Boyce Mouton
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EL PADECER

Boyce Mouton · 9 pages · 4,101 words

EL PADECER

“Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día” (Mateo 16:21).

Como sabemos, los discípulos estaban sorprendidos por la idea de que el Señor Jesús padecería. Pedro, quien recién había confesado que el Señor Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios viviente, lo tomó aparte y comenzó a reconvenirle diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca” (16:22).

Sabemos que el Señor Jesús lo reprendió a Pedro y le dijo: “¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (16:33).

Las Escrituras son claras que el Mesías tendría que padecer. Considere, por favor: “¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores, y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de su trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores” (Isaías 53:1-12).

¿HA TOMADO TIEMPO PARA LEER ESTAS PALABRAS INSPIRADAS ACERCA DEL PADECIMIENTO DEL MESÍAS?

¡APARENTEMENTE, LOS APÓSTOLES NO LO HICIERON!

¡EN LA BIBLIA HAY MUCHO ACERCA DEL PADECIMIENTO QUE A MENUDO, PASAMOS POR ALTO!

¡YA ES TIEMPO QUE TOMEMOS UN VISTAZO SERIO A LO QUE DICE LA BIBLIA CON RESPECTO AL PADECIMIENTO!

Después de reprender a Pedro, el Señor Jesús dijo a todos los discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? (Mateo 16:24-26).

¡Ya sabemos que las cruces no están diseñadas para ser cómodas!

CÓMO LOS APÓSTOLES PADECIERON Y MURIERON

El Señor Jesús advirtió a los discípulos: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado” (Juan 15:18-21).

No debemos estar sorprendidos que los discípulos padecieron, porque el Señor Jesús los envió como ovejas en medio de lobos (Mateo 10:16). He aquí lo que sucedió con sus discípulos:

  • Judas Iscariote se ahorcó (Mateo 27:3-10). Los demás de los apóstoles originales

permanecieron fieles al Señor Jesús y padecieron. Todos excepto Juan murieron como mártires. Se encuentra la siguiente información en la historia secular, no en la Biblia:

  • Pedro fue crucificado con la cabeza hacia abajo en Roma. El Señor Jesús aludió a su

martirio en Juan 21:18 y 19).

  • Andrés murió en una cruz en forma “X” en Grecia.
  • Mateo fue clavado al suelo y decapitado en Etiopía.
  • Bartolomé fue literalmente triturado por azotes en Armenia.
  • Tomás fue lanceado hasta la muerte en la India.
  • Felipe fue colgado cabeza abajo por ganchos de hierro en los tobillos, hasta que muriera.
  • Jacobo, el hermano de Juan, fue matado a espada.
  • Judas fue crucificado en Persia por el rey Herodes (Hechos 12:1 y 2).
  • Matías, quien tomó el lugar de Judas, fue apedreado y entonces decapitado.
  • Jacobo el menor fue echado del templo y fue apedreado y golpeado hasta la muerte.
  • Simón el zelote, también fue crucificado.
  • El apóstol Juan, a quien el Señor Jesús amaba, fue perseguido y encarcelado en la isla de

Patmos. Él era prisionero cuando vio las visiones que están escritas en el libro de Apocalipsis. Fue librado de la cárcel de esa isla y se cree que murió una muerte natural en la ciudad de Éfeso.

LA IMPORTANCIA DEL ESPÍRITU SANTO

Una semilla tiene que tener vida dentro de sí, si va a brotar. Una vez plantada, la semilla viva debe sufrir los efectos dañinos del agua, del sol, y del aire para crecer. Como el Señor Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24). Exposición a la muerte causará que crezca la semilla si tiene vida adentro.

No obstante, cuando se siembra algo sin vida, el agua, el sol, y el aire lo destruirán. Por ejemplo, se puede plantar un vestido en el huerto y no crecerá. Los elementos que son esenciales para el crecimiento de una semilla, destruirán al vestido. Ya que el vestido no tiene vida adentro, durará más tiempo si se queda seco, no expuesto al sol, y sellado en una bolsa hermética. Esta ilustración sencilla nos ayuda a entender cómo el padecimiento que destruye al inconverso, causará que la persona con el Espíritu Santo crezca.

Cuando tenemos el Espíritu Santo, “nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:3-5).

El Espíritu Santo es esencial para nuestro éxito al sufrir, así como todos los aspectos de nuestras vidas cristianas. Por eso, a los apóstoles, se les prohibió salir de Jerusalén hasta que recibieran el Espíritu Santo (Hechos 1:4-8).

