DOS IMÁGENES
DOS IMÁGENES
“Así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial” (1 Corintios 15:49).
La palabra griega traducida como “imagen” en este versículo es eikon. En español se escribe “icono” y muy a menudo se relaciona con una imagen pequeña en la pantalla de una computadora. Haciendo “clic” en esa imagen pequeña puede abrir programas grandes. Entonces, al Señor Jesús se le llama la “imagen” o el “icono” del invisible Dios (Colosenses 1:15). Cuando hacemos “clic” en el Señor Jesús, se nos presenta a Dios. En el Señor Jesús habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad (Colosenses 2:9).
El pasaje al principio de este estudio señala que los creyentes tenemos una naturaleza doble. Físicamente, tenemos la “imagen” de Adán, mientras espiritualmente, tenemos la “imagen” del Señor Jesús. Note, por favor, que en este pasaje el Señor Jesús es llamado el “postrer” Adán (1 Corintios 15:45). Tal como el primer Adán inició una raza física en su propia imagen, el postrero Adán inició una raza espiritual en su propia imagen.
Examinemos estas dos imágenes más de cerca.
LA IMAGEN FÍSICA
Nuestro primer nacimiento resultó cuando una simiente física fue plantada en el vientre físico de nuestra madre terrenal. Cuando la esperma se unió con el óvulo (huevo) de nuestra madre, una nueva vida empezó. Esta nueva vida resulta de la combinación de 23 cromosomas de la madre y 23 cromosomas del padre. Estos grupos de cromosomas contienen unos 15,000 genes del padre y 15,000 genes de la madre. Las hebras de ADN de esta nueva vida son tan pequeñas que 5 millones pueden pasar por el ojo de una aguja a la vez. El Sr. Gary Bergel y el Dr. C. Everett Koop señalan en su librito que se titula “Cuando fuimos formados en secreto”, que “los genes, como las letras de un alfabeto divino, forman las características únicas del nuevo individuo. El color de los ojos, el cabello, y la piel, características del rostro, tipo de cuerpo, y ciertas calidades de personalidad e inteligencia son determinadas todas por esta codificación genética”.
Nuestros cuerpos terrenales contienen la “imagen” de nuestro padre terrenal. Su ADN es una parte integral de cada célula de nuestro cuerpo terrenal. ¡Sin importar qué comemos o cuánto tiempo vivimos, el código genético de nuestro ser físico no cambia! Por supuesto, este cuerpo físico es sólo temporal. Las Escrituras nos recuerdan que las cosas que se ven son temporales, pero las cosas que no se ven son eternas (2 Corintios 4:18). Obviamente, cosas temporales como la carne y la sangre no pueden heredar el
reino de Dios que es eterno (1 Corintios 15:10). Como todas las cosas físicas, nuestra imagen terrenal está destinada a la destrucción.
LA IMAGEN ESPIRITUAL
Pedro nos recordó a nosotros, los creyentes, que somos “renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible” (1 Pedro 1:23). Como el Señor Jesús dijo a Nicodemo: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:6). Cada semilla da fruto según su género (Génesis 1:11). Vida espiritual sólo puede venir de una simiente espiritual. ¡Por eso, tenemos que nacer de nuevo para que tengamos vida eterna!
Esta simiente espiritual, aunque invisible al ojo humano, lleva la “imagen” de nuestro Dios invisible. Aunque no se ve esta simiente espiritual, aún está viva, activa, y es poderosa. De hecho, la simiente del Señor Jesús que mora en nosotros literalmente transforma nuestras vidas (1 Juan 3:9). El viento sopla de donde quiere (Juan 3:8). No vemos el viento, pero lo escuchamos. Sabemos que el viento sopla porque vemos qué hace. Esto es similar a lo que sucede con nosotros cuando nacemos del Espíritu. La transformación de nuestras vidas es obvio. Los creyentes somos renovados en conocimiento conforme a la “imagen” de nuestro Creador (Colosenses 3:10). De hecho, los creyentes somos predestinados por Dios para ser conformados a la “imagen” de su Hijo (Romanos 8:29).
