollar perseverancia y madurez. Por eso, podemos enfrentarlas con “sumo gozo”.

  • No obstante, se nos advierte en Santiago 1:14 que otras “pruebas” son dañinas.

En esas pruebas malas “cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.”

La misma palabra griega peirazo se usa en el versículo 2 y también en los versículos 13 y 14 para describir los dos tipos de pruebas. Por eso, algunos han asumido erróneamente que hay una contradicción en la Biblia. ¡No la hay! La Biblia no se contradice. ¡LA DIFERENCIA ENTRE ESTAS PRUEBAS INVOLUCRA SU ORIGEN! ¡LO BUENO VIENE DE DIOS! ¡LO MALO NO!

  • En la primera instancia las pruebas son buenas y producen madurez.
  • En la segunda instancia las pruebas provienen de la concupiscencia y da a luz la

muerte.

  • ¡No hay ninguna contradicción aquí! La maldad no viene de Dios. ¡Solamente

buenas dádivas provienen de Dios!

Tal como los padres terrenales enseñan a sus hijos a que sean maduros, nuestro Padre celestial también enseña a sus hijos a que sean maduros. A veces, permite pruebas para ayudarnos a madurar. Tal como los padres terrenales protegen a sus hijos de lo peligroso, nuestro Padre celestial también protege a sus hijos de lo peligroso! ¡Así que es sencillo! ¡Las pruebas buenas son autorizadas por Dios y las pruebas malas no!

En la primera instancia, las pruebas son buenas y provienen de Dios, y en la segunda instancia, son malas y provienen de un corazón malvado.

¡Entender la naturaleza de nuestro Padre celestial nos ayuda a distinguir entre los dos! ¡Mientras nuestro entendimiento puede cambiar, Dios nunca cambia! Repetimos, ¡sólo las dádivas buenas provienen de Dios!

Para explicar esta contradicción aparente, Santiago advierte “no erréis”. Entonces nos recuerda que “toda” buena dádiva proviene de nuestro Padre celestial. ¡Nada malvado proviene de Dios! ¡Podemos confiar en esto porque Dios nunca cambia! Si nuestro Padre celestial permite algo, es bueno y está diseñado para ayudarnos. No obstante, ¡cuando tenemos una idea malvada, no proviene de Dios! Ideas malvadas tienen su origen en el diablo porque él es la fuente de todo lo que es malo (Juan 8:44). Como ya hemos dicho, el hecho de que Dios no cambia, hace fácil discernir cuál es cuál. Lo bueno proviene de Dios y lo malo proviene del diablo. Toda cosa buena siempre proviene de Dios. Toda cosa mala siempre proviene del diablo.

En Malaquías 3:6 hay una declaración similar para convencer al pueblo de Israel que nunca sería abandonado: “Yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos”.

SUMO GOZO

Santiago dijo: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas” (Santiago 1:2). Como un alumno al avanzar de un año al próximo, superando problemas que Dios permite es una ocasión para celebrar.

Pero, como ya hemos enfatizado, “¡no erréis!” ¡Nuestro Padre celestial está con nosotros! ¡Él quiere ayudarnos! ¡Él nunca hará nada que pueda dañarnos o destruirnos! Por eso, cuando una persona es tentada a pecar, no puede echar la culpa a Dios. Dios nunca nos tentará a hacer nada que sea malvado. Entonces “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni tienta a nadie; sino que cada uno es

tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraido y seducido” (Santiago 1:13 y 14). Si enfrentamos un problema demasiado grande para nosotros, siempre podemos pedir a Dios sabiduría y él ha prometido darla abundantemente a todos y sin reproche (Santiago 1:5-8).

¡Sí! A veces Dios nos disciplina. ¡Cada padre amoroso hace esto! De hecho, el que no está disciplinado está siendo tratado como un hijo ilegítimo. El Señor al que ama disciplina y azota a todo el que recibe por hijo (Hebreos 12:5-11). La disciplina de un padre amoroso no es mala. Sí bien, la disciplina no es agradable en el momento de aplicarla, siempre tiene un beneficio agradable. Por eso, podemos mirar atrás y estar gozoso que un poco de dolor durante la niñez nos salvó de mucho dolor más tarde.

