Boyce Mouton
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EL CREER Y EL REPOSAR

Boyce Mouton · 6 pages · 2,840 words

EL CREER Y EL REPOSAR

“Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo: Por tanto, juré en mi ira, no entrarán en mi reposo; . . .” (Hebreos 4:2 y 3).

Tome nota de “nosotros” y “ellos” en el texto. “Nosotros” que hemos creído entramos en el reposo pero “ellos” que no tenían fe no entraron en el reposo. Por favor, note también la asociación entre “creer” y “reposar”. Los que “creyeron” entraron en el reposo de Dios y los que no tuvieron fe no entraron.

La primera referencia específica acerca de observar el día de reposo se encuentra en Éxodo 16:23. En este pasaje Jehová dijo al pueblo de Israel que debía recoger el maná los 6 días de la semana pero debía descansar en el séptimo día. Como ya sabe, el maná cayó del cielo solamente 6 días de la semana. Durante 5 días no se podía guardar el maná hasta el día siguiente porque crió gusanos y hedió. No obstante, en el día sexto se podía guardar suficiente maná para dos días, el sexto y el séptimo, y milagrosamente fue preservado. Como ya mencionamos, ¡ningún maná cayó en el día séptimo! Sin embargo, algunos no creyeron a Jehová y fueron a recoger el maná en el día de reposo. No agradó a Jehová su desobediencia y dijo a Moisés: “¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes?” (Éxodo 16:28).

Es importante recordar que el día de reposo involucraba el creer a Jehová (Éxodo 16:21-30).

Parece que el día de reposo era una señal especial entre Jehová y los israelitas. Note: “Guardarán, pues, el día de reposo los hijos de Israel, celebrándolo por sus generaciones por pacto perpetuo. Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó” (Éxodo 31:16 y 17).

EL AÑO DE REPOSO

No solamente debían los israelitas descansar en el día de reposo, sino también fueron mandados a observar un año de reposo. Cada siete años debían dejar descansar la tierra por un año entero como reposo para Jehová.

“Jehová habló a Moisés en el monte de Sinaí, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, la tierra guardará reposo para Jehová. Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos. Pero el séptimo año la tierra

tendrá descanso, reposo para Jehová; no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña. Lo que de suyo naciere en tu tierra segada, no lo segarás, y las uvas de tu viñedo no vendimiarás; año de reposo será para la tierra. Mas el descanso de la tierra te dará para comer a ti, a tu siervo, a tu sierva, a tu criado, y a tu extranjero que morare contigo; y a tu animal, y a la bestia que hubiere en tu tierra, será todo el fruto de ella para comer” (Levítico 25:1-7).

Ya hemos mencionado que se necesita una fe firme para dejar de sembrar durante un año entero. Si una persona creyera a Dios, podría reposar durante ese año. Si no creyera a Dios, no tendría reposo, sino continuaría trabajando como siempre. Desafortunadamente, los israelitas no creyeron a Dios y no dejaron descansar la tierra durante el año de reposo.

Dios advirtió a los hijos de Israel que si rehusaran observar el año de reposo, los dispersara entre las naciones y la tierra quedaría asolada: “Entonces la tierra gozará sus días de reposo, todos los días que esté asolada, mientras vosotros estéis en la tierra de vuestros enemigos; la tierra descansará entonces y gozará sus días de reposo. Todo el tiempo que esté asolada, descansará por lo que no reposó en los días de reposo cuando habitabais en ella” (Levítico 26:34 y 35).

Aparentemente, esta incredulidad y desobediencia duró por 490 años. Consecuentemente, 70 años de reposo fueron descuidados. Por eso, Dios permitió que su pueblo fue llevado cautivo a Babilonia por setenta años. Así nos dice: “para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, hasta que la tierra hubo gozado de reposo; porque todo el tiempo de su asolamiento reposó, hasta que los setenta años fueron cumplidos” (2 Crónicas 36:21).

Repetimos, hay una asociación directa entre “creer” y “reposar”. El hecho de que los israelitas no reposaron según el mandato de Dios es prueba de que no creían que Dios los cuidaría.

EL AÑO DEL JUBILEO

El año 50 sería un año del jubileo (véase Levítico 25:1-55). Fue también un año de reposo. Las muchas cosas que Dios mandó hacer durante aquel año incluían no sembrar ni segar. ¡Recuerde! El año 49 era un año de reposo regular en que la tierra debía reposar. El año 50, o el año del jubileo, era también un año de reposo en que la tierra debía reposar. En el tercer año podrían sembrar, pero tendrían que esperar para una cosecha. Eso significó que en el año 48 tuvieron que producir suficiente fruto para durar 3 años. Por supuesto, Dios sabía eso y dijo: “entonces yo os enviaré mi bendición el sexto año, y ella hará que haya fruto por tres años. Y

sembraréis el año octavo, y comeréis del fruto añejo; hasta el año noveno, hasta que venga su fruto, comeréis del añejo” (Levítico 25:21 y 22).

Si “creyera” a Dios, reposaría por dos años consecutivos. Si “no creyera” a Dios, no tendría reposo.