Es interesante notar que el “nuevo nacimiento”, o conversión, se describe como Dios escribiendo sus leyes en nuestras mentes y en nuestros corazones (Hebreos 8:10; 10:16). Este “nuevo pacto” pone dentro de nosotros la “imagen” o código genético del Señor Jesús.
Consecuentemente, tal como hemos llevado le imagen del terrenal, también llevaremos la imagen del celestial. Ya que la imagen del celestial es espiritual, durará para siempre.
LA IMAGEN DE LO TERRENAL
Al principio de este estudio, citamos al Dr. C. Everett Koop que dijo que cuando se concibe un bebé, “los genes, como las letras de un alfabeto divino, forman las características únicas del individuo”. La absoluta complejidad de esta “imagen” está más allá de la comprensión humana.
Una planta de tomates y un árbol de Secoya vienen de semillas de casi el mismo tamaño. La diferencia con respecto a cómo crecen se determina por el código genético de cada semilla. La planta de tomates crece a una altura de aproximadamente un metro. El árbol de Secoya crece a una altura de aproximadamente 90 metros. Entonces cuando se concibe un bebé en el vientre, todo aspecto del desarrollo físico de ese niño se
determina por su código genético único desde el primer día. El crecimiento humano es dirigido por un plano o “imagen” que hemos recibido de Adán. Por favor, considere en oración cómo Dios nos compuso en el vientre de nuestra madre. De veras, somos “creaciones admirables” (Salmo 139:14 NVI).
- El cerebro humano contiene 100 mil millones de neuronas y cada una está
conectada a unas 10,000 otras neuronas.
- El ojo es un sistema interrelacionado con aproximadamente 40 subsistemas. La
retina del ojo contiene 137 millones de células en forma de varillas que nos permiten ver en blanco y negro y 7 millones de células en forma de conos que nos permiten ver colores. El ojo, el nervio óptico, y la corteza visual son capaces de captar, entregar, e interpretar hasta 1.5 millones de mensajes de pulso cada milisegundo.
- Algunos eruditos consideran que el oído es el sistema de los sentidos más
complejo del cuerpo humano. Puede procesar ondas pequeñas de la presión sonora por medio de las moléculas de aire que hacen contacto con el tímpano en señales neuronales que son enviadas al cerebro e interpretadas como sonido.
- El corazón humano late 70 veces por minuto y bombea 7 toneladas de sangre
cada día.
- El sistema circulatorio de nuestro cuerpo tiene unos 100,000 a 160,000
kilómetros de largo.
- Las arterias se relajan cuando el corazón late y se contraen entre latidos, de esta
manera supliendo a las ramas más pequeñas del sistema circulatorio un flujo suave y constante de sangre.
- La sangre contiene 30,000,000,000 de células rojas que son destruidas al ritmo
asombroso de 72 millones por minuto. Mientras están destruidas, el cuerpo conserva 85% de su hierro vital que regresa a la médula ósea para hacer nueva hemoglobina. Sin esta habilidad para conservar el hierro, moriríamos de anemia.
- La velocidad de la sangre es controlada por el centro vasomotor en la base del
cerebro. La sangre fluye lentamente cuando la persona está descansando, y más rápido durante actividades agotadoras.
- Los riñones contienen unos 100 kilómetros de vasos sanguíneos y cada día
separan 170 litros de filtrado de la sangre. 168 litros de sangre purificada regresan al sistema, y 1.9 litros están extraídos como deshechos.
- El hígado está diseñado para asegurar que la sangre contiene la cantidad exacta
de azúcar que se necesita en todo momento. Cuando una persona come
demasiado, el hígado almacena el exceso y guarda un suministro de aminos y glucógeno para emergencias.
- El cuerpo humano no sólo crece según el plano divino, sino tiene la capacidad de
sanarse y reproducirse.
