Boyce Mouton
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EL LUGAR DE LA CALAVERA

Boyce Mouton · 14 pages · 3,602 words

EL LUGAR DE LA CALAVERA

“Y cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la

Calavera. . .” (Mateo 27:33).

Los eruditos nos dicen que hay una colina fuera de los muros de Jerusalén que tiene depresiones y características semejantes a los ojos y la boca de una calavera. Esta colina inusual aparentemente era el lugar donde Jesucristo fue crucificado. Algunos dicen que fue llamado “el Lugar de la Calavera” porque parecía una calavera. Otros dicen que fue su nombre por las calaveras de los que fueron crucificados allí.

Puede haber otra explicación por qué el lugar donde Jesús fue crucificado fue dado este nombre. Se remonta mil años al tiempo del rey David. Cuando David mató a Goliat, “Entonces corrió David y se puso sobre el filisteo; y tomando la espada de él y sacándola de su vaina, lo acabó de matar, y le cortó con ella la cabeza” (1 Samuel 17:51). “Y volvieron los hijos de Israel de seguir tras los filisteos, y saquearon su campamento. Y David tomó la cabeza del filisteo y la trajo a Jerusalén, pero las armas de él las puso en su tienda” (1 Samuel 17:53 y 54).

Es posible que esta colina cerca de Jerusalén llegó a ser famosa porque está ubicado donde David exhibió la cabeza de Goliat como una advertencia a los jebuseos que vivían en Jerusalén. Este grupo de personas feroces había desafiado a los ejércitos de Dios por siglos.

DECAPITACIÓN

Fue común en aquellos días decapitar o ahorcar a sus enemigos. El panadero egipcio fue ahorcado por Faraón (Génesis 40:22). Los filisteos cortaron la cabeza de Saúl (1 Samuel 31:8-10). Is-boset fue decapitado por hombres perversos que llevaron su cabeza a David, esperando recibir una recompensa (2 Samuel 4:1-12). Setenta hijos de Acab fueron decapitados y sus cabezas se exhibían en dos montones por la puerta de la ciudad se Jezreel (2 Reyes 10:6-8). La cabeza de Juan el Bautista fue exhibido en un plato para la celebración del cumpleaños de Herodes (Mateo 14:1-12). No fue sorprendente que David decapitara a Goliat. Pero es interesante que llevara la cabeza de Goliat 24 kilómetros a Jerusalén. Este estudio breve considerará la posibilidad que David lo hizo como una advertencia para los jebuseos.

JERUSALÉN

Jerusalén es una ciudad famosa mencionada unas 700 veces en las Escrituras del Antiguo Testamento y unos 150 veces en las Escrituras del Nuevo Testamento La importancia de Jerusalén en la Biblia es significativo más allá de las palabras. La primera vez que se encuentra la palabra “Jerusalén” en la Biblia está en Josué 10:1

donde se nos dice que Adonisedec era el “rey de Jerusalén”. Pero Jerusalén existió muchos años antes de esto. Anteriormente fue conocida como “Salem”. Esta ciudad famosa jugó un papel importante en la adoración judía y cristiana. El libro de Apocalipsis describe a la Novia de Cristo como el “Nuevo Jerusalén”, descendiendo del cielo y de Dios.

Como dijimos anteriormente, antes de que esta ciudad santa fuera conocida como Jerusalén, fue conocida como Salem. Esta es la palabra hebrea para “paz”. “Shalom” es una manera común en que los hebreos se saludan. La ciudad había sido famosa como el hogar de Melquisedec. Se recuerda que cuando Abraham regresaba de haber rescatado a Lot, dio diezmos a Melquisedec. “Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo, cuyo nombre significas primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre” (Hebreos 7:1-3). Moisés cuenta esta historia en Génesis 14:17-24.

Es interesante que tal como Melquisedec era rey y sacerdote, Jesús también era Rey y Sacerdote. Nosotros también somos hechos “reyes y sacerdotes para Dios, su Padre” (Apocalipsis 1:6). Jesús dijo: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apocalipsis 3:21). Pablo dijo: “Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará” (2 Timoteo 2:12). ¡Por eso, nosotros también somos reyes y sacerdotes! Usualmente, los sacerdotes ofrecen sacrificios de animales, pero con respecto a esto, Melquisedec era único, porque las Escrituras no dicen que el ofreció sacrificios de animales. ¡Esto fue cierto también con el sacerdocio de Jesús! ¡La única sangre que Jesús derramó era la suya! Por favor, considere:

  • “Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre

según el orden de Melquisedec” (Salmo 110:4). Para su información, se cita el Salmo 110 por lo menos 14 veces en las Escrituras del Nuevo Testamento. Esto es más que cualquier otro pasaje de las Escrituras del Antiguo Testamento.

  • “Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios,

como lo fue Aarón. Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. Como también dice en otra lugar: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec” (Hebreos 5:4-6).

  • “La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y penetra hasta

dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec” (Hebreos 6:19 y 20).

  • “Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo,

que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es Rey de paz” (Hebreos 7:1-3).

