Boyce Mouton
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CAÑAS CASCADAS Y PÁBILOS QUE HUMEAN

Boyce Mouton · 12 pages · 5,039 words

CAÑAS CASCADAS Y PÁBILOS QUE HUMEAN

El Señor Jesús entró a la sinagoga en el día de reposo y había allí un hombre que tenía una mano seca. Buscando una razón para condenar al Señor Jesús, los fariseos le preguntaron: “¿Es lícito sanar en el día de reposo?” El Señor Jesús les recordó que ellos rescatarían a una oveja que había caído en un hoyo en el día de reposo. El Señor Jesús continuó: “Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo. Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra. Y salidos los fariseos, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle” (Mateo 12:12-14).

“Sabiendo esto Jesús, se apartó de allí; y le siguió mucha gente, y sanaba a todos, y les encargaba rigurosamente que no le descubriesen; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: He aquí mi siervo; a quien he escogido; mi Amado, en quien se agrada mi alma; pondré mi Espíritu sobre él, y a los gentiles anunciará juicio. No contenderá, ni voceará, ni nadie oirá en las calles su voz. La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque a victoria el juicio. Y en su nombre esperarán los gentiles” (Mateo 12:15-21).

Muchos de los judíos esperaban a un Mesías político. Esperaban que el Mesías incitaría a la gente para que hubiera una revuelta contra Roma. Isaías predijo otro tipo de Mesías, totalmente distinto. El Mesías verdadero no discutiría ni incitaría a una multitud en la calle. El Mesías verdadero no lucharía contra Roma, más bien, se dedicaría a lo que el mundo considera una pérdida de tiempo. ¡No quebraría una caña cascada, ni apagaría un pábilo que humea! Traería también victoria al juicio, y los gentiles pondrían su esperanza en él. ¡El mensaje del Mesías verdadero era para todo el mundo! ¡A Dios él complacería y pondría su Espíritu en él, y él proclamaría justicia a los gentiles!

Hay tantas cañas que prácticamente no tienen valor. Mucha gente usa cañas para hacer canastas, esteras, y techos para sus casas. Una caña cascada es tan inútil que la mayoría de la gente la echaría en el fuego y buscaría otra. ¡El Señor Jesús no haría eso! El Señor Jesús vendaría la caña cascada y le daría la oportunidad de sanar.

En la antigüedad había lámparas que daban luz como una vela. Eran recipientes para aceite con un pábilo. Cuando se terminaba el aceite, el pábilo humeaba y ya no dio luz. Puede haber sido una molestia cuando no daba luz, sólo un poco de humo. La mayoría apagaría el pábilo que humeaba. Pero el Señor no haría esto. Él pondría más aceite en el recipiente para que otra vez emitiera luz.

Por supuesto, la aplicación de estas ilustraciones involucra a personas. El Señor Jesús se dio a sí mismo a la gente que se consideraba sin valor y aun quizás una irritación..

NIÑOS Y JÓVENES

Comencemos con los niños y los jóvenes. El Señor Jesús los amaba, pero hay muchos que no los aman. La Organización de Salud Mundial afirma que hay aproximadamente 73,000,000 abortos cada año. Muchas religiones paganas también matan a sus niños como sacrificios a sus dioses paganos. Los cananeos lo hizo y Moisés advirtió al pueblo de Dios: “No harás así a Jehová tu Dios; porque toda cosa abominable que Jehová aborrece, hicieron ellos a sus dioses; pues aun a sus hijos y a sus hijas quemaron en el fuego a sus dioses” (Deuteronomio 12:31). Tristemente, algunas de la gente de Dios adoptaron la práctica abominable de sacrificar a niños. Jeremías escribió: “Porque me dejaron, y enajenaron este lugar, y ofrecieron en él incienso a dioses ajenos, los cuales no habían conocido ellos, ni sus padres, ni los reyes de Judá; y llenaron este lugar de sangre de inocentes. Y edificaron lugares altos a Baal, para quemar con fuego a sus hijos en holocaustos al mismo Baal; cosa que no les mandé, ni hablé, ni me vino al pensamiento” (Jeremías 19:4 y 5).

