Boyce Mouton
lessonEspañol

CUENTA LAS ESTRELLAS

Boyce Mouton · 10 pages · 4,188 words

CUENTA LAS ESTRELLAS

Cuando Abraham estaba desanimado y necesitaba fe, Dios le ordenó: “cuenta las estrellas”. He aquí un poco de historia que nos ayudará a entender ese mandamiento más claramente. Años antes cuando estaba en Harán: “Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán. Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron” (Génesis 12:1-5).

Las Escrituras también enseñan que Dios apareció a Abram cuando estaba en Mesopotamia, antes de vivir en Harán. “Y él dijo: Varones hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán, y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré. Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán; y de allí, muerto su padre, Dios le trasladó a esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora” (Hechos 7:2-4).

Las Escrituras enseñan que Abram tenía 75 años de edad cuando salió de Harán y “la tradición judía” enseña que tenía 70 años de edad cuando salió de Mesopotamia. ¡Esto quiere decir que Abram había esperado mucho tiempo para que Dios cumpla su promesa!

  • ¡Sí! Dios prometió a Abram que su familia sería una gran nación.
  • Pero 15 años más tarde, Abram aún no tenía hijos.
  • Por eso, Abram estaba desanimado y oró a Dios; “Señor Jehová, ¿qué me

darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer? Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa. Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará este, sino un hijo tuyo será el que te heredará. Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia” (Génesis 15:2-6).

LA FE SE BASA EN LA EVIDENCIA

Juan específicamente escribió su Evangelio para proveer evidencia para nuestra fe: “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20:30 y 31).

Señales son una manera sencilla para dar dirección. Señales nos ayudan a no perdernos si prestamos atención a ellas. ¡Por eso, hay tantos señales en los carreteras! El Evangelio de Juan enumera siete “señales” para ayudarnos a llegar al cielo en el camino de la vida. Juan enumeró estas siete “señales” “para que creyendo, tengáis vida en su nombre”.

1. Convertir el agua en vino muestra que Jesús es el Señor de la naturaleza (Juan 2:1- 11).

2. Sanar al hijo de un oficial del rey muestra que Jesús es el Señor de la distancia (Juan 4:46-54).

3. Sanar a un hombre paralizado en el día de reposo se muestra que Jesús es el Señor sobre la ley (Juan 5:1-15).

4. Alimentar a los 5,000 muestra que Jesús es el Señor de la agricultura (Juan 6:1-14).

5. Caminar sobre el agua muestra que Jesús es el Señor de la ciencia (Juan 6:16-21)

6. Sanar a un hombre nacido ciego muestra que Jesús es el Señor del nacimiento (Juan 9:1-41).

7. Resucitar a Lázaro muestra que Jesús es el Señor de la muerte (Juan 11:1-57).

¡POR SUPUESTO, LA SEÑAL MÁS IMPORTANTE ES LA RESURRECCIÓN DE JESÚS MISMO! ¡JUAN ENUMERÓ SOLAMENTE UNAS POCAS SEÑALES QUE JESÚS HIZO! “Y HAY TAMBIÉN OTRAS MUCHAS COSAS QUE HIZO JESÚS, LAS CUALES SI SE ESCRIBIERAN UNA POR UNA, PIENSO QUE NI AUN EN EL MUNDO CABRÍAN LOS LIBROS QUE SE HABRÍAN DE ESCRIBIR. AMÉN” (JUAN 21:25).

Esto nos trae de nuevo a Abram contando las estrellas. La fe de Abram necesitaba evidencia y algo de esa evidencia está en las estrellas. Note: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos (Salmo 19:1). Ningún hombre sabe el número de las estrellas, sino Dios, porque “Él

cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por sus nombres” (Salmo 147:4). Así como cada ser humano es único, así también cada estrella es diferente de todas las demás en la gloria (1 Corintios 15:41).

En alguna manera misteriosa, Abraham también vio a Jesús. Jesús dijo a los judíos: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó” (Juan 8:56). Además de ser la “simiente” por la cual el mundo sería bendecido (Gálatas 3:16), las Escrituras son claras que Jesús creó las mismas estrellas que ayudarían a Abraham creer que “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios; y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todos las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella” (Juan 1:1-5).

¡Cuando Abram contó las estrellas, llegó a ver a Dios de otra manera y su fe le fue contada como justicia!

