DIOS CONTESTA LAS ORACIONES
DIOS CONTESTA LAS ORACIONES
“Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto” (Santiago 5:17 y 18).
Santiago, inspirado por Dios, escribió esta carta. Era hermano del Señor. Comenzó: “Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud” (Santiago 1:1). Como sabemos, fueron dispersados por la persecución que comenzó cuando Esteban fue apedreado (Hechos 7:54—8:4). Les debe haber animado el recordarles que: “La oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:15 y 16).
Para animarlos a orar, Santiago usó el ejemplo de Elías. Él era “hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras”. Esto no es inusual porque Dios consistentemente ha escogido obrar con personas ordinarias. En esta manera cuando viene la victoria, será evidente y Dios recibirá la gloria, no el hombre. Elías fue mencionado en la Biblia por primera vez en 1 Reyes 17:1: “Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra”. El nombre “Elías” significa “Yahvé es mi Dios”. Él aparece repentinamente en la historia de Israel sin introducción, referencias humanas, ni credenciales terrenales. No obstante: “otra vez oró y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto” (Santiago 5:18).
El hecho de que Dios usara a un hombre como Elías no es único. Considere las palabras de Pablo a los corintios: “pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte” (1 Corintios 1:26-29).
Pablo practicaba lo que predicaba: “Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2:1-5).
Considere el ejemplo de Gedeón. Él se sorprendió de que Dios lo escogiera como juez para salvar a Israel. Le preguntó a Dios: “¿con qué salvaré yo a Israel? (Jueces 6:15). Cuando Gedeón reunió un ejército de 32,000 hombres, Dios le dijo que despidiera a todos menos 300: “no sea que se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado” (Jueces 7:1-7).
¡Cuando Dios usa a personas ordinarias como Elías, Gedeón, o a nosotros, obviamente la gloria será para él!
En una ocasión, el Señor Jesús contó una parábola para mostrar a sus discípulos que los hombres siempre deben orar y no desmayar. La parábola tuvo que ver con un juez que ni temía a Dios ni se preocupaba por otros hombres. Pero el juez honró el pedido de una viuda humilde y le dijo: “Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:4-8).
¡Aunque Dios sabe lo que necesitamos antes de pedirle, aun nos pide orar y no darnos por vencidos! (Mateo 6:8).
El privilegio de orar es especialmente valioso cuando estamos enfrentando pruebas. Como ya hemos dicho, Santiago dirigió su carta a “las doce tribus que están en la dispersión” (Santiago 1:1). Como sabemos, en los días de Moisés, Dios guio a las doce tribus a través del desierto con una nube de día y con fuego de noche. Fue fácil saber cuándo moverse y a dónde irse. Cuando la nube se movía, ellos se movían: “Mientras la nube se detenía sobre el tabernáculo permaneciendo sobre él, los hijos de Israel seguían acampados, y no se movían; más cuando ella se alzaba, ellos partían” (Números 9:22). Santiago sabía que sería obvio a los de las doce tribus dispersadas de esperar la dirección de Dios.
Entonces Santiago escribió: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos” (Santiago 1:2-8).
DEBEMOS ORAR POR TODO
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6 y 7).
Pablo, inspirado por Dios, escribió estas palabras acerca de la oración desde la cárcel. Sus instrucciones son claras y sencillas.
- Primero, no se preocupe por nada.
- Segundo, en cada situación haga sus oraciones y peticiones con acción de gracias.
- Entonces ¡la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará nuestros
corazones y nuestras mentes en Cristo Jesús!
- Millones de personas han obedecido estas instrucciones y han recibido la paz de
Dios que sobrepasa todo entendimiento.
El apóstol Pedro es un buen ejemplo. El perverso rey Herodes había matado a espada a Jacobo, el hermano de Juan: “Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro. Eran entonces los días de los panes sin levadura. Y habiéndole tomado preso, le puso en la cárcel, entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados cada uno, para que le custodiasen; y se proponía sacarle al pueblo después de la pascua. Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él. Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel. Y he aquí se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo; Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos. Le dijo el ángel: Cíñete, y átate las sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete en tu manto, y sígueme. Y saliendo, le seguía; pero no sabía que era verdad lo que hacía el ángel, sino que pensaba que veía una visión. Habiendo pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y salidos, pasaron una calle, y luego el ángel se apartó de él” (Hechos 12:3- 10).
Por favor, considere:
- La fiesta de los panes sin levadura tomaba lugar al mismo tiempo que la pascua
(Lucas 22:1).
- Hacía frío de noche durante este tiempo del año. Como sabemos, cuando el
Señor Jesús fue crucificado durante la pascua: “habían encendido un fuego, porque hacía frío, y se calentaban; y también con ellos estaba Pedro en pie, calentándose” (Juan 18:18).
