Boyce Mouton
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EL PADECIMIENTO

Boyce Mouton · 7 pages · 2,769 words

EL PADECIMIENTO

“Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría” (1 Pedro 4:12 y 13).

Pedro escribió esta carta inspirada a sus “amados” que eran cristianos. Eso es, a los “elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo” (1 Pedro 1:1 y 2).

Así que, amado amigo, si Ud. es cristiano, no se sorprenda si está pasando por una prueba dolorosa, sino más bien regocíjese de estar participando en los padecimientos de Cristo.

Mientras nuestro padecimiento presente no es agradable, nos causará estar muy feliz cuando el Señor Jesús venga en su gloria.

Como sabemos, en Cristo podemos regocijarnos en nuestros padecimientos (Romanos 5:1-5).

¡Recuerde! “Si sufrimos, también reinaremos con él” (2 Timoteo 2:12).

LA VERDAD ACERCA DEL PADECIMIENTO EN 1 PEDRO

Pedro dijo muchas cosas verdaderas acerca del padecimiento en esta carta. He aquí algunas:

  • En esa época, los creyentes estaban “padeciendo” aflicciones y diversas pruebas (1

Pedro 1:6).

  • Su fe estaba siendo probada por ese “padecimiento” como se prueba el oro con

fuego (1 Pedro 1:7).

  • Somos redimidos por la sangre preciosa del Señor Jesús, y el “padecimiento” de

Cristo fue destinado desde antes de la fundación del mundo (1 Pedro 1:18-20).

  • Si hacemos lo malo y “padecemos”, lo merecemos, pero si “padecemos” por hacer

lo bueno y lo soportamos, esto es aprobado delante de Dios (1 Pedro 2:20).

  • El Señor Jesús nos dejó un ejemplo porque “padeció” por hacer lo bueno.

¡Recuerde! Por su herida fuimos sanados (1 Pedro 2:24).

  • Si “padecemos” por causa de la justicia, bienaventurados somos. No tema lo que

ellos digan ni tenga miedo (1 Pedro 3:14).

  • Ya que Cristo “padeció” en la carne, debemos armarnos con el mismo

pensamiento porque nuestro "padecimiento” nos ayuda a terminar con el pecado (1 Pedro 4:1).

  • “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha

sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría” (1 Pedro 4:12 y 13).

  • Nadie debe “padecer” como homicida, ladrón, malhechor, o aun por entremeterse

en lo ajeno. No obstante, si “padecemos” como cristianos, no debemos avergonzarnos, sino que glorifiquemos a Dios por ello (1 Pedro 4:15 y 16).

  • “De modo que los que padecen según la voluntad de Dios,

encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien” (1 Pedro 1:19).

  • Después de haber “padecido” por un poco de tiempo, Dios nos perfeccionará,

afirmará, fortalecerá, y establecerá (1 Pedro 5:10).

  • Como se ve, ¡el apóstol Pedro tenía mucho que decir sobre el “padecimiento”!

EN UNA OCASIÓN, PEDRO SE OPUSO AL PADECIMIENTO

  • Seguramente Ud. recuerda esta historia. Seis meses antes de su crucifixión, el

Señor Jesús se fue a Cesarea de Filipo y preguntó a sus discípulos quién pensaban que era él, Después de nombrar algunas personas, Pedro dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16).

  • Después de que la identidad del Señor Jesús fue firmemente establecida, “Desde

entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día” (Mateo 16:21).

  • “Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle,

diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca” (Mateo 16:22).

  • “Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí

Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (Mateo 16:23).

  • ¡Es obvio que Pedro no quería que el Señor Jesús padeciera! También es obvio

que Pedro estaba equivocado! ¡Estaba pensando como Satanás!

  • Para mostrar que el padecimiento de Cristo estaba en armonía con la ley y los

profetas, el Señor Jesús llevó a Pedro, a Juan, y a Jacobo al monte a orar. En ese monte el Señor Jesús habló con Moisés y Elías acerca de su partida que sucedería

en Jerusalén (Lucas 9:31). ¡Moisés y Elías sabían que el Señor Jesús tendría que padecer!

  • Ya que los apóstoles estaban pensando en un reino como el de David, fue difícil

para ellos entender que el Cristo tendría que padecer, ¡pero aún no estaban convencidos!

  • Cuando el Señor Jesús descendió del monte, dijo a sus discípulos otra vez: “El

Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y lo matarán; pero después de muerto, resucitará al tercer día. Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle” (Marcos 9:31 y 32).