Generalmente se cree que la primera etapa de la cautividad en Babilonia empezó alrededor del año 606 a. de C. Si esto es correcto, los años de reposo habían sido descuidados por 490 años, entonces la incredulidad y desobediencia se remonta medio milenio al reino del rey Saúl (490 + 606 = 1096 a. de C.).

¿Sería esto posible? ¡Sí! Tenemos evidencia que otros mandatos específicos de Dios también fueron descuidados largos períodos de tiempo. Por ejemplo, las instrucciones de Dios con respecto a la fiesta de los tabernáculos. Las Escrituras dicen “que habitasen los hijos de Israel en tabernáculos en la fiesta solemne del mes séptimo”(Nehemías 8:14). Sin embargo, durante 1000 años no lo hicieron. Esto es claro en Nehemías 8:17: “Y toda la congregación que volvió de la cautividad hizo tabernáculos, y en tabernáculos habitó; porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo alegría muy grande” (Nehemías 8:17). Nehemías reconstruyó los muros de Jerusalén alrededor de 444 a. de C. Josué, el hijo de Nun, murió alrededor de 1444 años a. de C. a la edad de 110 años. Así Israel no vivió en tabernáculos durante la fiesta de tabernáculos por 1000 años. Por lo visto, observó la fiesta a su manera, pero pasó por alto las inconveniencias de vivir en tabernáculos.

Por supuesto, observar el jubileo por un año entero era más difícil que vivir en tabernáculos por solamente una semana. Esto plantea la posibilidad de que el año de jubileo nunca haya sido observado completa y correctamente por los israelitas.

Si Israel observara correctamente el año del jubileo, necesitaría mucha fe. Involucraba dejar descansar la tierra por dos años consecutivos, librar todos los esclavos y devolver toda la tierra s sus dueños originales. Nuevamente, aquellos que “creían” lo harían, y aquellos que “no creían” no lo harían.

DESCANSO PARA NUESTRAS ALMAS

El Señor Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cansados y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para nuestras almas porque mi yugo es fácil y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30).

El descanso que el Señor Jesús prometió está precedido por tres mandamientos: “venid”, “llevad mi yugo” y “aprended de mí”. Los que creen en el Señor Jesús

obedecerán estos mandamientos y así encontrarán descanso para sus almas. Los que no creen y no obedecen no encontrarán este descanso.

En el año 1957 la revista estadounidense Fortune nombró a J. Paul Getty como el estadounidense más rico. En el año 1966 El Libro Guinness de los Récords lo nombró como el ciudadano privado más rico del mundo. No obstante, el Sr. Getty tuvo problemas para descansar. En el año 1973 su nieto de 16 años fue secuestrado y sus secuestradores pidieron un rescate de 17 millones de dólares. Cuando no recibieron una respuesta inmediata, los secuestradores cortaron una de las orejas del muchacho y la enviaron por correo a su abuelo. Prometieron más mutilación si no fuera pagado el rescate. Últimamente, el rescate fue reducido a 3 millones de dólares. Fue pagado y el muchacho fue librado. No obstante, aumentó el temor del Sr. Getty por su propia seguridad. La seguridad adicional alrededor de su mansión incluía perros viciosos con vigilantes afuera. También, un guardia especial con su perro que vigilaba la puerta de su dormitorio. Pusieron barras de fierro en todas las 500 ventanas de la mansión y la puerta a su dormitorio fue reforzada con acero. Había una buena cantidad de armas en la mesa al lado de su cama. Quizás su inhabilidad para descansar resultara de una falta de fe. Isaías advirtió: “Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodos. No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos” (Isaías 57:20 y 21).

¡Note el contraste! Para los que confían en el Señor: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3). Esta “paz completa” está hermosamente ilustrada en la vida del apóstol Pedro. Se encuentra la historia en Hechos 12. Hacía poco que Herodes había matado a Santiago, el hermano del Señor Jesús, con la espada y había detenido a Pedro con la intención de juzgarle después de la pascua. En la noche antes del juicio, Pedro estaba atado con dos cadenas y estaba durmiendo entre dos soldados. Estaba durmiendo tan profundamente que el ángel del Señor tuvo que golpearlo en el costado para despertarlo (Hechos 12:7). Tal paz no hubiera sido posible sin fe. Como ya sabe, fue milagrosamente librado de la muerte en aquella ocasión. El Señor Jesús prometió dar a Pedro una paz que el mundo no puede dar y Pedro lo creyó (Juan 14:27). El Señor Jesús también prometió: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción pero confiad, yo he vencido el mundo” (Juan 16:33). El hecho de que Pedro creía al Señor Jesús es la razón que podía descansar aunque estaba encadenado entre dos soldados.

Una palabra bíblica para “guarda” es phroureo. Es un término militar que se usa para describir como las personas importantes fueron protegidas por “guardas” durante las guerras. Es interesante que esta es la misma palabra que Pablo usó para describir la paz que está disponible para todos los creyentes. Dijo: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo

entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6 y 7). El preludio a esta paz comienza al confiar en Dios tan completamente que no estamos afanosos por nada. Además requiere que cuando oremos y hagamos peticiones a Dios, siempre tenemos que encontrar algo por lo cual estar agradecido. Cuando hacemos estas cosas, algo milagroso sucede. No tenemos que contratar a un guardia ni armar nuestro dormitorio con acero. Cuando creemos a Dios, de repente “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”

¿CREE QUE DIOS LE CUIDARÁ?

