Boyce Mouton
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EL PADECIMIENTO

Boyce Mouton · 12 pages · 3,730 words

EL PADECIMIENTO

“Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día” (Mateo 16:21).

Estudiaremos más tarde cómo el “padecimiento” juega un papel en nuestra vida cristiana, pero primero examinaremos el fondo que nos ayudará a entender este versículo.

JESÚS ERA EL HIJO DE DAVID

  • “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”

(Mateo 1:1). ¡Estas son las primeras palabras de las Escrituras del Nuevo Testamento!

  • A Jesús se le llama el “Hijo de David” ocho veces en el Evangelio de Mateo.

Cuando Jesús hizo su entrada triunfal a Jerusalén, la multitud gritaba: “¡Hosanna al Hijo de David!” (Mateo 21:9, 15).

  • Por varios años David era un fugitivo del rey Saúl y se juntaron con él unos 400

hombres: “Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como cuatrocientos hombres” (1 Samuel 22:2).

  • Sabemos que David había sido ungido por Samuel para ser el rey (1 Samuel 16:1-

13).

  • Aún Jonatán, el hijo de David, sabía que David iba a ser el rey. Jonatán dijo a

David: “No temas, pues no te hallará la mano de Saúl mi padre, y tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti; y aún Saúl mi padre así lo sabe” (1 Samuel 23:17).

  • “Era David de treinta años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta

años. En Hebrón reinó sobre Judá siete años y seis meses, y en Jerusalén reinó treinta y tres años sobre todo Israel y Judá” (2 Samuel 5:4 y 5).

LOS DISCÍPULOS ESPERABAN QUE JESÚS SERÍA UN REY COMO DAVID

  • Juan el Bautista vino “predicando” en el desierto de Judea, y diciendo:

“Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Pues este es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que

clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas” (Mateo 3:1-3).

  • “Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado

por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:13.17).

  • ¡Sí! Jesús ciertamente era rey, pero su reino no era de este mundo. Él explicó a

Pilato: “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Juan 18:36 y 37).

LOS DISCÍPULOS NO ENTENDIERON EL REINO DE LOS CIELOS

  • El tercer año del ministerio de Jesús comenzó con el alimentar a los 5,000 (Juan

6:1-13).

  • “Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho,

dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo” (Juan 6:14 y 15).

  • Más tarde en Capernaum Jesús los reprendió por su pensamiento mundano:

“Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a este señaló Dios el Padre” (Juan 6:26 y 27).

  • Las multitudes no tenían interés en el reino de los cielos, entonces “Muchos de

sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Juan 6:66-69).

CESAREA DE FILIPO

  • Era menos de un año antes de la crucifixión de Jesús y sus discípulos aún

pensaban que él iba a ser un rey terrenal como David.

  • Para ayudarles a entender la naturaleza de su reino, los llevó a Cesarea de Filipo.
  • Cesarea de Filipo está ubicado a una distancia de 40 kilómetros al norte del mar

de Galilea al pie del monte Hermón. Había allí un gran manantial que ayudaba a formar el origen del río Jordán.

  • El manantial vino de una cueva que era el lugar de adoración para el dios pagano

“Pan” que era medio hombre y medio cabro.

  • Para la mente pagana, esa cueva era también la entrada al infierno donde los

dioses y las diosas vivían.

  • ¡Orgías sexuales y el sacrificio de niños eran una parte común de la adoración

pagana!

  • Cesarea de Filipo era un lugar perverso y probablemente los apóstoles nunca

habían estado allí antes.

  • Es interesante notar que la primera vez que se usa la palabra “iglesia” en la Biblia

fue por Jesús en Cesarea de Filipo. ¿Por qué? ¿Por qué escogería Jesús un lugar tan perverso para presentar su iglesia a sus discípulos y explicar su padecimiento y su muerte en Jerusalén?

  • ¿Por qué Jesús escogería a Cesarea de Filipo para prometer a sus discípulos que

“las puertas del Hades no prevalecerían” contra su iglesia?

  • Aunque las Escrituras no nos dicen por qué, he aquí unas teorías:

JERICÓ

  • Antes de conquistar a Canaán, Moisés envió a doce espías para explorar la tierra

(Números 13:1-16).

  • Diez de esas espías no tuvieron fe y creyeron que la tarea era imposible: “Y les

contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. Mas el pueblo que habita en aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas” (Números 13:27 y 28).