- Pero la noche antes del juicio de Pedro, ¡aparentemente no estaba preocupado en
absoluto! De hecho, ¡estaba tan dormido que el ángel del Señor tuvo que tocar su costado para despertarle!
- Para muchas personas, sería difícil dormir en una cama cómoda bajo tales
circunstancias, pero Pedro dormía como un bebé. ¡Recuerde! Estaba encadenado entre dos soldados, aparentemente en el piso frío de la cárcel sin una frazada y aún estaba bien dormido.
- Esto es un ejemplo maravilloso de una paz que sobrepasa todo entendimiento,
guardando su corazón y mente.
DIOS ESTÁ EN CONTROL
Santiago cita a Job como un ejemplo de perseverancia: “He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Santiago 5:11). Como sabemos, nada sucedió a Job sin el permiso de Dios. Aunque Job sufrió mucho, nunca fue tentado más allá de lo que podía soportar. Dios cuidadosamente vigiló la situación para que Job fuera victorioso. De hecho, “bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero” (Job 42:12).
Entonces Dios también vigila cuidadosamente nuestra situación. Nunca permitirá que seamos tentados más de lo que podamos soportar (1 Corintios 10:13). Dios puede contestar nuestras oraciones y darnos la victoria en un infinito número de maneras. ¡Recuerde! “Así que, ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es vuestro: sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios” (1 Corintios 3:21-23). Aun los ángeles son espíritus enviados especialmente para servir a los que heredarán la salvación (Hebreos 1:14).
- Esto es precisamente la razón por qué Santiago citó a Elías para ilustrar algunas
oraciones contestadas. Santiago quería que las personas oren y citó a Elías como un ejemplo para animarles. Elías era una persona ordinaria, tal como nosotros, y cuando él oró, no llovió por tres años y seis meses. Entonces oró otra vez y comenzó a llover. Elías ganó la victoria sobre 450 profetas de Baal y 400 profetas de Asera, y el hecho de que Dios controlaba el clima fue la clave de su victoria (véase 1 Reyes 17 y 18).
- El ejemplo de Elías prueba que Dios aún controla el clima. Hay muchos ejemplos
de esto en la Biblia.
- Como se sabe, Dios destruyó la tierra entera con un diluvio (Génesis 6:9— 9:17).
- Dios hizo caer azufre ardiente del cielo sobre Sodoma y Gomorra (Génesis 19:24).
- La séptima plaga que Dios envió sobre Egipto involucró una tormenta de granizo que destruyó todo el campo, los hombres y las bestias. Destruyó todo lo que crecía y desgajó todos los árboles. “Solamente en la tierra de Gosén, donde estaban los hijos de Israel, no hubo granizo” (Éxodo 9:22-26).
- Cuando Israel necesitaba agua, Dios dijo a Moisés: “Pasa delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos de Israel; y toma también en tu mano tu vara con que golpeaste el río, y ve. He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel” (Éxodo 17:5 y 6).
- Dios causó que los muros de Jericó se derrumbaran, quizás con un terremoto (Josué 6:20).
- Dios dio a Josué la victoria sobre cinco reyes al causar que el sol se detuviere, y al mandar granizo que mató a más de los enemigos que las espadas de los israelitas (Josué 10:1-15).
- Dios dio a Débora y a Barac la victoria sobre Sísara quien tenía 900 carros de hierro. Una razón por la victoria era: “La tierra tembló y los cielos destilaron” (Jueces 5:4). ¡Carros de hierro no funcionan bien en el lodo!
- Cuando Jonatán y su portador de armas atacaron a los filisteos, la tierra tembló y Dios causó pánico entre los soldados del ejército filisteo (1 Samuel 14:1-17).
- Dios dio la victoria a Joram y a Josafat porque él llenó el valle con agua, haciendo pensar a los moabitas que era sangre (2 Reyes 3:1-27).
- Dios detuvo la lluvia de Israel, esperando que esto los ayudara a arrepentirse. Él dijo: “También os detuve la lluvia tres meses antes de la siega; e hice llover sobre una ciudad, y sobre otra ciudad no hice llover; sobre una parte llovió, y la parte sobre la cual no llovió, se secó. Y venían dos o tres ciudades a una ciudad para beber agua, y no se saciaban; con todo, no os volvisteis a mí, dice Jehová” (Amós 4:7 y 8).
- El Señor Jesús calmó una tempestad al reprender el viento y al decir a las olas: “Calla, enmudece” (Marcos 4:35-39).
- Cuando el Señor Jesús fue crucificado: “Desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena” (Mateo 27:45).
- Cuando el Señor Jesús murió: “el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la
resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos” (Mateo 27:51-53).
- “Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos” (Mateo 28:1-4).
- Cuando Pablo y Silas fueron golpeados injustamente: “a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron” (Hechos 16:25 y 26). Esa misma noche, el carcelero y todos los de su casa se bautizaron (Hechos 16:33).