Hay un sentido en que la fe y las obras van juntas. Santiago escribió: “Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras” (Santiago 2:18).

No obstante, también vendrá un tiempo cuando hemos hecho todo que sabemos hacer y tenemos que “estar firmes” y confiar en Dios. Por ejemplo, cuando Israel estaba atrapado entre el ejército egipcio y el Mar Rojo, el esfuerzo humano no tenía valor. Fue entonces que Israel confiaba en Dios y no en carros y caballos (Salmo 20:7). Moisés dijo al pueblo: “No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre veréis” (Éxodo 14:13). ¡Su confianza en Dios hizo una diferencia! El Mar Rojo partió para ellos, pero el ejército egipcio se ahogó en él. ¡Confiaban en Dios y Él los cuidó!

El famoso empresario estadounidense J. C. Penney se declaró en quiebra después de la caída del mercado de valores in 1929. Tenía una deuda de 7 millones de dólares y no tenía ninguna manera de pagar a los acreedores. En ese tiempo el Dr. Elmer Eggleston lo admitió a un sanatorio y ordenó a las enfermeras que lo vigilaran día y noche. Sin dinero para pagar por su tratamiento, el Sr. Penney se resignó a morir y escribió cartas de despedida a su esposa y a sus hijos. Se despertó a la mañana siguiente sorprendido de estar vivo.

He aquí su testimonio: “Pero en la mañana estaba vivo. Despertar otra vez era un tipo de sorpresa extraña. De alguna manera vaga, sabía que debía haber una razón. No tenía idea qué sería esa razón ni había ninguna razón de investigarla. Yo estaba inquieto y aprensivo. Era aún temprano para que llegue la enfermera del día. Para hacer algo, me levanté, me vestí, y bajé por la escalera. Sentí una inmensa soledad. Me paré ahí, incierto, en un vacío que me pareció no tener un horizonte. Caminando por un corredor, escuché las notas de un conocido himno antiguo: ‘En tus afanes, y en tu dolor, Dios cuidará de ti, vive amparado en su inmenso amor, Dios cuidará de ti Dios cuidará de ti’. Pareció venir de la capilla. Aparentemente sin voluntad, fui lentamente hacia el sonido. La música se hizo más clara, ‘En tus afanes y en tu dolor, Dios cuidará de ti, vive amparado en su inmenso amor, Dios cuidará de ti. y por doquier contigo irá; Dios cuidará de ti, nunca te faltará. Si desfalleces en tu labor, Dios cuidará de ti, si ves peligros en derredor, Dios cuidará de ti.’ Entré a la capilla, y me senté en un asiento de atrás. ‘Nunca en la prueba sucumbirás, Dios cuidará de ti, en su regazo te apoyarás, Dios cuidará de ti’. Tranquilamente, alguien

leía un pasaje de las Escrituras: ‘Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras alma; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga’. Después había oración. Dentro de mí yo gemí; Señor, no puedo hacer nada. ¿Me cuidarás? En los momentos siguientes algo sucedió conmigo. Nunca he podido explicarlo claramente en palabras y ahora no puedo. Creo que fue un milagro. Tuve la sensación de ser levantado de un inmenso espacio oscuro a un gran espacio de luz del sol, cálido y brillante. Tuve el pensamiento repentino de que si yo había tomado la responsabilidad por tal éxito que había logrado, también yo era el único responsable por todos los problemas que había sufrido. Pero lo mejor era que ahora sabía que Dios, con su amor ilimitado e incomparablemente paciente, estaba presente para ayudarme. Dios me había contestado cuando clamé: Señor, no puedo hacer nada. ¿Me cuidarás? Esto fue su respuesta: Con una carga levantada de mi espíritu, salí de ese cuarto un hombre distinto, renovado. Había entrado con un espíritu quebrado y desorientado. Salí con un gran sentido de liberación de la esclavitud, de la muerte inminente a un pulso de vida esperanzada. Había vislumbrado a Dios.”

Todo esto sucedió en los años 1930. El Sr. Penney se recuperó completamente, espiritualmente, físicamente, emocionalmente, y económicamente. Vivió 40 años más y murió un hombre muy rico el día 12 de febrero del año 1971 a la edad de 96.

Nadie puede sobrevivir sin descansar. La persona promedia tiene que dormir 8 horas cada día. Esto significa que descansamos 1/3 de nuestra vida. Lo que creemos afecta nuestra habilidad de descansar. Si verdaderamente creemos que Dios cuidará de nosotros, podemos descansar de una manera distinta a los incrédulos.

¡Recuerde! Son los que hemos creído que entramos en el “reposo”.

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Este estudio fue escrito por Boyce Mouton. ¡Los derechos no son reservados! Se le permite a usar este material en su totalidad o en parte, sin cambios, para la gloria de Cristo y el avance de su reino.