EL ORGULLO
EL ORGULLO
En el año 1999, el presidente de los EUA, Bill Clinton, designó el mes de junio como “El mes de orgullo de los “gays” y las “lesbianas”. Cuando Barack Obama fue presidente, él afirmó su acuerdo y proclamó el mes de junio como “El mes de orgullo LGBT”. Más tarde el presidente Joe Biden hizo una proclamación para incluir adicionalmente “lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros y “queers” (LBGTQ). Biden aún proclamó el Domingo de la Resurrección del año 2024 como “El día de visibilidad de los Trans”. Aparentemente, ignoró la larga tradición de la Casa Blanca de prohibir símbolos religiosos durante la celebración anual de “la rodada de huevos de Easter”. El hecho es que en todo el mundo las personas LGBTQ celebran el “ORGULLO” como si verdaderamente fuera algo de que “estar orgulloso”.
Muchos tienen la idea equivocada que mientras las relaciones homosexuales son una “abominación a Dios” (Levítico 18:22), de alguna manera el orgullo es algo inocente, bueno y encomendable. Pero a los ojos de Dios, el “orgullo” aparentemente es más ofensivo que el sexo ilícito. Como más tarde mostraremos, Satanás mismo fue echado del cielo debido a su orgullo y no por pecados sexuales. ¡La homosexualidad se menciona en 7 pasajes de la Biblia, mientras el orgullo se menciona en 58 pasajes!
He aquí algunas de las Escrituras acerca del orgullo:
- “Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: Los ojos
altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos” (Proverbios 6:16-19). Note por favor que los ojos altivos están al principio de la lista. ¡Sí! Dios odia a todo pecado, ¡pero note por favor, que la homosexualidad está más abajo en esta lista!
- He aquí algunos pasajes muy conocidos para considerar:
- Dios aborrece “la soberbia y la arrogancia” (Proverbios 8:13).
- “Abominación es a Jehová todo altivo de corazón” (Proverbios 16:5).
- “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la
altivez del espíritu” (Proverbios 16:18).
- “El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no hay Dios en
ninguno de sus pensamientos” (Salmo 10:4).
- “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago
4:6).
- “Revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da
gracia a los humildes” (1 Pedro 5:5).
- ¡Sería fácil citar más Escrituras acerca de este tema!
- Según la Biblia, ¡parece que ningún vicio está más opuesto a Dios que el orgullo ! Dios odia el orgullo porque es una manifestación de la depravación más profunda y la raíz de todas las formas del pecado. El hermano y autor C. S. Lewis dice: Según los maestros cristianos, el vicio esencial, el peor mal, es el orgullo. La falta de castidad, la ira, la codicia, la borrachera, y todos los otros, son meramente picaduras de pulgas en comparación. Fue por el orgullo que el diablo llegó a ser el diablo. El orgullo conduce a todos los otros vicios. Es el estado mental anti-Dios completo.
SATANÁS Y JESUS
Como ya hemos mencionado, Satanás fue echado del cielo por su orgullo. Dios dijo a Satanás: “Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti” (Ezequiel 28:14-17).
Al contrario, Jesús fue honrado por su humildad. Pablo escribió: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:5-11).
ADÁN Y EVA
Tal como el orgullo fue el pecado original en el cielo, también estaba involucrado con el pecado original en la tierra. ¡Comer el fruto prohibido involucraba el orgullo! Satanás apeló al orgullo de Eva al prometer: “Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron
abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales” (Génesis 3:4-7).
¡El deseo de ser como Dios involucraba el orgullo, así como su deseo de cubrir su desnudez!
CAÍN Y ABEL
¡Cuando el Señor miró con favor a Abel y su ofrenda, Caín se enojó! (Génesis 4:4 y 5). Caín estaba tan enojado con su hermano que lo mató. Por favor, considere que Salomón dijo que el orgullo concibe contiendas (Proverbios 13:10). ¡Sin el orgullo, no habrían contiendas! ¡Es obvio que el orgullo estaba involucrado en el argumento y el odio que hicieron que Caín matara a su hermano!
¡El orgullo nos causa enfocarnos en nosotros mismos en vez de en Dios! Satanás se enfocó en sí mismo y dijo: “Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo” (Isaías 14:13 y 14).
¡El orgullo de Caín también le causó enfocarse en sí mismo!: “Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado. He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará” (Génesis 4:13 y 14).