Aun los discípulos del Señor Jesús no pusieron un valor apropiado en los niños: “Traían a él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos, les reprendieron. Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él” (Lucas 18:15-17).

Aún más serio: “En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe. Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar” (Mateo 18:1- 6).

¡Dios no se complace en las personas que no aman a los niños! ¡Causar que estos pequeños tropiezen es un error fatal! Sería mejor para esta persona que tenga colgado en el cuello una piedra de molino y que se hundiese en la profundidad del mar.

¡Sí! ¡Como una caña cascada, los bebés son frágiles! Son completamente incapaces de cuidarse a sí mismos o a cualquier otro. Aun una pequeña herida les podría causar daño permanente. Requieren cuidado constante y amor. No hacen nada útil para la sociedad. También los adultos a veces son como una caña cascada y el Señor Jesús se dedicaba a ellos para evitar que se rompieran.

“Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid. benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo; y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel y me vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25:34-40).

LOS ANCIANOS

Los ancianos, como los bebés, también requieren mucha atención. Ellos muy a menudo son incapaces de cuidarse a sí mismos ni a ningún otro. Demasiado frecuentemente no son capaces de proveer ningún servicio útil para la sociedad. Así como algunos quieren abortar a los bebés para evitar su cuidado, muchas personas también quieren aplicar la “eutanasia” a los ancianos para no tener que cuidarlos o para terminar su sufrimiento. La palabra “eutanasia” es una palabra compuesta de dos palabras griegas. Eu que significa “bueno” y tanatos que significa “muerte”. Cuando los médicos terminan la vida de alguien, no lo llaman “asesinato”, sino “eutanasia”. Por supuesto, llamar al asesinato una “buena muerte” no la hace buena.

Hay un número creciente de ancianos que están tan desanimados que solicitan la asistencia de los médicos para suicidarse. Muchos doctores están dispuestos a ayudarles a morir. “La principal diferencia entre eutanasia y suicidio asistido es quién hace el acto final fatal.” dijo Richard Huxtable, profesor de éticas médicas y la ley, de la Universidad de Bristol. Hay solamente unos pocos países donde la ley permite los dos, la eutanasia y el suicidio asistido. Los Annals of Pallative Medicine afirma: “Los actos de la muerte asistida, que incluye la eutanasia y el suicidio asistido por los médicos (SAM), han crecido significativamente alrededor del mundo durante los últimos 20 años.”

El salmista dijo: “No me deseches en el tiempo de la vejez; cuando mi fuerza se acabare, no me desampares” (Salmo 71:9). El Señor Jesús conocía ese Salmo y cuando estaba muriendo en la cruz, hizo arreglos con el apóstol Juan para el

cuidado de su madre: “Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa” (Juan 19:25- 27). ¡El Señor Jesús no hubiera estado de acuerdo si Juan hubiera terminado la vida de su madre por la eutanasia!

Note, por favor, que Juan era el único apóstol junto a la cruz con María, la madre del Señor Jesús. El Señor tenía cuatro hermanos y por lo menos dos hermanas (Marcos 6:3), ¡y ninguno de ellos estaba ahí! Si nos preguntamos por qué el Señor Jesús pidió a Juan que cuidara a su madre, debemos recordar que él era el único que estaba presente.

¡Dios ama a los ancianos! El Señor hizo arreglos para que el niño Jesús fuera bendecido por dos ancianos cuando sus padres lo llevaron al templo. El primero era Simeón. El era piadoso y devoto y estaba esperando la consolación de Israel. “Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor” (Lucas 2:26). Cuando Simeón lo tomó en sus brazos, bendijo a Dios, y dijo: “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; Porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel” (Lucas 2:29-32).

“Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, y era viuda hacia ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén” (Lucas 2:36-38).

Estos dos ancianos no encontraron al Señor Jesús por casualidad. ¡Sino Dios había arreglado este encuentro! ¡Quizás una razón que Dios hizo esto, fuera para enseñarnos que los ancianos son una parte integral de su plan! Los ancianos no deben ser reprendidos (1 Timoteo 5:1), y la religión pura es cuidar a las viudas y a los huérfanos (Santiago 1:27).