Padecer no destruye a los hijos de Dios, sino nos hace crecer.

PEDRO Y EL PADECIMIENTO

  • Pedro aprendió esta lección acerca del Mesías y su padecimiento. Cuando predicó, enseñó que “Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer” (Hechos 3:18).
  • Cuando Pedro y los demás apóstoles fueron azotados por miembros del concilio, las Escrituras nos dicen: “Ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre” (Hechos 5:41).
  • Pedro dio este consejo inspirado a los criados: “Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar. Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca;

quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas” (1 Pedro 2:18-25).

  • Pedro recordó el ejemplo del Señor Jesús y escribió: “Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado” (1 Pedro 4:1).
  • Pedro reconoció que era normal para los cristianos padecer: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado. Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno; pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello. Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? Y: Si el justo con dificultad se salva, ¿en dónde aparecerá el impío y el pecador? De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien” (1 Pedro 4:12-19).
  • “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo perfeccione, afirme, fortalezca y establezca” (1 Pedro 5:10).

PABLO Y EL PADECIMEINTO

  • El Señor dijo a un creyente llamado Ananías que había aparecido a Saulo (Pablo) en el

camino a Damasco: “Ve, porque instrumento escogido me es este, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre” (Hechos 9:15 y 16).

  • Pablo recordó a los tesalonicenses cómo había padecido y había sido ultrajado en Filipos

(1 Tesalonicenses 2:2).

  • Pablo también recordó a los tesalonicenses “Porque vosotros, hermanos, vinisteis a ser

imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea; pues habéis padecido de los de vuestra propia nación las mismas cosas que ellas padecieron de los judíos, los cuales mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas, y a nosotros nos expulsaron; y no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres” (1 Tesalonicenses 2:14 y 15).

  • Pablo, en su segunda carta a los tesalonicenses, escribió: “nosotros mismos nos

gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, por vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis. Esto es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis” (2 Tesalonicenses 1:4 y 5).

  • Pablo escribió a los filipenses: “Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo,

no solo que creáis en él, sino también que padezcáis por él” (Filipenses 1:29).

  • Pablo se regocijó en sus padecimientos, porque en alguna manera misteriosa, se unió con

Cristo al padecer por su cuerpo que es la iglesia (Colosenses 1:24).

  • Para los corintios, Pablo comparó su padecimiento con el de falsos apóstoles y falsos

obreros quienes lo criticaron: “Para vergüenza mía lo digo, para eso fuimos demasiado débiles. Pero en lo que otro tenga osadía (hablo con locura), también yo tengo osadía. ¿Son hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? También yo. ¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos, más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar, y yo no me indigno?” (2 Corintios 11:21-29).

TIMOTEO Y EL PADECIMIENTO

  • Se ha especulado que Timoteo fue testigo del apedreamiento de Pablo en Listra (Hechos

13:8-20). Timoteo vivía en Listra (Hechos 16:1). Quizás cuando Pablo fue apedreado, él pudo haber visto a Timoteo llorando y recordó sus lágrimas (2 Timoteo 1:4).

  • Tal experiencia espantosa pudo haber hecho que Timoteo se mostrara tímido cuando

predicaba. No obstante, Pablo le recordó: “No nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7).

  • Esto también ayuda a explicar estas palabras de Pablo para los corintios: “Y si llega

Timoteo, mirad que esté con vosotros con tranquilidad, porque él hace la obra del Señor así como yo” (1 Corintios 16:10).

  • Entonces Pablo instruyó a Timoteo: “Por tanto, no te avergüences de dar testimonio

de nuestra Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios” (2 Timoteo 1:8).

  • “Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he

creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Timoteo 1:12).

  • “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo” (2 Timoteo 2:3).
  • “Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a

mi evangelio, en el cual sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; más la palabra de Dios no está presa. Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna. Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con él; Si sufrimos, también reinaremos con él; si le negáremos, él también nos negará. Si fuéramos infieles, el permanece fiel; Él no puede negarse a si mismo” (2 Timoteo 2:8-13).

  • “Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor,

paciencia, persecuciones, padecimientos, como los que me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra; persecuciones que he sufrido, y de todas me ha librado el Señor. Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Timoteo 3:10-12).

  • “Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple

tu ministerio. Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:5-8).