- Dios usó una tormenta para llevar la nave de Pablo a la isla de Malta donde él sanó al padre de Publio, el principal gobernante de la isla. “Hecho esto, también los otros que en la isla tenían enfermedades, venían, y eran sanados” (Hechos 28:9).
- “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino” (Lucas 12:32).
LA ORACIÓN DE JONÁS
¡Estoy seguro que Ud. conoce la historia! Cuando el Señor mandó a Jonás que fuera al este para predicar a los paganos de Nínive, él decidió ir al oeste para huir del Señor, y descendió a Jope donde encontró una nave que iba a Tarsis y “pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová” (Jonás 1:3).
- Entonces Dios envió un gran viento y una tempestad violenta y la nave estaba por
deshacerse.
- Todos los marineros tuvieron miedo. Cada uno oró a su propio dios y echaron la
carga al mar para hacer más ligera la nave.
- Aparentemente, Jonás no tenía miedo y estaba dormido debajo de la cubierta de
la nave.
- Los marineros echaron suertes y determinaron que Jonás era responsable por la
tormenta.
- Al ser confrontado por los marineros, Jonás dijo: “Soy hebreo, y temo a
Jehová, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra” (Jonás 1:9).
- Jonás les confesó que estaba huyendo de Jehová y dijo: “Tomadme y echadme
al mar, y el mar se os aquietará; porque yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre vosotros” (Jonás 1:12).
- Cuando echaron a Jonás al mar, el mar atormentado se calmó. “Pero Jehová
tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches” (Jonás 1:17).
- ¡DENTRO DEL PEZ, JONÁS COMENZÓ A CAMBIAR! NUNCA SE IMAGINÓ
CUAN DOLOROSO SERÍA DESAFIAR A DIOS! CON EL ALGA DEL MAR ENREDADA A SU CABEZA, ESTABA LUCHANDO PARA RESPIRAR. OBVIAMENTE ESTABA SUFRIENDO POR LOS ÁCIDOS EN EL VIENTRE DEL PEZ QUE TRATABA DE DIGERIRLO. DESDE EL INTERIOR DE ESE GRAN PEZ OFRECIÓ ESTA ORACIÓN ELOCUENTE:
- “Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre del pez, y dijo:
Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste. Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, y me rodeó la corriente; todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí. Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos; más aún veré tu santo templo. Las aguas me rodearon hasta el alma, rodeóme el abismo; el alga se enredó a mi cabeza. Descendí a los cimientos de los montes; la tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre; mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío. Cuando mi alma desfallecía en mí, me acorde de Jehová, y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo. Los que siguen vanidades ilusorias, su misericordia abandonan. Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová. Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra” (Jonás 2:1-10).
JONÁS RECIBIÓ UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD
“Vino palabra de Jehová por segunda vez a Jonás, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré. Y se levantó Jonás, y fue a Nínive conforme a la palabra de Jehová” (Jonás 3:1 y 2).
Jonás era uno de los más exitosos predicadores de todos los tiempos: “Y se levantó Jonás y fue a Nínive conforme a la palabra de Jehová. Y era Nínive ciudad grande en extremo, de tres días de camino. Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad, camino de un día, y predicaba diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destruida. Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos. Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos? Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo” (Jonás 3:3-10).
Jonás tuvo prejuicios contra los paganos de Nínive y no quería que fueran salvados. Las Escrituras continúan: “Y Jehová le dijo: ¿Haces tú bien en enojarte tanto? Y salió Jonás de la ciudad, y acampó hacia el oriente de la ciudad, y se hizo allí una enramada, y se sentó debajo de ella a la sombra, hasta ver qué acontecería en la ciudad. Y preparó Jehová Dios una calabacera, la cual creció sobre Jonás para que hiciese sombra sobre su cabeza, y le librase de su malestar; y Jonás se alegró grandemente por la calabacera. Pero al venir el alba del día siguiente, Dios preparó un gusano, el cual hirió la calabacera, y se secó. Y aconteció que al salir el sol, preparó Dios un recio viento solano, y el sol hirió a Jonás en la cabeza, y se desmayaba, y deseaba la muerte, diciendo: Mejor sería para mí la muerte que la vida” (Jonás 4:4- 8).
Debemos tener cuidado de cómo oramos: “Mejor sería para mí la muerte que la vida” (Jonás 4:8). Pero cuando estaba dentro del gran pez por tres días, afligido, rogó al Señor que lo salvara. Antes de que oremos, debemos considerar esta advertencia del Señor Jesús: “Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a este temed” (Lucas 12:4 y 5).
EL SEÑOR JESÚS NOS ENSEÑA CÓMO ORAR
“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; más si no perdonáis a los hombre sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6:9-15).
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