Boyce Mouton
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DIOS ESTÁ MIRANDO

Boyce Mouton · 8 pages · 3,332 words

DIOS ESTÁ MIRANDO

“No hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:13).

DAVID APRENDIÓ ESTA LECCIÓN A BASE DE ERRORES

La historia bien conocida de David y Betsabé se encuentra en 2 Samuel, capítulos 11 y 12. David era el rey de todo Israel y tontamente pensó que podía hacer lo que quería. Entonces tomó la mujer de Urías heteo y luego ordenó que él sea matado. El hecho de que Urías era “heteo” es significativo. Aunque Urías era uno de los hombres fuertes de David (2 Samuel 23:39), aún era un ciudadano de segunda clase en los ojos de David. Como sabemos, los heteos formaban una de las siete naciones que Dios ordenó que sean echadas de la tierra prometida. Israel fue mandado específicamente a “no tener misericordia de ellas” (Deuteronomio 7:1-6). Salomón, el hijo de David, hizo esclavos a los heteos, pero no a los israelitas (1 Reyes 9:20-22). En los días de Ezequiel, decir “tu madre era una hetea” fue un insulto despectivo (Ezequiel 16:3, 45). No obstante, ¡Urías creyó en Jehová y era un fiel siervo del rey David!

Cuando David codició la hermosa Betsabé, preguntó quién era y le fue dicho que era “hija de Eliam, mujer de Urías heteo” (2 Samuel 11:3). Como ya hemos mencionado, Urías era un soldado fiel y uno de los hombres fuertes de David. El padre de Betsabé, Eliam, el hijo de Ahitofel, también era un guerrero de David (2 Samuel 23:34). El hecho de que Urías heteo era el hijo de Ahitofel podría explicar por qué Ahitofel odiaba a David y se unió con Absalón en la rebelión contra él (2 Samuel 16:15).

¡Es importante entender que Urías ya no era pagano! No sólo creía en Jehová, sino, como ya hemos dicho, era también un siervo leal del rey David. Cuando David se enteró que Betsabé estaba embarazada, trató de esconder su pecado con llamar a Urías

que viniera de la batalla para estar con su mujer. No obstante, el noble Urías respondió al pecaminoso David: “El arca e Israel y Judá están bajo tiendas, y mi señor Joab, y los siervos de mi señor, en el campo; ¿y había yo de entrar en mi casa para comer y beber, y a dormir con mi mujer? Por vida tuya, y por vida de tu alma, que yo no haré tal cosa” (2 Samuel 11:11).

La integridad espiritual de Urías está establecida aun más por el hecho de que David confiaba en él, para que presentara a Joab su propia sentencia de muerte. David dio una carta a Urías para Joab, instruyéndole: “Poned a Urías al frente, en lo más recio de la batalla, y retiraos de él para que sea herido y muera” (2 Samuel 11:15). Ese acto de cobardía no sólo resultó en la muerte de Urías, sino también en la muerte de otros hombres leales del ejército de David (2 Samuel 11:17). Después de que Betsabé había lamentado la muerte de su marido, David “la trajo a su casa; y fue

ella su mujer, y le dio a luz un hijo. Mas esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová” (2 Samuel 11:27).

¡Por supuesto, Dios estaba mirando! Dios sabía todo lo que David había hecho y envió al profeta Natán para amonestarle (2 Samuel 12:1). Natán le contó a David una historia acerca de un hombre rico que oprimió a un hombre pobre. Se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre y dijo: “Vive Jehová, que el que tal cosa hizo es digno de muerte” (2 Samuel 12:5). Entonces Natán le dijo a David: “Tú eres aquel hombre” (2 Samuel 12:7).

El pecado tiene consecuencias. He aquí algunas de las consecuencias del pecado de David (véase 2 Samuel 12:10-14):

  • La espada nunca se apartó de su casa.
  • El propio hijo de David trajo calamidad sobre él y tomó a sus mujeres.
  • David pecó en secreto, pero Dios lo castigó a la vista de todos.
  • ¡El niño que David tuvo con Betsabé murió!

DAVID SE ARREPINTIÓ

En vez de enojarse con Natán, David se enojó con sí mismo y confesó: “Pequé contra Jehová” (2 Samuel 12:13). 1 Reyes 15:5 nos dice: “David había hecho lo recto ante los ojos de Jehová, y de ninguna cosa que le mandase se había apartado en todos los días de su vida, salvo en lo tocante a Urías heteo”.

David también mostró su arrepentimiento al componer el Salmo 51. He aquí parte de este hermoso Salmo: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; y conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seáis reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio. He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve. Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido. Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente. Entonces enseñaré a los

transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti” (Salmo 51:1- 13).