¡Sí! A veces Dios también nos permite sufrir. Por supuesto, este sufrimiento se permite solamente si nos ayudará. Por eso “Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:2-5).

Esta promesa en Romanos es similar a la promesa en Santiago 1:2-4: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”. Como siempre, nuestro Padre celestial sólo permite lo que nos ayudará.

Como Ud. sabe, Pablo sufrió mucho en su propia vida. Constantemente soportó penurias y persecución. (2 Corintios 11:23-29). También, tuvo un aguijón tormentoso en su carne. Aunque eso fue un “mensajero de Satanás”, Dios no lo quitaría. Lo permitió para que Pablo no se enaltezca. Dios había dado a Pablo tantas revelaciones grandiosas que había el peligro de que fuera vencido por el orgullo. Así que Dios permitió ese “aguijón en la carne” y aunque dolía físicamente, le ayudó espiritualmente. Ese aguijón ayudó a Pablo a descubrir que el poder de Cristo se perfecciona en la debilidad. Por eso, Pablo escribió “Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias,

porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10). Y otra vez: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:17 y 18).

Dios siempre cuidadosamente sigue de cerca nuestras pruebas para que nunca somos tentados más de lo que podamos resistir. Note: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir; sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13). Este principio se ilustra hermosamente en la vida de Job. Dios sabía que Job era capaz de sufrir y cuidadosamente refrenó al diablo de ir más allá de sus límites. Así que la historia de Job tiene una conclusión gozosa (Job 42:12-17).

¡Cuando somos fieles a Dios, nuestra historia también puede tener una conclusión gozosa!

“Bienaventurado el varón que soporta la tentación, porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” (Santiago 1:12).

DE DENTRO

Aunque hemos mencionado esto antes, vale la pena repetirlo. “Cuando uno es tentado, no diga que es tentado por parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado siendo consumado, da a luz la muerte. Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” (Santiago 1:13-18).

Primero, note que Dios no puede ser tentado por el mal. Dios no sólo es “bueno”, sino es la fuente de todo lo que es “bueno”. Dios es como la luz y el diablo es como la oscuridad. Tal como el sol no puede ser acusado de oscuridad, Dios no puede ser acusado del mal. C. S. Lewis dijo: “Creo en el cristianismo tal como creo que el sol ha salido; no sólo porque lo veo, sino porque por él veo todo lo demás”. El Sr. Lewis también dijo: “Un hombre no puede disminuir la gloria de Dios negándose a adorarlo, tal como un lunático no puede apagar el sol escribiendo la palabra “oscuridad” en la pared de su celda”.

Santiago dijo que las tentaciones malas proceden de los propios malos deseos del hombre. El Señor Jesús dijo lo mismo: “¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar, porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos. Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (Marcos 7:18-23).

Por lo tanto, la solución para el cristiano es muy sencilla. Tenemos que “nacer de nuevo” (Juan 3:3-5). Cuando “nacemos de nuevo” llegamos a ser “nuevas criaturas” y por lo tanto, tenemos “nuevos corazones” (2 Corintios 5:17). Dado que somos un tipo de “primicias”, otras personas pueden compartir la misma transformación que han visto en nosotros.

Ezequiel predijo este “corazón nuevo” siglos antes de que sucedió. Escribió esta promesa de Dios: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:26 y 27).

Entonces cuando “recibimos” al Señor Jesús, tenemos potestad de ser hechos “hijos de Dios”. (Juan 1:12). El que recibe a Satanás, llega a ser “hijo del diablo” (Juan 8:44). ¡Los “deseos carnales” vienen de Satanás! Como Ud. sabe, Judas no traicionó al Señor Jesús solo. Las Escrituras enseñan que “entró Satanás en Judas.” Fue

después que Satanás entró en Judas que él fue a los principales sacerdotes y los jefes de la guardia para traicionar al Señor Jesús (Lucas 22:3 y 4).

El Señor Jesús es nuestro ejemplo. Él entiende exactamente lo que estamos experimentando: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15). ¡Note que el Señor Jesús fue tentado “en todo” lo que nosotros somos tentados, pero sin pecar! ¡Cada tentación que nosotros experimentamos fue también experimentado por el Señor Jesús!

Después de bautizarse “el Espíritu le impulsó al desierto. Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían” (Marcos 1:12 y 13). Note que el Espíritu envió al Señor Jesús al desierto para ser tentado. ¡Obviamente, Dios observaba cuidadosamente esas tentaciones!