  • Etc.

Antes de conquistar a Canaán, Moisés dio instrucciones específicas que solamente debían adorar en el lugar que había sido elegido por Dios: “No haréis así a Jehová vuestro Dios, sino que el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación, ese buscaréis, y allá iréis. Y allí llevaréis vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, y la ofrenda elevada de vuestras manos, vuestros votos, y de vuestras ovejas, vuestros votos, vuestras ofrendas voluntarias, y las primicias de vuestras vacas y de vuestras ovejas; y comeréis allí delante de Jehová vuestro Dios, y os alegraréis, vosotros y vuestras familias, en toda obra de vuestras manos en la cual Jehová tu Dios te hubiere bendecido” (Deuteronomio 12:4-7). “Y al lugar que Jehová vuestro Dios escogiere para poner en él su nombre, allí llevaréis todas las cosas que yo os mando: vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestro diezmos, las ofendas elevadas de vuestras manos, y todo lo escogido de los votos que hubiereis prometido a Jehová. Y os alegraréis delante de Jehová vuestro Dios, vosotros, vuestros hijos, vuestras hijas, vuestros siervos y vuestras siervas, y el levita que habite en vuestras poblaciones; por cuanto no tiene parte ni heredad con vosotros. Cuídate de no ofrecer tus holocaustos en cualquier lugar que vieres; sino que en el lugar que Jehová escogiere, en una de tus tribus, allí ofrecerás tus holocaustos, y allí harás todo lo que yo te mando” (Deuteronomio 12:11-14).

Más tarde aprendemos que Dios eligió a Jerusalén como el “lugar” donde su pueblo debía adorar: “Mas a Jerusalén he elegido para que en ella esté mi nombre, y a David he elegido para que esté sobre mi pueblo Israel” (2 Crónicas 6:6).

Siglos antes del nacimiento de Jesús en Belén, Isaías profetizó que el mundo sería evangelizado desde Jerusalén: “Lo que vio Isaías hijo de Amoz acerca de Judá y de Jerusalén. Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y

será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Isaías 2:1-4).

Jesús dijo a sus discípulos que “se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:47). Jesús también dijo a sus discípulos: “Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).

LOS JEBUSEOS

Aunque Josué conquistó con éxito a casi todo Canaán en solamente siete años, no tuvo éxito en conquistar a Jerusalén. Las Escrituras afirman que: “Mas a los jebuseos que habitaban en Jerusalén, los hijos de Judá no pudieron arrojarlos; y ha quedado el jebuseo en Jerusalén con los hijos de Judá hasta hoy” (Josué 15:63). Por favor, considere esta cronología:

  • Josué conquistó a Canaán alrededor del año 1450 a. de C.
  • David mató a Goliat alrededor del año 1050 a. de C.
  • Pero los jebuseos eran guerreros feroces y aunque estaban rodeados por los israelitas, ¡nadie había podido conquistarlos durante aproximadamente 400 años!
  • David sabía que se necesitaba conquistar a los jebuseos y ¡llevó la cabeza de

Goliat 24 kilómetros hasta Jerusalén para advertirles que venía para confrontarlos!

  • Cuando David llegó a ser rey, “Entonces marchó el rey con sus hombres a

Jerusalén contra los jebuseos que moraban en aquella tierra; los cuales hablaron a David, diciendo: Tú no entrarás acá, pues aun los ciegos y los cojos te echarán (queriendo decir: David no puede entrar acá). Pero David tomó la fortaleza de Sion, la cual es la ciudad de David” (2 Samuel 5:6 y 7).

  • Entonces David moró en la fortaleza y la llamó la Ciudad de David

. “Y David moró en la fortaleza y le puso por nombre la Ciudad de David; y edificó alrededor desde Milo hacia adentro. Y David iba adelantando y engrandeciéndose, y Jehová Dios de los ejércitos estaba con él” (2 Samuel 5:9 y 10).

  • Jerusalén no fue conocido solamente como la Ciudad de David, sino fue conocido

también como la “ciudad de nuestro Dios” (Salmo 48:1).

  • Dios ordenó a David por medio de su profeta que construyera un altar a Jehová

en la era de Arauna el jebuseo (2 Samuel 24:18). Este llegó a ser el mismo lugar donde Salomón edificaría el templo.

  • “Comenzó Salomón a edificar la casa de Jehová en Jerusalén, en el

monte Moriah, que había sido mostrado a David su padre, en el lugar que David había preparado en la era de Ornán jebuseo. Y comenzó a edificar en el mes segundo, a los dos días del mes, en el cuarto año de su reinado” (2 Crónicas 3:1 y 2).

  • Como Dios quiso, Jerusalén llegó a ser el único lugar en el mundo donde los

judíos fueron permitidos adorar. Por eso, cuando la iglesia comenzó, los judíos devotos de todas las naciones bajo el cielo se reunieron en Jerusalén para adorar (Hechos 2:5).