  • En el camino a Jerusalén, el Señor Jesús dijo otra vez a sus discípulos: “He aquí

subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará. Pero ellos nada comprendieron de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se les decía” (Lucas 18:31-34).

  • Después de hacer su entrada triunfal a Jerusalén, el Señor Jesús dijo otra vez:

“Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará” (Juan 12:23-26).

  • El Señor Jesús continuó: “Ahora está turbada mi alma; y ¿qué diré?

¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez. Y la multitud que estaba allí, y había oído la voz, decía que había sido un trueno. Otros decían: Un ángel le ha hablado. Respondió Jesús y dijo: No ha venido esta voz por causa mía, sino por causa de vosotros. Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir” (Juan 12:27-33).

  • Aun en el huerto de Getsemaní, Pedro trataba a evitar el padecimiento del Señor

Jesús. Sacó su espada y cortó la oreja de Malco, el siervo del sumo sacerdote. Por supuesto, el Señor Jesús lo reprendió a Pedro por lo que hizo. (Juan 18:10 y 11). El Señor Jesús pudiera haber llamado a doce legiones de ángeles para rescatarlo, pero ¿cómo entonces se cumplirían las Escrituras? (Mateo 26:52-54).

  • Aun después de su resurrección, el Señor Jesús reprendió a dos otros discípulos

en el camino a Emaús por no entender que él tenía que padecer. Les dijo: “¡O

insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lucas 24:25-27).

PEDRO NECESITABA CAMBIAR SU FORMA DE PENSAR

  • ¡Pedro estaba equivocado con respecto al padecimiento y necesitaba cambiar su

forma de pensar!

  • Justo antes de su arresto, el Señor Jesús dijo a Pedro: “Simón, Simón, he aquí

Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:31 y 32).

  • Cuando Pedro “volvió”, sí, confirmó a sus hermanos. Enseñando la verdad acerca del padecimiento fue una manera de confirmar a sus hermanos.
  • Note que en este pasaje, el Señor Jesús se refirió a Pedro por su nombre anterior “Simón”. Aun usó su nombre dos veces para énfasis. ¡Recuerde! Cuando el Señor Jesús conoció a “Simón”, le dio el nuevo nombre “Cefas”. El nombre Simón quiere decir “oír” pero el nombre Cefas quiere decir “Pedro” (de la palabra piedra en arameo y en griego) (Juan 1:42).
  • Cuando Dios da un nuevo nombre, significa un cambio. Por ejemplo, Abram significa “padre exaltado” pero Abraham significa “padre de multitudes”. Así que “Abram”, sin hijos, iba a cambiar y llegar a ser “Abraham” el padre de multitudes.
  • El Simón anterior era vacilante e impredecible. ¡Necesitaba cambiar! Constantemente, decía y hacía algo equivocado. Aun en la noche antes de la crucifixión de Cristo, Pedro preguntó: “Señor, por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti” (Juan 13:37).
  • Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces” (Juan 13:38).
  • Obviamente, Pedro era demasiado vacilante e impredecible para guiar a los apóstoles en ese tiempo. Por eso necesitaba “volver”. Cuando el Espíritu Santo llegó, sí, Pedro cambió. Finalmente, fue transformado a la roca confiable que Dios quería que sea.
  • Las Escrituras enseñan que somos “transformados” por medio de la renovación

de nuestro entendimiento (Romanos 12:2).

  • La palabra “transformar” es metamorphosis . Se refiere al cambio radical de una

oruga para llegar a ser una mariposa.

  • Eso es precisamente lo que sucedió con Simón. Cambió de ser un “oyente”

vacilante a una “roca” de confianza que rehusó ser intimidado.

  • Antes Pedro había negado a Cristo tres veces, pero ahora con denuedo dijo al

Sanedrín: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29).

  • Cuando fueron azotados por predicar a Cristo, Pedro y los otros apóstoles

“salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido dignos de padecer afrenta por causa del Nombre” (Hechos 5:41).

  • Pedro cambió de no querer ver a Cristo padecer, a proclamar: “Fuisteis

rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros” (1 Pedro 1:18-20).

PEDRO CONFESÓ A CRISTO JUNTO AL MAR DE TIBERIAS

(Juan 21:1-23)

  • Pedro había negado a Cristo tres veces al lado de un fuego y ahora iba a confesar

a Cristo tres veces al lado de un fuego.

  • Pedro tenía una familia que mantener y decidió ir a pescar. Seis otros discípulos

lo acompañaron.