LOS LEPROSOS

Quizás los leprosos fueran las personas más condenadas al ostracismo por la sociedad judía. La ley especifica: “Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡Inmundo! Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será

inmundo; estará impuro, y habitará solo, fuera del campamento será su morada” (Levítico 13:45 y 46).

No obstante, el Señor Jesús cuidó y sanó a los leprosos en varias ocasiones.

  • “Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. Entonces Jesús le dijo: mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos” (Mateo 8:1-4).
  • “Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio. Entonces le encargó rigurosamente, y le despidió luego, y le dijo: Mira, no digas a nadie nada, sino ve, muéstrate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos” (Marcos 1:40-44).
  • “Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate; vete; tu fe te ha salvado” (Lucas 17:11-19).
  • El Señor Jesús mandó a sus discípulos: “Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia” (Mateo 10:8).
  • Los que tenemos el Espíritu de Dios, también cuidamos de los leprosos.
  • En los siglos doce y trece, hubo en toda Europa una epidemia de la lepra y los seguidores del Señor Jesús construyeron 19,000 casas para leprosos antes del año 1225. Más tarde, muchas de esas casas sirvieron como hospitales para las víctimas de la plaga bubónica.
  • La primera colonia para leprosos en Nigeria fue establecida por la iglesia presbiteriana en el año 1928.
  • El hermano Kotaya era de la tribu Banjara de la India. Cuando contrajo la lepra, inmediatamente fue condenado al ostracismo por su familia. Su mujer también la contrajo y fueron obligados a mendigar en la calle por pan y agua. Cuando fueron al Hospital Cristiano para Leprosos, fueron amados y aceptados. Entregaron sus vidas a Cristo como su Salvador, y ahora viven en una choza construida especialmente para los leprosos.
  • La hermana Martha es una viuda que tiene 90 años de edad. Cuando ella contrajo la lepra, ella también fue condenada al ostracismo por su familia, pero fue aceptada por los cristianos. Ella dice: “¡Aunque soy una pobre viuda leprosa, de ningún valor en los ojos del mundo, tengo gozo y paz con el Señor Jesús, y soy una hija de Dios que vivirá con él para siempre!”.
  • El hermano Ganesh fue criado en una familia hindú y él fue también condenado al ostracismo cuando contrajo la lepra. Él se convirtió al cristianismo y vive con su mujer en un cobertizo proporcionado por cristianos. Su mujer ministra al vendar las llagas de sus compañeros leprosos y él es conserje del edificio de su iglesia. Él dice: “Estoy muy bien y muy agradecido con el Señor Jesucristo que tiene compasión por los leprosos como yo”.
  • La iglesia independiente de la India tiene equipos de misioneros que han ayudado a los leprosos en más de 100 colonias con alimentos, ropa, mantas, y cuidado médico. Ellos han provisto agua dulce, han establecido iglesias, han entrenado a líderes cristianos, y han traído a miles a los pies de Cristo.
  • ¡Sí! ¡Nadie está tan enfermo que el Señor Jesús no lo ama! El Señor Jesús no quiebra una caña cascada ni apaga el pábilo que humea!

PECADORES VIOLENTOS

Saulo de Tarso era un pecador violento. Se encuentra su testimonio tres veces en el libro de los Hechos (9:1-31; 22:1-21;26:1-32). Saulo era el perseguidor principal de la iglesia, Él “asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel” (Hechos 8:3). Cuando estaba siendo juzgado ante el rey Agripa, Saulo dijo: “Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret; lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto. Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobre manera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras” (Hechos 26:9-11).

Después de convertirse en cristiano, su nombre fue cambiado a Pablo y él escribió más libros inspirados de la Biblia que cualquier otro. De hecho, Dios lo usó como un ejemplo. Si un pecador violento como Saulo de Tarso puede ser salvo, entonces cualquiera puede ser salvo. Pablo escribió a Timoteo: “Palabra fiel y digna de ser

recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna” (1 Timoteo 1:15 y 16).