LA PROPICIACIÓN Y LA PROPAGACIÓN

  • EL PADECIMIENTO DEL SEÑOR JESÚS QUITÓ NUESTROS PECADOS:

“PORQUE TAMBIÉN CRISTO PADECIÓ UNA SOLA VEZ POR LOS PECADOS, EL JUSTO POR LOS INJUSTOS, PARA LLEVARNOS A DIOS, SIENDO A LA VERDAD MUERTO EN LA CARNE, PERO VIVIFICADO EN EL ESPÍRITU” (1 Pedro 3:18)

  • ¡NADA DEBE DISTRAERNOS DEL PADECIMIENTO Y DE LA MUERTE DEL

SEÑOR JESÚS. ¡ES ESENCIAL PARA NUESTRA SALVACIÓN!

  • “SABIENDO QUE FUISTEIS RECATADOS DE VUESTRA VANA MANERA DE

VIVIR, LA CUAL RECIBISTEIS DE VUESTROS PADRES, NO CON COSAS CORRUPTIBLES, COMO ORO O PLATA, SINO CON LA SANGRE PRECIOSA DE CRISTO, COMO DE UN CORDERO SIN MANCHA Y SIN CONTAMINACIÓN, YA DESTINADO ANTES DE LA FUNDACIÓN DEL MUNDO, PERO MANIFESTADO EN LOS POSTREROS TIEMPOS POR AMOR DE VOSOTROS” (1 Pedro 1:18-20).

  • “PORQUE CON UNA SOLA OFRENDA HIZO PERFECTOS PARA SIEMPRE A

LOS SANTIFICADOS” (Hebreos 10:14).

  • “HIJITOS MÍOS, ESTAS COSAS OS ESCRIBO PARA QUE NO PEQUÉIS; Y SI

ALGUNO HUBIERE PEDADO, ABOGADO TENEMOS PARA CON EL PADRE, A JESUCRISTO EL JUSTO. Y ÉL ES LA PROPICIACIÓN POR NUESTROS PECADOS; Y NO SOLAMENTE POR LOS NUESTROS, SINO TAMBIÉN POR LOS DE TODO EL MUNDO” (1 Juan 2:1 y 2).

  • Nuestro padecimiento no es para “propiciación”, sino para “propagación”. Aunque

hemos mencionado esta Escritura antes, por favor, considere otra vez estas palabras inspiradas del apóstol Pablo: “Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia” (Colosenses 1:24).

  • Esta verdad de ninguna manera distrae del sacrificio de Cristo. El Señor Jesús hizo

exactamente lo que Dios quería, Cuando el Señor Jesús dijo “Consumado es” (Juan 19:30), habló la verdad. ¡EL SEÑOR JESÚS SIEMPRE HABLÓ LA VERDAD Y SIEMPRE HIZO TODO LO QUE SU PADRE QUERÍA QUE HICIERA!

  • No obstante, en su sabiduría infinita, Dios nos ha dado a los seguidores del Señor Jesús el

privilegio de predicar el evangelio (1 Corintios 1:20-25). Somos los colaboradores de Dios (1 Corintios 3:9). ¡Ni el Señor Jesús ni los ángeles predican el evangelio al mundo, sino nosotros lo hacemos! La obediencia del Señor Jesús provee propiciación. Nuestra obediencia provee propagación. El padecimiento del Señor Jesús no llevó el Evangelio a Macedonia, sino el padecimiento de Pablo hizo eso. En esto Pablo proveyó en su carne lo que faltaba con respecto a las aflicciones de Cristo.

  • Hay una relación entre nuestro padecimiento y la propagación del Evangelio. Note:

“Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos” (2 Corintios 1:6).

  • “Pues habiendo antes padecido y sido ultrajados en Filipos, como sabéis, tuvimos

denuedo en nuestro Dios para anunciaros el evangelio de Dios en medio de gran oposición” (1 Tesalonicenses 2:2).

  • “Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea

que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio, y en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación; y esto de Dios. Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no solo que creáis en él, sino también que padezcáis por él, teniendo el mismo conflicto que habéis visto en mí, y ahora oís que hay en mí” (Filipenses 1:27-30). La muerte de Esteban, el primero mártir cristiano, hermosamente ilustra esta verdad. El hecho de que Esteban no estaba temeroso tuvo un gran efecto en Saulo de Tarso, y quizás en todos. La manera en que Esteban murió sin temor, aparentemente era una “señal” para Saulo. Cómo el Señor Jesús le dijo en el camino a Damasco, “Dura cosa te es dar coces contra el aguijón” (Hechos 26:14).