Antes de proceder, señalemos que Dios cambió el nombre de Abram (Padre exaltado), a Abraham (padre de multitudes) (Génesis 17:5). Así que el nombre Abram y el nombre Abraham se refieren a la misma persona.

¿CONTÓ ABRAM REALMENTE A LAS ESTRELLAS?

Mientras las Escrituras no dicen explícitamente que Abram contó las estrellas, nos recuerdan muchas veces que Abram obedeció a Dios. He aquí unos ejemplos de su obediencia:

  • “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que

había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba” (Hebreos 11:8).

  • Abram dio diezmos a Melquisedec y dijo al rey de Sodoma: “He alzado mi

mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram” (Génesis 14:22 y 23).

  • Cuando el Señor le dijo: “Tráeme una becerra de tres años, y una cabra

de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino” (Génesis 15:9), inmediatamente Abraham obedeció a Dios y preparó esas ofrendas precisamente como Dios le había mandado.

  • Dios cambió su nombre Abram a Abraham y al mismo tiempo, le dio el

mandamiento de la circuncisión: “Entonces tomó Abraham a Ismael su hijo, y a todos los siervos nacidos en su casa, y a todos los comprados por su dinero, a todo varón entre los domésticos de la casa de

Abraham, y circuncidó la carne del prepucio en aquel mismo día, como Dios le había dicho. Era Abraham de edad de noventa y nueve años cuando circuncidó la carne de su prepucio. E Ismael su hijo era de trece años, cuando fue circuncidada la carne de su prepucio. En el mismo día fueron circuncidados Abraham e Ismael su hijo. Y todos los varones de su casa, el siervo nacido en casa, y el comprado del extranjero por dinero, fueron circuncidados con él” (Génesis 17:23- 27).

  • Cuando Dios ordenó a Abraham a ofrecer a su hijo Isaac como holocausto en un

monte de Moriah, inmediatamente él obedeció y comenzó el viaje de tres días “muy de mañana” (Génesis 22:1-14).

  • “Porque Abraham obedeció a Dios, él le dijo: “Por mí mismo he jurado, dice

Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz” (Génesis 22:16-18).

  • ¡Intentar contar las estrellas sería un mandamiento fácil de obedecer comparado

con otros mandamientos dados por Dios!

  • ¡CIERTAMEENTE NO HAY RAZÓN PARA CREER QUE ABRAHAM NO

INMEDIATEMENTE CONTÓ LAS ESTRELLAS COMO DIOS LE HABÍA MANDADO!

¿CUÁNTAS ESTRELLAS PUDO VER ABRAHAM?

Según Wikipedia, los astrónomos piensan que hay entre 200 mil millones y 2 trillones de galaxias en el universo. Ellos también calculan que hay entre 100 mil millones y 400 mil millones de estrellas en nuestra galaxia. Es obvio que ningún hombre o grupo de hombres podría contar las estrellas. Aun con los telescopios más sofisticados, solamente “calculan” o “adivinan” cuántas estrellas hay. Con solamente los ojos humano, los expertos “calcula” que el hombre solamente puede ver entre 2,600 y 4,500 en una noche cualquiera.

Abraham era viejo y había visto esas estrellas miles de veces. Pero nunca antes había intentado contarlas. ¡Tal tarea no sería fácil! Cuando miró y se concentró en esa tarea, empezó a ver a Dios más claramente. Como Moisés concentrándose en la zarza ardiente, de repente el poder y la majestad de Dios vino a Abram con notable claridad. La mente de Abram fue activado para tener sed de la sabiduría de Dios, como el ciervo brama por el agua (Salmo 42:1). Eso es cuando “Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia” (Santiago 2:23).

El astrónomo famoso Galileo (1564-1642) ha sido llamado “el padre de la ciencia moderna”. Él instituyó cambios fundamentales en el estudio de la moción, la astronomía, la cosmología, la física, la biología, y la ciencia general. Él hizo sus

conclusiones basado en experimentación y observación. Galileo era un cristiano devoto que dijo: Dios es conocido por naturaleza en sus obras, y por la doctrina en su palabra revelada. Galileo no solamente creyó lo que vio en su telescopio, sino también creyó lo que vio en la Biblia.

Cuando Abraham contó las estrellas, su fe fue aumentada grandemente. Como Galileo, descubrió que no había diferencia entre lo que Dios dice en persona y lo que dice en la naturaleza.

