Boyce Mouton
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EL DIOS DE TODA GRACIA

Boyce Mouton · 2 pages · 837 words

EL DIOS DE TODA GRACIA

“Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca” (1 Pedro 5:10).

La naturaleza de Dios ya no es un misterio. ¡Él es un Dios de toda gracia! “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia . . .” (Hebreos 1:1-3). El Señor Jesús es “la imagen misma de su sustancia”. “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Juan 1:18). El Señor Jesús es el “Verbo de Dios”, es decir, él es la persona por la cual se conoce a Dios.

El Señor Jesús personifica el hecho de que Dios es el “Dios de toda gracia”. Juan nos recuerda que el Señor Jesús está “lleno de gracia y de verdad” y que la gracia y la verdad vinieron por medio de él (Juan 1:14 y 17). ¡No la verdad y la gracia, sino “la gracia y la verdad”! ¡Dios es gracia y verdad, pero la gracia viene primero! ¡La gracia es la prioridad!

Eliseo encontró a una viuda de la comunidad de los profetas que tenía que pagar una deuda o sus dos hijos serían vendidos como esclavos (2 Reyes 4:1-7). Dios no anuló la deuda, sino hizo un milagro para que la deuda pudiera ser pagado. Ella tenía un poco de aceite, pero Dios lo aumentó para que hubiera suficiente para pagar la deuda y así evitar que sus hijos sean vendidos como esclavos. Las Escrituras son claras: “todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). No obstante, nuestra deuda por haber pecado ha sido pagado por el sacrificio del Señor Jesucristo. Así que somos “justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:24). “Con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Romanos 3:26).

Juan escribió: “Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:17). Es claro que la ley no refleja precisamente la naturaleza de Dios. La ley es solamente una “sombra” y no la “imagen misma” (Hebreos 10:1). Dios, por el contrario, es el “Padre de las luces en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17). La naturaleza de Dios se describe mejor por “gracia” que por “ley”. En una ocasión los maestros de la ley trajeron al Señor Jesús una mujer que fue sorprendida en adulterio

(Juna 8:1-11). La ley de Moisés era clara que tal mujer debería ser apedreada (Levítico 20:10 y Juan 8:5). No obstante, el Señor Jesús la perdonó y le dijo: “Vete, y no peques más”.

Una vez el Señor Jesús sanó a un paralítico específicamente “para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados” (Marcos 2:10). Dios no dejó de lado los principios de la ”verdad” para perdonar pecados, sino como el aceite de la viuda pagó su deuda, el Señor Jesús pagó la deuda del pecado cuando “se dio a si mismo en rescate por todos” (1 Timoteo 2:6).

Juan 3:16 se llama “el texto de oro” de la Biblia. Dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. “Dar al Señor Jesús” involucraba su ejecución en una cruz para rescatarnos de la muerte. Un poco antes del “texto de oro” el Señor Jesús dijo: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado” (Juan 3:14). Ser “levantado” de la tierra se refiere específicamente a su crucifixión (Juan 12:32 y 33). Las Escrituras son muy claras: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:4-6).

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que renunciado a la impiedad y a los deseos mun- danos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:11 y 12).