- Además de estas, hay un sin número de otras características en nuestro código
genético. Como copos de nieve, cada nueva persona es única. Tenemos nuestras huellas digitales, voz, rasgos faciales, y fisionomía. Por ejemplo “escaneos oculares” pueden diferenciarnos de las demás personas en la tierra, tal como lo hacen nuestras huellas digitales.
- Recuerde, por favor, que todo esto y más fue puesto en nuestro código genético por Dios desde el momento de concepción.
LA IMAGEN DE LO CELESTIAL
Cuando nacemos de nuevo, Dios promete “escribir” sus leyes en nuestros corazones y en nuestras mentes. Como sabemos, esta promesa de Dios fue registrada en el libro de Jeremías siglos antes de que se cumplió (Jeremías 31:33).
- La palabra hebrea para “escribir” es kathab y se encuentra más de 200 veces en
las Escrituras del Antiguo Testamento. Es significativo que se usa esta palabra en Éxodo 31:18 para enseñarnos que los diez mandamientos fueron “escritos” por el dedo de Dios. Note que el pacto antiguo (los diez mandamientos) fue escrito por Dios en tablas de piedra y no podía ser cambiado. La gente fue prohibida de manipular las leyes de Dios. No pudo añadir a, ni disminuir de lo que Dios había escrito (Deuteronomio 4:2). Cuando Moisés recibió los diez mandamientos, se nos dice que Dios “no añadió más” (Deuteronomio 5:22).
- Aparentemente, lo mismo es cierto con el nuevo pacto. La palabra griega
traducida como “escribir” con respecto a esto, es epigrapho. (Epi = sobre, grapho = escribir). Las cinco veces que se usa la palabra epigrapho en las Escrituras del Nuevo Testamento no se refieren a escritura en progreso, sino a escritura que ha sido completada. Se usa en:
(1) Marcos 15:26 con respecto a la escritura en la cruz
(2) Hechos 17:23 con respecto a la escritura en el altar del dios no conocido.
(3) Apocalipsis 21:12 con respecto a los nombres de los 12 tribus escritos sobre las puertas de la nueva Jerusalén.
(4) Hebreos 8:10 con respecto al nuevo pacto cuando Dios escribe sus leyes en los corazones de los creyentes.
(5) En Hebreos 10:16 con respecto al nuevo pacto cuando Dios escribe sus leyes en las mentes de los creyentes.
Note, por favor:
- Sabemos que Dios escribió los diez mandamientos y no podían ser cambiados.
- Sabemos que Dios escribió la imagen de Adán en nosotros en el momento de
nuestra concepción física, y que nuestro ADN físico no cambia.
- Por favor, considere el hecho de que cuando nacemos de nuevo, Dios escribe sus leyes en nuestros corazones y en nuestras mentes y que ellas no cambian. Como cristianos, pasamos el resto de nuestras vidas viviendo según el plan magnífico que Dios puso en nuestros corazones y en nuestras mentes en el día de nuestra conversión.
- En la Biblia se usa la palabra “metamorfosis” como una ilustración de la
conversión. Se usa esta palabra 4 veces en la Escrituras. Dos veces se refiere a lo que sucedió al Señor Jesús en el monte de la transfiguración. Dos veces se refiere a la transformación de los creyentes de las obras de la carne al fruto del Espíritu (Mateo 17:2; Marcos 9:2; Romanos 12:2; 2 Corintios 3:18).
- El nuevo pacto no nos “conforma” por las reglas de afuera, sino nos “transforma”
de adentro por el poder del Señor Jesús. La diferencia entre la oruga fea y la mariposa hermosa es precisamente lo que se ve en nosotros que nacemos de nuevo.
- Saulo de Tarso es un ejemplo excelente de la transformación. Antes de su
conversión, era destructivo como la oruga; después de su conversión era muy manso como una mariposa. Él dijo a Timoteo que su conversión fue un ejemplo que Dios dio para los que habrían de creer en el Señor Jesús para vida eterna (1 Timoteo 1:15 y 16).
- Por favor, recuerde también que Saulo de Tarso demoró años en madurar en la fe
cristiana.