LAS PROMESAS DE DIOS PARA DAVID

  • Como sabemos, ¡David era muy especial en los ojos de Dios!
  • Después de que Dios rechazó al rey Saúl, envió a Samuel para ungir a uno de los

hijos de Isaí para ser ungido como el rey en lugar de Saúl. Como sabemos, ¡David fue escogido! El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón (1 Samuel 16:7). Aunque David era sólo un pastor joven, Dios vio su corazón y “Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David” (1 Samuel 16:13).

  • Además, Dios prometió: “Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha

dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra. Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio, desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo Jehová te hace saber que él te haré casa. Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré el padre, y él mí será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente” (2 Samuel 7:8-16).

  • David fue ungido tres veces para ser el rey. (1) Primero fue ungido para ser el rey

por Samuel (1 Samuel 16:13). (2) Próximamente fue ungido por los hombres de Judá para ser su rey (2 Samuel 2:4). Finalmente fue ungido por los ancianos de Israel para ser rey sobre todo Israel (2 Samuel 5:3).

  • Parece que David es el único hombre en la Biblia que Dios llama “un varón

conforme a su corazón” (1 Samuel 13:14; Hechos 13:22). David era un hombre importante para Dios, y se encuentra su nombre aproximadamente 1,141 en la Biblia. Las primeras palabras de las Escrituras del Nuevo Testamento son: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham” (Mateo 1:1). Se llama a Jesús “el hijo de David” catorce veces en las Escrituras del Nuevo Testamento.

  • De especial importancia son las referencias a Jesús y a David en el sermón de

Pedro en el día de Pentecostés: “Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra , no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, y aun mi carne descansará en esperanza; porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia” (Hechos 2:25-28).

  • En este sermón famoso, Pedro también citó Salmo 110:1:”Porque David no

subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hechos 2:34-36).

UN LUGAR SAGRADO

A pesar de cómo llegó a ser llamado el “Lugar de la Calavera”, se convirtió en un lugar sagrado para el pueblo de Dios: “Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera de campamento. Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta. Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio; porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir. Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios” (Hebreos 13:11-16).

Como sabemos, “Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacarifico por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos

por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10:11-14).

Cada vez que participamos en la cena del Señor, nosotros “mentalmente” vamos “fuera de la puerta de la ciudad” al “Lugar de la Calavera” donde nuestro bendito Señor, por medio de “un solo sacrificio por los pecados” nos ha hecho los que somos “santificados, perfectos para siempre”.

LOS SANTIFICADOS

En los tiempos del Antiguo Testamento, se enfatizaban las “cosas sagrada” y los “lugares santos”. El Nuevo Testamento pone énfasis en “personas santas”. El pueblo samaritano adoraba en el monte Gerizim, porque equivocadamente pensaron que esto era donde Abraham estaba por ofrecer a su hijo Isaac. Cuando Jerusalén dividió el reino: “Y dijo Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David, si este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de Jehová en Jerusalén; porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam rey de Judá, y me matarán a mí, y se volverán a Roboam rey de Judá” (1 Reyes 12:26 y 27). Para evitar que esto suceda, Jeroboam mintió a su pueblo e inició una religión falsa: “Hizo también casas sobre los lugares altos, e hizo sacerdotes entre el pueblo, que no eran de los hijos de Leví. Entonces instituyó Jeroboam fiesta solemne en el mes octavo, a los quince días del mes, conforme a la fiesta solemne que se celebraba en Judá; y sacrificó sobre un altar. Así hizo en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que había hecho. Ordenó también en Bet-el sacerdotes para los lugares años que él había fabricado. Sacrificó, pues, sobre el altar que él había hecho en Bet-el, a los quince días del mes octavo, el mes que él había inventado de su propio corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar incienso” (1 Reyes 12:31-33).

Cuando Jesús habló a la mujer samaritana junto al pozo de Jacob, ella dijo: “Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adorareis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán el Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:20-24).

Es interesante notar que la palabra griega para “santo” es la misma palabra griega traducida también como “santo”. Más de ochenta veces las Escrituras del Nuevo Testamento se refieren a los cristianos como “santos”. Pablo dijo que los corintios fueron “santificados” y llamados para ser “santos” (1 Corintios 1:2). Él dijo: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3:16). Él continuó: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del

Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:19 y 20).

¡ALABADO SEA DIOS! ¡NO ES NECESARIO IR AL MONTE GERIZIM NI A JERUSALÉN PARA ADORAR A DIOS! ¡PODEMOS ADORAR A DIOS EN CUALQUIER LUGAR MIENTRAS LO HAGAMOS EN ESPÍRITU Y EN VERDAD!

LA ADORACIÓN JUDÍA Y LA ADORACIÓN CRISTIANA

El autor de Hebreos hace esta comparación señalando la diferencia entre la adoración judía y la adoración cristiana. ¡La adoración judía involucraba las realidades físicas que se podían palpar! “Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aún una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando” (Hebreos 12:18-21).

¡ La adoración cristiana involucra las realidades espirituales que no se pueden palpar! “Os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (Hebreos 12:22-24).

¡RECUERDE! “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:23).

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