“CREER” ES LA OBRA DE DIOS

Los judíos preguntaron a Jesús: “¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado” (Juan 6:28 y 29). Concentrar nuestro pensamiento no es fácil. Como se sabe, un gran número de “obreros” ganan la vida por enfocar sus mentes en trabajo por el cual reciben pago.

¡Mirar a las estrellas es fácil, pero contarlas es trabajo!

Considere el ladrón en la cruz. Jesús fue crucificado a las nueve de la mañana. En ese momento, los dos ladrones que fueron crucificados con él le injuriaban (Mateo 27:44). Pero más tarde, un ladrón comenzó a pensar con seriedad. Como Abram contando las estrellas o como un contador analizando los bienes de un negocio, ¡el ladrón mentalmente examinó la evidencia y llegó a una fe salvadora! Sus pensamientos lo guiaron a ver algo los discípulos de Jesús no vieron. Mientras los discípulos creían que Jesús estaba perdiendo su reino, el ladrón se dio cuenta que realmente Jesús estaba entrando en su reino. He aquí como Lucas fue inspirado a relatar la historia: “Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas este ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:39-43).

¡Esto es cierto! “Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado” (Juan 6:29).

  • Ahora consideremos el fondo de las palabras de Jesús con respecto a la “obra de

Dios” siendo “creer” en el que Dios ha enviado.

  • Después de que Jesús alimentó a los 5,000, los judíos dijeron: “Este

verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo” (Juan 6:14 y 15). Satanás ya había ofrecido a Jesús todos los reinos de este mundo (Lucas 4:5-7). No obstante, obviamente esto aún era una tentación que Jesús tuvo que superar. Entonces Jesús envió lejos a sus discípulos, despidió a la multitud, y entonces subió a un monte para orar (Mateo 14:22 y 23).

  • Juan continua: “Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar, y

entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos” (Juan 6:16 y 17).

  • “Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba. Cuando

habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. Mas él les dijo: Yo soy, no temáis. Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual llegó en seguida adonde iban” (Juan 6:18-21). Ya que Jesús puede controlar el viento y las olas, y aún puede andar sobre el agua, parece que este episodio entero fue diseñado por Dios para desafiarlos a pensar acerca de Dios de una manera mejor.

  • “Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos,

entraron en las barcas y fueron a Capernaum, buscando a Jesús, Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a este señaló Dios el Padre” (Juan 6:24-27). Todos los reinos del mundo que fueron ofrecidos a Jesús han desaparecido. Como migajas de pan que habían caído al suelo, no existen. Jesús quiere que pensemos en el pan que no se malogra, y en un reino que es eterno.

  • En ese momento Jesús les desafió: “Trabajad, no por la comida que perece,

sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a este señaló Dios el Padre” (Juan 6:27).

  • “Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las

obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado” (Juan 6:28 y 29).

LAS COSAS QUE VEMOS SON TEMPORALES

Los apóstoles de Cristo fueron enviados por Jesús como ovejas en medio de lobos y sufrieron mucho por predicar a Cristo. Pablo escribió: “que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos” (2 Corintios 4:8-10). ¡Pablo aprendió que para sobrevivir ese padecimiento, tenía que enfocarse en las cosas eternas!

  • ¡RECUERDE QUE JESÚS CREÓ LAS COSAS QUE SON VISIBLES Y LAS QUE

SON INVISIBLES, (COLOSENSES 1:16). ¡AMBAS COSAS SON REALES!

  • PERO LAS COSAS VISIBLES SON TEMPORALES Y ALGÚN DÍA SERÁN

DESTRUIDAS. DESAPARECERÁN COMPLETAMENTE (2 PEDRO 3:10).

  • ¡PERO LAS COSAS INVISIBLES DURARÁN PARA SIEMPRE!
  • POR ESO, PABLO ESCRIBIÓ: “No mirando nosotros las cosas que se ven,

sino las cosas que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:18),

  • ¡Esto no es fácil hacer! “Ver” lo “invisible” se describe como “el trabajo de

vuestro amor” (1 Tesalonicenses 1:3).

  • “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que

no se ve” (Hebreos 11:1).

  • No es fácil ver lo invisible, pero aún es posible. Un poco antes de la muerte de

Esteban, las Escrituras afirman: “Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios” (Hechos 7:55 y 56).

  • El libro de Hebreos nos anima “puestos los ojos en Jesús, el autor y

consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar” (Hebreos 12:2 y 3).