Job se enfocó en Dios y dijo: “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré” (Job 13:15).
Jesús contó de un rico necio que también pensaba demasiado de sí mismo y preguntó: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios” (Lucas 12:17-21).
BABEL
El orgullo es el legado triste de la ciudad malvada de Babel. “Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras. Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí. Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla. Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra. Y descendió Jehová para
ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos estos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre toda la faz de la tierra” (Génesis 11:1-9).
SAÚL Y DAVID
Saúl fue rechazado por Dios como rey porque su corazón estaba lleno de orgullo. Las Escrituras enseñan que el hombre no debe tener un concepto demasiado alto de sí mismo. Parece que Saúl tenía un gran respecto por sí mismo! (Romanos 12:3). ¡Quizás aún se consideraba más importante que Dios! Por ejemplo, cuando regresó de luchar con Amalec, no honró a Dios, sino se fue a Carmel y erigió un monumento en honor a sí mismo (1 Samuel 15:12). En otra ocasión, Saúl no obedeció a Dios, porque tenía miedo del pueblo. Aparentemente, puso más valor en la alabanza de hombres que en la alabanza de Dios (1 Samuel 15:24). Cuando Saúl fue reprendido por Samuel, su orgullo le causó decir: “Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel” (1 Samuel 15:30).
Al contrario, David era un hombre conforme al corazón de Dios (1 Samuel 13:14; Hechos 13:22). David oró: “Ahora, pues, Jehová Dios, tu eres Dios, y tus palabras son verdad, y tú has prometido este bien a tu siervo. Ten ahora a bien bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante de ti, porque tú, Jehová Dios, lo has dicho, y con tu bendición será bendita la casa de tu siervo para siempre” (2 Samuel 7:28 y 29). Cuando David llegó a ser rey, él inquirió del Señor antes de cada decisión mayor (véase 1 Samuel 23:1-5 y 12-14; 30:8 y 9; 2 Samuel 2:1 y 2; 5:17-25; 21:1; etc. Hay 150 salmos en la Biblia y David escribió 75 de ellos. 73 salmos llevan su nombre y Hechos 4:25 confirma que él también escribió el Salmo 2, y Hebreos 4:7 confirma que escribió el Salmo 95.
¡Sí! David era un pecador, salvo por gracia, pero su humildad lo hizo mucho mejor que el rey Saúl. Aquí hay otra de las oraciones de David: “Jehová, no se ha evanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; ni anduve en grandezas, ni en cosas demasiado sublimes para mí” (Salmo 131:1).
UZÍAS EL REY DE JUDÁ
“Y se pusieron contra el rey Uzías, y le dijeron: No te corresponde a ti, oh Uzías, el quemar incienso a Jehová, sino a los sacerdotes hijos de Aarón, que son consagrados para quemarlo. Sal del santuario, porque has prevaricado, y no te será para gloria delante de Jehová Dios. Entonces Uzías, teniendo en la mano un incensario para ofrecer incienso, se llenó de ira; y en su ira contra los sacerdotes, la lepra le brotó en la frente, delante de los sacerdotes en la casa de Jehová, junto al altar del incienso. Y le miró el sumo sacerdote Azarías, y todos los sacerdotes, y he aquí la lepra estaba
en su frente; y le hicieron salir apresuradamente de aquel lugar; y él también se dio prisa a salir, porque Jehová lo había herido. Así el rey Uzías fue leproso hasta el día de su muerte, y habitó leproso en una casa apartada, por lo cual fue excluido de la casa de Jehová” (2 Crónicas 26:18- 21).
BELSASAR
“El rey Belsasar hizo un gran banquete a mil de sus príncipes, y en presencia de los mil bebía vino. Belsasar, con el gusto del vino, mandó que trajesen los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor su padre había traído del templo de Jerusalén, para que bebiesen en ellos el rey y sus grandes, sus mujeres y sus concubinas. Entonces fueron traídos los vasos de oro que habían traído del templo de la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y bebieron en ellos el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas. Bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra” (Daniel 5:1-4).