EN EL SALMO 139, DAVID TESTIFICÓ QUE DIOS ESTÁ SIEMPRE PRESENTE

He aquí una parte del Salmo 139: “Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender. ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán, aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz” (Salmo 139:1-12).

También necesitamos aprender que Dios está siempre mirando : “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Romanos 15:4).

LOS PECADOS DE DAVID FUERON CUBIERTOS

Cuando Adán y Eva pecaron, se dieron cuenta que estaban desnudos. Entonces cocieron hojas de higuera y se hicieron “delantales” (Génesis 3:7). No obstante, los “delantales” no fueron suficientes; entonces “Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió” (Génesis 3:21). Así que el concepto de “estar cubierto” está asociado con tener los pecados “cubiertos”. David escribió: “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado” (Salmo 32:1).

Yom Kippur es el día más santo del año judío. La palabra “yom” quiere decir “día” y la palabra “kippur” quiere decir “expiación” y viene de la palabra hebrea “kaphar” que quiere decir “cubrir”. Entonces “Yom Kippur” era “el día de cubrir”. Ese día el sumo sacerdote entró en el lugar santísimo y roció sangre hacia el propiciatorio que cubría los diez mandamientos (Levítico 16:13 y 14).

El simbolismo de ese día especial es significativo:

  • El pacto que Dios hizo con su pueblo fue los diez mandamientos. “Y él os

anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra; los diez mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra” (Deuteronomio 4:13).

  • Dios diseñó esta ley para condenarnos al darnos conocimiento de nuestro

pecado: “Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:19 y 20).

  • Los diez mandamientos fueron puestos en un cajón que se llamaba “el arca del

pacto” o “el arca del testimonio” (Éxodo 25:16).

  • Encima del arca del testimonio había un propiciatorio de oro fino (Éxodo 25:17).
  • A los dos extremos de esta tapa habían dos criaturas angélicas que se llamaban

“querubines” que tenían sus alas extendidas y sus rostros el uno enfrente del otro, mirando al “propiciatorio” (Éxodo 25:18-20).

  • Como sabemos, querubines fueron asignados por Dios para proteger el árbol de

la vida del hombre pecaminoso. Ahora estas criaturas angélicas estaban mirando hacia los diez mandamientos que nos condenarían como pecadores (Génesis 3:23 y 24).

  • No obstante, los querubines no vieron los diez mandamientos, sino solamente

vieron el “propiciatorio”. ¡Los querubines vieron solamente el propiciatorio de oro rociado con sangre!

  • El apóstol Juan nos dice que el Señor Jesucristo es la propiciación por nuestros

pecados (1 Juan 2:1 y 2).

  • ¡Así que el arca hermosamente simboliza que nuestros pecados son “cubiertos”

por el Señor Jesús! ¡Cuando Dios nos mira, no ve nuestros pecados, sino solamente ve al Señor Jesús! Por eso, no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús (Romanos 8:1).

MEJORES NOTICIAS

Fue una “buena noticia” que bajo el antiguo pacto, nuestros pecados fueron “cubiertos”, pero en Cristo tenemos “mejores noticias”. En Cristo, nuestros pecados no son meramente “cubiertos”, sino son completamente borrados. Pedro dijo: “Así que,

arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio” (Hechos 3:19). ¡En Cristo somos completamente inocentes como si nunca hubiésimo pecado!

Cuando el sumo sacerdote entró al lugar santísimo con la sangre de animales, fue solamente un recordatorio de que “en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados” (Hebreos 10:3). “Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10:11-14).

Esa “una sola ofrenda” del Señor Jesús “borró” los pecados de todos los creyentes, del pasado y del futuro. “Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna” (Hebreos 9:15). Este “nuevo pacto” es la esencia misma del Evangelio. Nos asegura que el Señor Jesús “con una sola ofrenda” hizo perfectos para siempre a los santificados”.

¡CUANDO SOMOS JUSTIFICADOS POR El SEÑOR JESÚS, ES COMO SI NUNCA HUBIÉSEMOS PECADO!

NINGUNA CONDENACIÓN HAY EN CRISTO

Después de explicar cómo la ley produjo muerte (Romanos 7:13), Pablo afirma triunfantemente: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1-4).

EL HECHO DE QUE DIOS ESTÁ MIRANDO ES REALMENTE BUENAS NOTICIAS

David, como un guerrero de Dios, constantemente estaba en peligro. No obstante, el “buen pastor” lo protegía. El “buen pastor” cuida a sus ovejas y moriría para protegerlas. El Señor Jesús dijo: “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas” (Juan 10:14 y 15). David se consoló en el hecho de

que el Señor era su pastor. Él escribió: “Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me haré descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días” (Salmo 23:1-6).