  • “Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso

suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios” (2 Timoteo 1:8).

LOS MÁRTIRES Y LA RESURRECCIÓN

  • La palabra “mártir” se deriva de la palabra griega martur que quiere decir “testigo”. Los

que mueren por la causa de Cristo proveen un poderoso testimonio en cuanto a la verdad del Evangelio.

  • No debemos deliberadamente buscar morir como mártires. El Señor Jesús mandó a sus

discípulos: “Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra” (Mateo 10:23). El libro de Hechos revela muchas veces cuando los creyentes huyeron para evitar ser matados (Hechos 8:1; 9:25, 30; 14:6; 17:10, 14). No obstante, parece que los mártires son especialmente honrados por Cristo. Por ejemplo, Esteban era el primer mártir. Varias cosas inusuales sucedieron en relación a su muerte:

  • El rostro de Esteban era como el de un ángel (Hechos 6:15).
  • Dios abrió los cielos y le permitió ver al Hijo del Hombre en pie a la diestra de Dios (Hechos 7:55 y 56). En otras ocasiones el Señor Jesús estaba “sentado” a la diestra de Dios (Lucas 22:69; Efesios 1:20; Colosenses 3:1; etc.).
  • Esteban murió orando “Señor, no les tomes en cuenta este pecado” (Hechos 7:60).
  • Los que son asesinados por causa de la Palabra de Dios y por el testimonio que han

mantenido, parecen estar en una categoría separada de los demás (Apocalipsis 6:9-11).

  • Juan vio “las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús”

(Apocalipsis 20:4). Este es otro ejemplo de Dios poniendo a los mártires en un lugar separado de los demás.

  • El Señor Jesús habló de una “recompensa de profeta” y una “recompensa de justo”

(Mateo 10:41). Algunos creen que también hay una recompensa especial para los mártires.

  • Por ejemplo, considere la referencia en Hebreos 11:35: “Las mujeres recibieron sus

muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección” ¿Qué es una “mejor resurrección”?

  • Pablo escribió: (quiero) “conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación

de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos” (Filipenses 3:10 y 11).

  • Ya sabemos que todos serán resucitados sin tomar en cuenta si son buenos o si son malos

(Juan 5:28 y 29; Hechos 24:15, etc.). Entonces ¿qué quiere decir Pablo al decir si “llegase a la resurrección” de entre los muertos?

  • La palabra para resurrección es anastasis Viene de la palabra ana (subir) y stasis

(pararse). Esta es la palabra que Pablo usó en el versículo 10 con referencia al poder de su resurrección.

  • No obstante, en el versículo 11, Pablo usó otra palabra para “resurrección”. Aumentó la

palabra ek a anastasis. Así que Pablo quería llegar a una resurrección especial que él llamaba “la resurrección de subir” de entre los muertos.

  • ¿Es esta la “mejor resurrección” a que se refiere en Hebreos 11:35?

CONCLUSIÓN

  • Hemos examinado el padecimiento del Señor Jesús, de Pedro, de Pablo, de Timoteo, y de

otros. ¡Ahora consideremos con oración el padecimiento con relación a nosotros!

  • El Señor Jesús nunca ha prometido que no habrá problemas para los que quieren seguirle.

Al contrario, constantemente decía que ellos deben “calcular el costo” de ser su discípulo (Lucas 14:28-33, NVI).

  • ¿Ha calculado Ud. el costo?
  • ¿Cree Ud. que las aflicciones de esta vida no son comparables con la gloria venidera que

habrá en el cielo? (Romanos 8:18).

  • Las perlas son creadas cuando un grano de arena se mete en una ostra y causa irritación.

Es significativo que se entra al cielo por medio de puertas hechas de perlas (Apocalipsis 21:21).

  • ¿Está Ud. dispuesto a tomar su cruz cada día y a seguir a Cristo? (Lucas 9:23).
  • ¿Está Ud. dispuesto a poner su mano en el arado y no mirar atrás? (Lucas 9:62).
  • Como ha dicho Jaime Elliot, el mártir: “No es un tonto aquel que entrega lo que no puede

retener para ganar aquello que nunca podrá perder.”

  • Job lo dijo así: “Aunque él me matare, en él esperaré” (Job 13:15).