- Él fue apartado desde su nacimiento para ser un apóstol a los gentiles (Gálatas 1:15 y 16).
- Probablemente, hacía más de 30 años cuando el Señor Jesús se le apareció en el camino a Damasco (Hechos capítulos 9, 22, y 26).
- Él pasó 3 años en Arabia (Gálatas 1:18).
- También pasó varios años en Tarso (Hechos 9:30; 11:25).
- En Hechos 13:1-3 el Espíritu Santo separó a Bernabé y a Saulo para la obra a que él los había llamado.
- La madurez física de Pablo vino muchos años después de su nacimiento.
- La madurez espiritual de Pablo también vino muchos años después de su nuevo nacimiento.
- ¡Creamos que el que comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionará!
(Filipenses 1:6).
NUTRICIÓN FÍSICA
La vida humana diminuta que comienza en el vientre de la madre, necesita nutrición para sobrevivir y crecer. Por aproximadamente 9 meses, esta nutrición viene de la madre por medio del cordón umbilical. Después recibe nutrición oralmente. Sin la nutrición física, moriremos.
Entonces Dios nos ha dado hambre para asegurar que sobrevivamos. Cuanto mayor el hambre, mayor es el esfuerzo que estamos dispuestos a hacer para satisfacerlo. Ya que el alimento es esencial para sobrevivir, cuando los hebreos tenían mucha hambre, fueron motivados a buscar algo para comer. No obstante, el maná del cielo que Dios proveyó para los hebreos, no fue fácil de conseguir.
Por favor, considere:
- El maná caía del cielo y fue recogido fuera del campamiento.
- Del centro del campamento hasta afuera había una distancia de más de un
kilómetro (un viaje del día de reposo).
- Ya que había dos o tres millones de personas recogiendo el maná a la vez, debe
haber sido necesario caminar varios kilómetros para recoger lo suficiente para un día.
- Había solamente un poco de tiempo para recoger el maná. Aparecía cuando el
rocío había cesado (Éxodo 16:14), y se derretía cuando el sol calentaba (Éxodo 16:21).
- El maná era como “una escarcha sobre la tierra” (Éxodo 16:14), y cada persona
tenía que recoger aproximadamente 2 litros cada día. ¡Esto no era fácil!
- Tuvieron que recoger el maná cada día porque lo que quedaba criaba gusanos, y
hedía (Éxodo 16:20). Se hizo una excepción cada semana para el día de reposo;
así que en el día sexto podían recoger suficiente para dos días y no se malograba (Éxodo 16:24-30).
- Una vez recogido el maná, tenía que ser preparado y cocinado. Por supuesto, en
el desierto, no era fácil obtener agua y leña.
- Aunque el maná milagroso vino del cielo como un regalo de Dios, fue necesario
expender mucho tiempo y mucha energía cada día para poder “comer” lo que Dios había provisto.
NUTRICIÓN ESPIRITUAL
Cuando hubo la tentación de convertir piedras a pan, el Señor Jesús recordó al diablo que “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). Esta es una cita de Deuteronomio 8:3: “Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre”. Note, por favor, que ¡alimentar al pueblo con maná era para enseñarle algo! ¡ERA PARA ENSEÑARLE QUE NO SÓLO DE PAN VIVIRÁ EL HOMBRE, MAS DE TODO LO QUE SALE DE LA BOCA DE JEHOVÁ!
Hay una conexión obvia entre el comer maná y el estudiar las Escrituras. ¡Ambos son esenciales! Tal como Israel físico no podía vivir sin maná, Israel espiritual no puede vivir sin la Palabra de Dios. Como niños recién nacidos que anhelan la leche, los cristianos debemos anhelar cada palabra que sale de la boca de Dios (1 Pedro 2:2). Tal como Israel físico se marchitaría y moriría sin el maná, los cristianos pueden marchitarse y morir sin la nutrición diaria de la Palabra de Dios.
