DIVISIONES
DIVISIONES
“Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Romanos 16:17 y 18).
Cuando Pablo escribió esta carta a los romanos, Roma era la capital del mundo. En aquel entonces, tenía aproximadamente un millón de habitantes de varias razas, credos, y nacionalidades. Cuando esas personas se hicieron cristianos, sus diferencias crearon contiendas en la iglesia. Por eso, Pablo ponía énfasis en la necesidad del amor y la unidad y advirtió a los que causaban divisiones.
Por favor, considere:
- “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente
con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado” (Romanos 6:6 y 7).
- “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la
renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).
- “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre
vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros” (Romanos 12:3-5).
- “El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno.
Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Romanos 12:9 y 10).
- “Compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la
hospitalidad” (Romanos 12:13).
- “Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis”
(Romanos 12:14).
- “Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los
humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión” (Romanos 12:16).
- “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de los
hombres” (Romanos 12:17).
- “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos
los hombres” (Romanos 12:18).
- “Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed,
dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Romanos 12:20 y 21).
- “No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que
ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor” (Romanos 13:8-10).
- “Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones.
Porque uno cree se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres. El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido. ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme” (Romanos 14:1-4).
- “Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días.
Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios. Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos” (Romanos 14:5-8).
- “Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué
menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo” (Romanos 14:10).
- “Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien
decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano” (Romanos 14:13).
- “Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y
gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17).
- “Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación”
(Romanos 14:19).
- “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los
débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación. Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí. Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Romanos 15:1-4).
- “Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros
un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 15:5 y 6).
- “Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos
recibió, para gloria de Dios” (Romanos 15:7).
- “Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros
mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros” (Romanos 15:14).
Este estudio breve de Romanos 12 a 16 provee contexto a la amonestación de Pablo con respecto a los que causan divisiones. Los que causan divisiones del cuerpo de Cristo no están sirviendo el Señor Jesucristo, sino a sus propios apetitos egoístas. ¡Ciertamente, necesitamos evitar a tales personas! Después de enseñarles vez tras vez cómo estar unidos, y cómo superar sus diferencias, se ve claramente esta advertencia inspirada de Pablo!
“Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Romanos 16:17 y 18).