  • Otra vez, pescaron toda la noche sin sacar nada.
  • El Señor Jesús resucitado les llamó desde la orilla y dijo: “Echad la red a la

derecha de la barca, y hallaréis”. (Esta fue la tercera vez que el Señor Jesús se les había aparecido después de haber sido levantado de entre los muertos.)

  • “Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de

peces.”

  • Cuando se dieron cuenta que era el Señor, Pedro se echó al mar y nadó hasta la

orilla. Estaban alrededor de 90 metros de la orilla.

  • Pescaron 153 peces grandes, pero no se rompió la red. Obviamente, esto les

ayudó pagar sus deudas.

  • El Señor Jesús había preparado un fuego y un desayuno de pescado y pan. Los

discípulos también trajeron algunos de los peces que recién habían sacado.

  • Como ya hemos dicho, Pedro negó a Cristo tres veces al lado de un fuego y ahora

iba a confesar a Cristo tres veces al lado de un fuego.

  • #1. Después de desayunar, el Señor Jesús dijo a Pedro: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos?” Mientras los eruditos tienen

opiniones diferentes acerca de esta pregunta, a mí me parece que se refiere a su barca, a sus redes, y a su negocio. En otras palabras, ¿amaba Pedro al Señor Jesús más que amaba a su familia y a su negoció? Respondió Pedro: ”Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos”.

  • #2. “Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tu sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.”
  • Antes de tratar de la tercera confesión de Pedro, es importante señalar que hay

palabras distintas para “amor” en el idioma griego. En las dos primeras preguntas para Pedro, el Señor Jesús usó una forma de agapao para preguntar a Pedro si él le amaba. Esta palabra se refiere al amor cristiano. Respondiendo a las dos primeras preguntas, Pedro contestó que amaba al Señor Jesús, pero usó la palabra phileo. Esta palabra sólo significa “gustar” a alguien. Pedro confesó que solamente amaba al Señor Jesús “como a un amigo”. Las Escrituras nos mandan que amemos a Dios con agapao pero nunca con phileo. Es esencial “gustar” al Señor Jesús. El que no “le gusta” al Señor Jesús, sea anatema (1 Corintios 16:22). No obstante, “gustar al Señor Jesús” proviene naturalmente de una naturaleza piadosa y no es un mandato.

  • #3. “Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?” Esta vez

el Señor Jesús usó la palabra phileo que es la misma palabra que Pedro usó. En otras palabras, esta vez el Señor Jesús estaba preguntando a Pedro si aun le gustaba a él como a un amigo. “Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas”.

  • Note que en la pregunta
  • 1, el Señor Jesús mandó a Pedro “apacienta mis
  • corderos” y en las preguntas
  • 2 y
  • 3 le mandó apacentar sus “ovejas”.

Fue después de esas tres confesiones que el Señor Jesús advirtió a Pedro que sufriría y moriría como un mártir. El Señor Jesús dijo: “De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios”.

Aparentemente; Pedro estaba turbado por las preguntas intensas. Volvió y vio “el discípulo a quien amaba Jesús” y dijo: “¿Y qué de éste? La respuesta de nuestro Señor a Pedro provee una lección para todos nosotros. El Señor Jesús dijo: “Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? SÍGUEME TÚ”.

El asunto es que cada uno de nosotros debemos hacer lo que Cristo quiere que hagamos sin compararnos con otros. Algunos siervos reciben 5 talentos y algunos 2 talentos y algunos solamente un talento. Estos talentos son dados por Dios, basados en la habilidad de cada individuo. Cuando venga el Señor Jesús, nos juzgará como individuos basado en lo que hemos hecho con los talentos que nos ha dado.

PADECEREMOS SOLAMENTE UN POCO DE TIEMPO

Pedro escribió: “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos” (1 Pedro 5:10 y 11).

Pablo escribió: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en vosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18).

El mártir Jaime Elliot escribió: “No es tonto aquel que da lo que no puede retener para ganar lo que no puede perder”.

Nuestra vida en la tierra es corta y la eternidad es larga. Obviamente, es mejor padecer “un poco de tiempo” que padecer “para siempre”.

El Señor Jesús una vez contó la historia del hombre rico y Lázaro (Lucas 16:19- 31). El contraste es claro. Lázaro sufría por “un poco de tiempo” pero recibió una recompensa eterna. El hombre rico disfrutó la vida por “un poco de tiempo” pero tuvo que padecer “para siempre”.

¿Cuál tipo de “padecimiento” elegiría Ud.?