  • Más tarde Moisés advirtió: “Oye, Israel: Tú vas hoy a pasar el Jordán,

para entrar a desposeer a naciones más numerosas y más poderosas q’ tú, ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo” (Deuteronomio 9:1). Jericó era una de esas “ciudades grandes”.

  • Algunos dicen que Jericó es una de las ciudades más antiguas del mundo y en el

pasado era la ciudad más grande del mundo. Hubiera sido fácil evitar ir por Jericó y entrar a Canaán por otro camino sin ser visto. Pero Dios usó a Jericó para probar que cualquier ciudad podría ser conquistada sin tomar en cuenta su tamaño y su poder.

  • ¡Quizás Jesús escogiera a Cesarea de Filipo por la misma razón! ¡La iglesia puede

triunfar sobre Cesarea de Filipo tal como el pueblo de Dios conquistó a Jericó!

  • ¡JESÚS PONÍA ÉNFASIS EN EL HECHO DE QUE LAS PUERTAS DEL HADES

NO PODRÍAN PREVALECER CONTRA SU IGLESIA!

¿QUIÉN ERA JESÚS?

“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros Jeremías, o alguno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo” (Mateo 16:13-20).

¡ANTES DE QUE JESÚS LES EXPLICÓ QUE TENIA QUE PADECER Y MORIR, FUE IMPERATIVO QUE ELLOS ENTENDIERAN QUIÉN REALMENTE ERA!

A menudo, Jesús usó comparaciones entre sí mismo y las cosas terrenales, para explicar su naturaleza sobrenatural.

  • Él dijo a la samaritana: “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a

tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:13 y 14).

  • Después de alimentar a los 5,000, Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida; el que

a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Juan 6:35).

  • Quizás fuera en una viña que Jesús dijera a sus discípulos: “Yo soy la vid

verdadera, y mi Padre es el labrador” (Juan 15:1).

  • Entonces en Cesarea de Filipo Jesús dijo: “Tú eres Pedro, y sobre esta roca

edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18).

  • La palabra “Pedro” se refiere a una piedra pequeña (Juan 1:42), pero la palabra

“roca” se refiere a una piedra fundamental. El fundamento de la iglesia no es un humano vacilante como Pedro, sino un fundamento eterno como Jesús (1 Corintios 3:11).

LAS PUERTAS DEL HADES

Según el autor cristiano W. E. Vine, la palabra griega para “Hades” viene de “a, negativo e eido, ver”. Así significa “invisible.”. Cuando Jesús murió aún existía, pero estaba “invisible”. Las personas piadosas siempre han creído en la vida después de la muerte. Por ejemplo, cuando Abraham murió, las Escritura enseñan que fue “unido a su pueblo”. Aún estaba vivo, pero ahora estaba “invisible”. He aquí algunos otros que también fueron “unidos a su pueblo”: Isaac (Génesis 35:29); Jacob (Génesis 49:33); Aarón (Números 20:24); Moisés (Números 27:13); etc. Salomón dijo que cuando morimos, nuestro cuerpo vuelve a polvo y nuestro espíritu vuelve a Dios (Eclesiastés 12:7).

“Puertas” se refiere a fuerza. Tal como una cadena no es más fuerte que su eslabón más débil, una ciudad no es más fuerte que sus puertas.

¡La conclusión es que aunque Jesús iba a morir, la fuerza de la muerte no lo vencería!

A PARTIR DE ESE MOMENTO

Ahora que era claro quién era Jesús, y que la fuerza de la muerte no podía vencerlo, a partir de ese momento comenzó a enseñarles acerca de su padecimiento y su muerte en Jerusalén. La idea de que Jesús padecería y moriría hizo enojarse a Pedro: “Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás: me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (Mateo 16:22 y 23). ¡Es obvio que los discípulos necesitaban más enseñanza!

  • “Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su

hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él” (Mateo 17:1-3). Lucas nos dice que Moisés y Elías estaban hablando con Jesús con respecto a su muerte en Jerusalén (Lucas 9:31). Esto informó a los discípulos que el padecimiento y la muerte de Jesús estaban en armonía completa con la ley y los profetas.

  • “Y todos se admiraban de la grandeza de Dios. Y maravillándose

todos de todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos: Haced que os penetren bien en los oídos estas palabras; porque acontecerá que el Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres. Mas ellos no entendían estas palabras, pues les estaban veladas para que no las entendiesen; y temían que preguntarle sobre esas palabras” (Lucas 9:43-45).