Fue en ese momento que los dedos de una mano humana escribió su perdición en la pared. Esas palabras condenaron a Belsasar por su orgullo. Daniel lo reprendió diciendo: “El Altísimo Dios, oh rey, dio a Nabucodonosor tu padre el reino y la grandeza, la gloria y la majestad. Y por la grandeza que le dio, todos los pueblos, naciones y lenguas temblaban y temían delante de él. A quien quería mataba y a quien quería daba vida; engrandecía a quien quería, y a quien quería, humillaba. Más cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en su orgullo, fue depuesto del trono de su reino, y despojado de su gloria. Y fue echado de entre los hijos de los hombres, y su mente se hizo semejante a la de las bestias, y con los asnos monteses fue su morada. Hierba le hicieron comer como a buey, y su cuerpo fue mojado con el rocío del cielo, hasta que reconoció que el Altísimo Dios tiene dominio sobre el reino de los hombres, y que pone sobre él al que le place. Y tú, su hijo Belsasar, no has humillado tu corazón, sabiendo todo esto; sino que contra el Señor del cielo te has ensoberbecido, e hiciste traer delante de ti los vasos de su casa, y tú y tus grandes, tus mujeres y tus concubinas bebisteis vino en ellos; además de esto, diste alabanza a dioses de plata y oro, de broce, de hierro, de madera y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni saben; y al Dios en cuya mano está tu vida, y cuyos son todos tus caminos, nunca honraste” (Daniel 5:18-23).
“La misma noche fue muerto Belsasar rey de los caldeos. Y Darío de Media tomó el reino, siendo de sesenta y dos años” (Daniel 5:30 y 31).
AMÁN
“Después de estas cosas el rey Asuero engrandeció a Amán hijo de Hamedata agagueo, y lo honró, y puso su silla sobre todos los príncipes que estaban con él. Y todos los siervos del rey que estaban a la puerta del rey se
arrodillaban y se inclinaban ante Amán, porque así lo había mandado el rey; pero Mardoqueo ni se arrodillaba ni se humillaba” (Ester 3:1 y 2).
Hirió el orgullo de Amán tanto que él decidió matar a Mardoqueo, el judío, y a todo su pueblo.
“Y dijo Amán al rey Asuero: Hay un pueblo esparcido y distribuido entre los pueblos en todas las provincias de tu reino, y sus leyes son diferentes de las de todo pueblo, y no guardan las leyes del rey, y al rey nada le beneficia el dejarlos vivir. Si place al rey, decrete que sean destruidos; y yo pesaré diez mil talentos de plata a los que manejan la hacienda, para que sean traídos a los tesoros de rey” (Ester 3:8 y 9). Amán estaba tan ansioso de matar a Mardoqueo que construyó una horca que tenía 23 metros de altura para ahorcar a ese hombre que ofendió su orgullo (Ester 5:14).
Antes del ahorcamiento, el rey Asuero no pudo dormir y ordenó que las crónicas de su reino le sean leídos. Esa historia recordó al rey que Mardoqueo había salvado su vida cuando dos de sus guardias planearon asesinarlo. Ya que Mardoqueo no había sido honrado por esto, el rey preguntó a su buen amigo Amán: “¿Qué se hará al hombre cuya honra desea el rey? Y dijo Amán en su corazón: ¿A quién desearía el rey honrar más que a mí?” (Ester 6:6). Pronto Amán experimentaría lo que Salomón advirtió cuando escribió: “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” (Proverbios 16:18).
Lo que Amán no sabía es que la reina Ester, a quien el rey amaba entrañablemente, era una judía como Mardoqueo a quien odiaba y quería matar.
Cuando el rey se enteró de lo malo que era Amán, los judíos fueron salvados y Mardoqueo fue ahorcado en su propia horca (Ester 7:10). Esta asombrosa salvación es celebrada por los judíos hasta hoy durante la fiesta de Purim. Como dijo Salomón: “Abominación es a Jehová todo altivo de corazón; ciertamente no quedará impune” (Proverbios 16:5).
EL REY HERODES
¡El rey Herodes Agripa también murió debido a su orgullo! “Mas Herodes, habiéndole buscado sin hallarle, después de interrogar a los guardas, ordenó llevarlos a la muerte. Después descendió de Judea a Cesarea y se quedó allí. Y Herodes estaba enojado contra los de Tiro y de Sidón; pero ellos vinieron de acuerdo ante él, y sobornado Blasto, que era camarero mayor del rey, pedían paz, porque su territorio era abastecido por el del rey. Y un día señalado, Herodes, vestido de ropas reales, se sentó en el tribunal y les arengó. Y el pueblo aclamaba gritando: ¡Voz de Dios, y no de hombre! Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos. Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba” (Hechos 12:19-24).