  • He aquí dos cosas que tenemos que creer para ser salvos: “Pero sin fe es

imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).

LA VISIÓN DE MOISÉS

“Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible. Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos. Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados” (Hebreos 11.24- 29).

  • La fe de Moisés le causó hacer una serie de cosas que parecen ser irracionales:
  • Rehusó su herencia real como hijo de la hija de Faraón.
  • Escogió ser maltratado juntamente con el pueblo de Dios.
  • Consideró la deshonra por la causa de Cristo más valioso que los tesoros de

Egipto.

  • No temía la ira de Faraón.
  • Por fe celebró la pascua para que los primogénitos no fueran matados.
  • Por fe partió las aguas del Mar Rojo con su vara.
  • ¡TODO ESTO FUE POSIBLE PORQUE MOISÉS VIO A ÉL QUE ES INVISIBLE!

Cuando María y Aarón se atrevieron a criticar a Moisés: “Jehová descendió en la columna de la nube, y se puso a la puerta del tabernáculo, y llamó a Aarón y a María; y salieron ambos. Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él. No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?” (Números 12:5-8).

Cuando Pedro predicó a miles de judíos en el pórtico de Salomón, citó Deuteronomio 18:15-19: “Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo” (Hechos 3:22 y 23).

Cuando un mago quiere engañar al público, muy a menudo usa algo para distraerla. Puede ser un sonido fuerte o una luz fuerte, un chasquido de dedos, un pisotón, o con una maniobra con una capa. Él espera que sus ojos se enfoquen en algo que distrae para engañar a su audiencia.

Entonces el diablo trató de distraer a Moisés con los “tesoros de Egipto”. Egipto era un líder del mundo desde su unificación alrededor del año 3,000 a. de C. hasta ser conquistado por Alejandro el Grande en el año 332 a. de C. Pero Ezequiel predijo con respecto a Egipto: “En comparación con los otros reinos será humilde; nunca más se alzará sobre las naciones; porque yo los disminuiré, para que no vuelvan a tener dominio sobre las naciones” (Ezequiel 29:15).

Pablo tenía razón cuando dijo: “Las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:18).

El famoso mártir Jaime Elliot estaba de acuerdo y dijo: “No es tonto quien da lo que no puede guardar para ganar lo que no puede perder”.

EXAMÍNESE A SÍ MISMO

Pablo escribió: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (2 Corintios 13:5).

Una manera de examinarnos es mirar en el espejo. Santiago advirtió: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor

de ella, este es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace” (Santiago 1:22-25).

Después de nacer de nuevo, éramos como bebés recién nacidos. Mientras tomábamos la leche espiritual y pura de su palabra, comenzamos a crecer (1 Pedro 1:23 –2:3). Es natural para el cristiano creer “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18).

Si miramos en el espejo y nos examinamos honestamente, será fácil ver si estamos creciendo y madurando. ¡Cada día debemos ser un poco más como Jesús! De hecho, como una oruga llega a ser una mariposa, cada día estamos siendo “transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).

El apóstol Juan en su primer libre nombra seis cosas que describen a todos los que son nacidos de Dios:

  • Todos los que hacen justicia son nacidos de Dios (1 Juan 2:29).
  • El que es nacido de Dios no practica el pecado (1 Juan 3:9).
  • Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios (1 Juan 4:7).
  • Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios, y todo aquel que

ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él (1 Juan 5:1).

  • Todo lo que es nacido de Dios, vence al mundo (1 Juan 5:4).
  • Juan repite la promesa que está en Juan 2:10: “Sabemos que todo aquel que

ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca” (1 Juan 5:18).

(Note: Cuando nacemos de nuevo, somos pecadores salvados por gracia). Juan explicó: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso. y su palabra no está en nosotros” (1 Juan 1:8-10). Los siguientes versículos explican cómo Jesús nos ayuda a evitar estos pecados de dos maneras. Primero, Jesús es nuestro “abogado”. Segundo, Jesús es la “propiciación” por nuestros pecados: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 2:1 y 2). ¡LA LECCIÓN ES, SI SOMOS NACIDOS DE NUEVO, JESÚS NOS AYUDA A NO CONTINUAR COMETIENDO LOS MISMOS ERRORES!

SI NOS AFERRAMOS A JESÚS, ÉL NOS AYUDARÁ A SER VICTORIOSOS

“Y a aquel que es poderoso para guardarnos sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén” (Judas 1:24 y 25).