Los de Berea eran más nobles y ellos fueron un buen ejemplo para todos los creyentes al estudiar las Escrituras cada día (Hechos 17:11). Tal como los hebreos pasaron varias horas cada día para sobrevivir y crecer con el maná, los de Berea pasaron varias horas cada día para sobrevivir y crecer con las Escrituras. Imagínese cómo sería estudiar las Escrituras en Berea hace 2000 años. Ya que la prensa tipográfica fue inventada aproximadamente mil años más tarde, había pocos ejemplares de las Escrituras y eran caros. La sinagoga local usualmente tenía algunos libros de las escrituras hebreas, pero ellos no eran fácilmente accesibles. Los nobles de Berea, como los hebreos de la antigüedad, tuvieron que dejar sus hogares y caminar a algún lugar para conseguir nutrición. Las Escrituras en Berea sin duda estaban guardadas en el “arca santo” en la sinagoga local. Ya que no habría los rollos para todos, algunas personas tendrían que formar cola. Ya que no había capítulos ni versículos en las Escrituras en esa época, no era fácil localizar y verificar las enseñanzas de Pablo, ¡pero aún lo hicieron! Las Escrituras son explícitas: “Y estos eran más nobles que los
que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11).
La mayoría de la gente del mundo son como los hebreos de la antigüedad, ya que pasan mucho tiempo cada día solamente tratando de sobrevivir. Sin dinero, comida rápida y hornos de microondas, tienen que vivir una vida de privación y hambre. No obstante, muy a menudo ellos son los que tienen el mayor hambre de las enseñanzas de la Biblia. Un misionero a África comparó los estudiantes de allá con los de los EUA al señalar que en África caminarían muchos kilómetros para escuchar las enseñanzas de la Biblia. Esos estudiantes ansiosos se sentarían en los asientos delanteros y con mucho gusto se quedarían allí por horas. Al contrario, en los EUA los estudiantes de un instituto bíblico manejarían su autos al instituto, se sentarían en los asientos de atrás y preguntaron: “Tengo que saber esto para la prueba?”
Por favor, considere otra vez estas palabras inspiradas: “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor” (1 Pedro 2:1-3).
El Señor Jesús lo dijo así: “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará” (Juan 6:27).
EL VERDADERO TESORO
Casi todos nosotros estamos intrigados por historias de tesoros. El Señor Jesús habló de un tesoro para enseñarnos sobre la importancia de su reino eterno. Él dijo: “El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo” (Mateo 13:44).
¡Note! Este tesoro escondido es semejante al reino de los cielos. Como es espiritual, el hombre tiene que “nacer de nuevo” para verlo (Juan 3:3-5). Ya que este tesoro eterno involucra el nuevo nacimiento, nos hace volver al sujeto de la semilla espiritual y una imagen espiritual. Ahora, este “tesoro” está en vasos de barro (2 Corintios 4:7), y toda la creación física gime y está con dolores de parto, esperando la redención de nuestro cuerpo (Romanos 8:22 y 23). Como los creyentes vemos lo que es invisible para otros, estamos dispuestos a hacer cualquier sacrificio necesario para heredar el tesoro eterno que Dios ha reservado en el cielo para nosotros. “Las
aflicciones de este tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18).
El mundo no es nuestro hogar. Nuestra ciudadanía está en los cielos (Filipenses 3:20). Somos solamente extranjeros y peregrinos sobre la tierra (Hebreos 11:13). Cuando oramos, ofrendamos, o ayunamos, no lo hacemos para tesoros terrenales, sino para tesoros eternos. Cuando hacemos nuestra justicia en secreto, nuestro Padre Celestial promete que nos recompensará en público (Mateo 6:1-4). Este optimismo no es una opción. Esto es algo que TENEMOS QUE CREER. Note: “Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).
“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y el consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar” (Hebreos 12:1-3).
“No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Lucas 12:32-34).
¡RECUERDE! ¡LA IMAGEN DEL SEÑOR JESÚS DENTRO DE NOSOTROS ES NUESTRO BOLETO AL TESORO ETERNO!