Nuestro “buen pastor” no está mirándonos para condenarnos, sino para salvarnos. El diablo es el acusador de los creyentes, no Dios (Apocalipsis 12:10). De hecho, las Escrituras nos aseguran que “No os ha sobrevendido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13).

He aquí otro Salmo exaltando la virtud del ojo vigilante de Dios: “Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. Jehová es tu guardador, Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no se fatigará de día, ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal; el guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre” (Salmo 121:1-8).

UN EJEMPLO DE COMO DIOS PROTEGIÓ A DAVID

He aquí un ejemplo de muchos de la manera en que Dios protegió a David: “Volvieron los filisteos a hacer la guerra a Israel, y descendió David y sus siervos con él, y pelearon con los filisteos; y David se cansó. E Isbi-benob, uno de los descendientes de los gigantes, cuya lanza pesaba trescientos siclos de bronce, y quien estaba ceñido con una espada nueva, trató de matar a David; mas Abisai hijo de Sarvia llegó en su ayuda, e hirió al filisteo y lo mató. Entonces los hombres de David le juraron, diciendo: Nunca más de aquí en adelante saldrás con nosotros a la batalla, no sea que apagues la lámpara de Israel” (2 Samuel 21:15-17).

En esa ocasión, Dios usó a Abisai para rescatar a David. En el caso de Daniel, usó a un ángel (Daniel 6:22). En el caso de Elías, instruyó a los cuervos a alimentarlo (1 Reyes 17:6). Cuando Eliseo necesitaba ayuda, Dios hizo flotar un hacha (2 Reyes 6:3-7). Cuando Josué necesitaba luz del día, Dios causó que el sol parara (Josué 10:12-14). Cuando Pedro necesitaba dinero, Dios lo proveyó por medio de un pez con una moneda

en la boca (Mateo 17:27) “He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír” (Isaías 59:1).

¡SI! ¡DIOS ES NUESTRO AMPARO Y FORTALEZA, NUESTRO PRONTO AUXILIO EN LAS TRIBULACIONES”! (Salmo 46:1). ¡ES BUENA NOTICIA QUE ÉL NOS ESTÁ CUIDANDO CONSTANTEMENTE!

OTROS TAMBIÉN ESTÁN MIRANDO

En el año 1954, Roger Bannister estableció un nuevo récord para la carrera de una milla, rompiendo la barrera de 4 minutos. Las condiciones no estaban tan favorables aquel día. Hacía frio y la pista estaba mojada. Había varios miles de espectadores en el estadio, animándolo, cuando Bannister estableció un nuevo récord, corriendo la milla en 3 minutos, 59.4 segundos. 46 días después, Juan Landy corrió una milla en 3 minutos, 58 segundos. Un año más tarde, 3 hombres corrieron una milla en menos de 4 minutos en una sola carrera. Hoy, casi 70 años más tarde, más de 1,000 corredores han roto esa barrera de 4 minutos que en el pasado se pensaba imposible superar.

No hay duda de que los espectadores alientan a los atletas a aumentar sus habilidades, su velocidad, y su fuerza. Con respecto a esto, el libro de Hebreos nos anima diciendo: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar” (Hebreos 12:1-3).

Pablo escribió: “Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí” (Romanos 14:7). Además de tener a Dios mirándonos, hay familia y amigos alrededor de nosotros y muchos otros que están mirándonos. También es posible que el autor de Hebreos estaba advirtiendo a sus lectores que los grandes héroes de la fe están mirándonos desde el cielo. Después de mencionar a esos fieles, el escritor une los capítulos 11 y 12 con las palabras “por tanto” que podría indicar que la “gran nube” de testigos mirándonos desde el cielo son espíritus. En Apocalipsis 6:9-11, Juan revela que las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios, nos estaban observando en la tierra y preguntaban: “¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?”

No obstante, aún más al grano, el escritor de Hebreos pone énfasis en la naturaleza de la adoración cristiana. La adoración judía ponía énfasis en lo físico (Hebreos 12:18-21). Los hebreos adoraban en un monte que se podía “tocar”, pero la adoración cristiana involucra realidades que no se puede tocar. Considere, por favor: “os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (Hebreos 12:22-24).

¡Sí! Además de los testigos humanos mirándonos en la tierra, también están mirándonos muchos millares de ángeles y los espíritus de los justos hechos perfectos. ¡Gloria a Dios! “Hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente” (Lucas 15:10).

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumidor de la fe” (Hebreos 12:11 y 2).