CONVERTIRSE EN CRISTIANO
Los niños no tienen orgullo. No están avergonzados al ensuciar su pañal o derramar su comida. Pero a medida que crecen, aprenderán a estar orgullosos. ¡Más la conversión requiere que lleguemos a ser como niños!: “En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando a Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos” (Mateo 18:1-4).
¡Los que se exaltan no podrán ser salvados! “A unos que c0nfiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido” (Lucas 18:9-14).
BUSCANDO GRANDEZA
La madre de Jacobo y Juan quería que sus hijos fueran engrandecidos. ¡Tristemente, lo buscó de manera equivocada! “Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. Él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. Entonces Jesús respondiendo, dijo: N0 sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos. Él les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre” (Mateo 20:20-23).
¡La madre de los hijos de Zebedeo estaba equivocada! En el reino de Cristo, la grandeza no es otorgada, sino se gana por la humildad y por el servicio: “Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos. Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo” (Mateo 20:24-27).
ANANÍAS Y SAFIRA
“Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre,
como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles” (Hechos 4:36 y 37),
Cuando Ananías y Safira vieron como Bernabé fue honrado, aparentemente su orgullo les causó anhelar el mismo tipo de honor. “Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, y sustrajo del precio, sabiendolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron. Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Si, en tanto. Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido. Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas” (Hechos 5:1-11).
SIMÓN EL MAGO
“Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande. A este oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios. Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado mucho tiempo. Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito” (Hechos 8:9-13).
¡Cuando los apóstoles en Jerusalén oyeron que Simón había aceptado la Palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan para impartirle la manifestación milagrosa del Espíritu Santo!
“Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea
perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás. Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí” (Hechos 8:17-24).
¿DÓNDE ESTÁ EL LUGAR DE DESCANSO DE DIOS?
Cuando se prepara la casa para un invitado especial, es la costumbre barrerla y poner las cosas desordenadas en el armario y asegurar que todo esté lo más ordenado y limpio posible.
Pero Dios no piensa como una persona común. Isaías escribió: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8 y 9).
En realidad, ¡Dios quiere que lo invitemos a entrar en nuestros corazones tal como somos! Ya que Dios sabe todo acerca de nosotros, ¡prefiere un espíritu humilde y contrito en vez de una apariencia poco convincente de nuestra propia justicia!
“Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra” (Isaías 66:1 y 2).
Entonces para poner énfasis en el hecho de que Dios ve nuestros corazones y no está engañado por nuestra apariencia exterior, Isaías continua: “El que sacrifica buey es como si matase a un hombre; el que sacrifica oveja, como si degollase un perro; el que hace ofrenda, como si ofreciese sangre de cerdo; el que quema incienso, como si bendijese a un ídolo. Y porque escogieron sus propios caminos, y su alma amó sus abominaciones, también yo escogeré para ellos escarnios, y traeré sobre ellos lo que temieron; porque llamé, y nadie respondió; hablé, y no oyeron, sino que hicieron lo malo delante de mis ojos, y escogieron lo que me desagrada” (Isaías 66:3 y 4).
- Cuando nosotros vemos que alguien está sacrificando un buey, normalmente
asumimos que está adorando a Dios. ¡Pero Dios ve dentro del corazón y sabe si en realidad quiere matar a su enemigo!
- Nosotros vemos que alguien está sacrificando un cordero. ¡Dios puede ver a un
pecador que rompe el pescuezo de un perro!
- Nosotros vemos una ofrenda de grano. ¡Dios puede ver a un rebelde presentando
sangre de cerdo!
- Nosotros vemos que alguien está quemando incienso. ¡Dios puede ver a un
idólatra!
“No hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos dar cuenta” (Hebreos 4:13).
LA CONVERSIÓN
Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Mateo 16:24-26).
¡Si tenemos cualquier orgullo, llevar la cruz lo destruirá!
La esencia misma de la conversión es: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5).
Pablo dijo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).
Como sabemos, la conversión se simboliza por el bautismo: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por del bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (Romanos 6:1-14).
¡ALGO DE QUE JACTARSE!
“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio, y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero dice Jehová” (Jeremías 9:23 y 24).