  • “Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se

cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca el Hijo del

Hombre. Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará. Pero ellos nada comprendieron de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se les decía” (Lucas 18:31-34).

  • “Saliendo Jesús a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos aparte en el

camino, y les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte; y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará” (Mateo 20:17-19).

  • Etc.
  • Es interesante notar que mientras los doce no quierían creer que Jesús iba a

morir, María, la hermana de Lázaro, entendió claramente y ungió los pies de Jesús para su sepultura. (Juan 12:1-8).

FINALMEMTE PEDRO ENTENDIÓ

  • Aparentemente, Pedro era lento en aprender.
  • Cuando Jesús por primera vez mencionó su padecimiento y muerte, Pedro le

reprendió (Mateo 16:22).

  • Cuando Jesús fue arrestado, Pedro sacó su espada y cortó la oreja de Malco quien

era siervo del sumo sacerdote (Juan 18:10).

  • Aún después de que Jesús reprendió a Pedro y sanó a Malco, Pedro seguía a

Jesús, aparentemente para salvarlo de la muerte: “Los que prendieron a Jesús le llevaron al sumo sacerdote Caifás, adonde estaban reunidos los escribas y los ancianos. Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin” (Mateo 26:57 y 58).

  • Pedro había prometido dar su vida por Jesús (Juan 13:37). Probablemente por

eso negó tres veces que conocía a Jesús. Estaba en el atrio del sumo sacerdote, probablemente esperando una oportunidad final de rescatar a Jesús del padecimiento y la muerte.

  • Gracias a Dios, Pedro no tuvo éxito, porque es por medio de la muerte que Jesús

destruyó al que tiene el poder de la muerte, eso es, el diablo (Hebreos 2:14).

  • Finalmente, Pedro rindió su voluntad a la de Cristo y llegó a ver la importancia

del padecimiento.

1 PEDRO

Por favor, note las muchas referencias al padecimiento de que Pedro escribió para los elegidos de Dios, y extranjeros en el mundo. ¡Ahora Pedro solamente hablaba de lo bueno del padecimiento!

  • “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo,

si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:6 y 7).

  • “Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros,

inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos” (1 Pedro 1:10 y 11).

  • “Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no

solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar. Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (1 Pedro 2:18-21).

  • “Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia,

bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos ni os conturbéis” (1 Pedro 3:14).

  • “Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de

Dios así lo quiere, que haciendo el mal. Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1 Pedro 3:17 y 18).

  • “Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros

también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado” (1 Pedro 4:1).

  • “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha

sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado. Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno; pero si alguno

padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello” (1 Pedro 4:12-16).

  • “De modo que los que padecen según la voluntad de Dios,

encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien” (1 Pedro 4:19).

  • “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en

Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén” (1 Pedro 5:10 y 11).

LAS PUERTAS DEL CIELO SON HECHAS DE PERLAS

“Los doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio” (Apocalipsis 21:21).

Las perlas son muy valiosas. En el año 2018, un medallón de perlas que perteneció a María Antonieta, una reina francesa, fue vendido por 32 millones de dólares. Como sabemos, las perlas son formadas por el dolor y la irritación. Cuando un grano de arena entra en la concha de la ostra causa dolor e irritación. La ostra lentamente secreta aragonito y conquiolina, materiales que también forman su concha. Perlas pequeñas pueden formarse en solamente seis meses, pero perlas más grandes podrían tomar años para formarse. No es por casualidad que las puertas al cielo son formadas por perlas, porque el dolor y la irritación son una parte de la cruz que llevamos cada día. Las cruces no son diseñadas para ser cómodas, sino son un elemento básico de seguir a Cristo.

Por favor, considere el testimonio de Jesús acerca de su cruz, y el hecho de que “cualquiera” que lo sigue también tiene que llevar su cruz cada día: “Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto, y que resucite al tercer día. Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, este la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles” (Lucas 9:22-26).

El libro de Hebreos nos recuerda que Jesús aprendió a obedecer de su padecimiento: “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec” (Hebreos 5:7-10).

Jesús en realidad sufrió la cruz por el gozo puesto delante de él y considerar su padecimiento también nos ayudará a evitar el cansancio y el desaliento: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar” (Hebreos 12:1-3).

Verdaderamente, los padecimientos de Cristo nos dejó un ejemplo para seguir en sus pisadas: “Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas” (1 Pedro 2:19-25).

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