Por favor, considere nuevamente que el Señor Jesús fue “tentado en todo según nuestra semejanza”. Si bien hay un número infinito de tentaciones, se puede ponerlas en tres categorías.

  • El pecado original en el huerto de Edén involucraba un árbol que era (1) bueno

para comer; (2) agradable a los ojos; (3) codiciable para alcanzar la sabiduría (Génesis 3:6).

  • Juan escribió que “todo lo que hay en el mundo” puede ser clasificado en las

mismas tres categorías: (1) los deseos de la carne; (2) los deseos de los ojos; y (3) la vanagloria de la vida (1 Juan 2:16).

  • El Señor Jesús soportó tentaciones involucrando estas mismas tres categorías: (1)

los deseos de la carne – el diablo lo desafió a convertir piedras en pan; (2) los deseos de los ojos – el diablo le mostró los reinos del mundo; (3) la vanagloria de la vida – el diablo lo tentó a obtener la fama instantánea al echarse del pináculo del templo (Mateo 4:1-11).

  • ¡EL SEÑOR JESÚS NO SE RINDIÓ A NINGUNA DE ESAS TENTACIONES!
  • Primero, no había ningún mal en el corazón del Señor Jesús. ¡No quería hacer nada en contra de la voluntad de Dios!
  • Segundo, el Señor Jesús rechazó cada tentación al citar una Escritura. Las armas de nuestra guerra no son carnales (2 Corintios 10:4). Las Escrituras son semejante a una espada espiritual con la cual podemos vencer al enemigo espiritual.
  • Por favor, recuerde también que Dios envió a unos ángeles para atender al Señor Jesús.
  • ¡Sí! ¡El Señor Jesús fue tentado en todo tal como nosotros somos tentados, pero sin pecar!
  • ¡ESTO SIGNIFICA QUE NOSOTROS TAMBIÉN PODEMOS TRIUNFAR SOBRE

LA TENTACIÓN TAL COMO LO HIZO EL SEÑOR JESÚS!

  • Cristo nos dejó un ejemplo para seguir en sus pasos (1 Pedro 2:21).
  • Podemos llegar a ser nuevas criaturas con nuevos corazones que son limpios. Recuerde: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8).
  • Nosotros también podemos estudiar la Biblia y usarla como un arma espiritual para vencer al diablo. Podemos también defendernos al tomar toda la armadura de Dios (Efesios 6:13-18). Cuando resistimos al diablo, huirá de nosotros (Santiago 4:7).
  • Nosotros también tenemos ángeles para ayudarnos en nuestras debilidades. “No son todos (los ángeles) espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?” (Hebreos 1:14).

EL HIJO PRÓDIGO FUE RECIBIDO POR SU PADRE

La parábola del hijo pródigo sea quizás la parábola mejor conocida y más amada de la Biblia (Lucas 15:11-32). Da la historia de un hijo que se fue a un país lejano y derrochó los bienes de su padre viviendo una vida desenfrenada. Cuando recuperó su buen juicio, regresó a su hogar. Cuando estaba aún lejos, su padre lo vio y tuvo compasión de él y corrió a recibirle. Este es el único lugar en la Biblia donde se le representa a Dios “corriendo”.

¡Los pecados de ese hijo arrepentido fueron perdonados inmediatamente y él fue restaurado a un lugar de honor en su familia! Como Santiago nos recuerda, es reconfortante saber que Dios es un Padre amoroso que es la fuente de cada dádiva

buena y perfecta. ¡Es reconfortante saber que nunca cambia! ¡No importa lo que hayamos hecho, nuestro Padre celestial correrá a encontrarnos y darnos la bienvenida a nuestro hogar cuando verdaderamente nos arrepentimos!

POR SI ACASO, ¡EL SEÑOR JESÚS ES NUESTRO ABOGADO PARA CON EL PADRE! “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (Santiago 2:1 y 2).

Entonces ¡no sea engañado y no se preocupe! Pablo nos aseguró: “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6).

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(Este estudio fue escrito por Boyce Mouton. ¡Los derechos no son reservados! Se puede reproducir todo o partes para la honra y gloria de Cristo y el avance de su reino.)