Y considere el caso de este hombre, poseído por un demonio: “Vinieron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos. Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas. Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar. Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras” (Marcos 5:1-5).

Después de que el Señor Jesús echó fuera los demonios de ese hombre, se puso ropa y estaba en su sano juicio. De hecho, él quería seguir a Cristo Jesús: “Al entrar él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con él. Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuan grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti. Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban” (Marcos 5:18-20).

Por años, Josué Milton Blahyi, mejor conocido como “General Desnudo” era uno de los guerreros más temidos de Liberia. Blahyi tenía una reputación de ser más brutal que los demás líderes militares. Era caníbal que prefería sacrificar a los niños porque creía que su muerte le prometía más protección. Entró a las batallas desnudo, llevando una machete, porque creía que luchando desnudo lo hacía invulnerable. En todas las batallas nunca fue alcanzado por una bala. Sus soldados hicieron apuestas en cuanto a si una mujer encinta llevaba un niño o una niña, y entonces le cortaron el estómago para ver quién tenía la razón. ¡Blahyi personalmente mató a más de 20,000 personas! Por la gracia de Dios, fue bautizado en Cristo por un evangelista australiano que se llama Doug Willis. Blahyi ahora es predicador del Evangelio, buscando llevar a la gente, que anteriormente trataba de destruir, a los pies del Señor Jesús, para que ellos también sean salvos.

¡Sí! ¡Ningún pecador es demasiado violento para ser salvado por el Señor Jesús! ¡Verdaderamente, el Señor Jesús no quiebra la caña cascada ni apaga el pábilo que humea!

PECADOS SEXUALES

Las Escrituras del Nuevo Testamento comienzan con estas palabras: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham” (Mateo 1:1). Al Señor Jesús se le llama “hijo de David” seis veces en el Evangelio de Mateo. Como se sabe, David cometió adulterio con Betsabé. No obstante, David se arrepintió (Salmo 51), y es recordado como varón conforme al corazón de Dios (Hechos 13:22). Su relación

con el Señor Jesús no era por casualidad. Dios quiere que sepamos que los que se arrepienten pueden ser salvados de los pecados sexuales.

Se menciona en la genealogía del Señor Jesús a cuatro mujeres y en cada instancia se nos recuerda que Dios usa a personas pecaminosas. Se sabe que “todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). ¡Dios tiene que usar a pecadores, porque no hay otro tipo de personas! He aquí las mujeres que eran antepasadas del Señor Jesús:

  • Se menciona a Tamar en Mateo 1:3 Ella sedujo a su suegro y dio a luz a gemelos

(Génesis 38:11-30). Curiosamente, su gemelo Fares era antepasado de Cristo, aunque su hermano Zara salió primero y la nodriza había puesto un hilo rojo en su muñeca para probarlo. Tamar y Judá eran pecadores porque la ley afirma: “Si alguno durmiere con su nuera, ambos han de morir” (Levítico 20:12).

  • La segunda mujer mencionada en el linaje del Señor Jesús era Rahab la ramera

(Mateo 1:5).

  • La tercera mujer mencionada como antepasada del Señor Jesús era una mujer

moabita que se llamaba Rut (Mateo 1:5). La ley prohibió que entrara un moabita en la asamblea del Señor, aun hasta la décima generación (Deuteronomio 23:3).

  • La cuarta mujer mencionada en el linaje del Señor Jesús era la madre de Salomón

que había sido la mujer de Urías (Mateo 1:6). Como se sabe, su nombre era Betsabé. Puede que ella no haya sido totalmente inocente con respecto a su relación adúltera con David. Considere, por favor:

  • Ella estaba bañándose donde podía ser vista por David (2 Samuel 11:2).
  • Ella estaba tan cerca al palacio de David que él pudo ver que era hermosa.
  • Cuando concibió, avisó a David, no a su marido (2 Samuel 11:5).
  • ¡Aun si ella sedujo a David, él era culpable!
  • ¡Aun si no sedujo a David, ella era pecadora que necesitaba ser salvada por la gracia de Dios!
  • La lección es que los pecados sexuales no nos impiden que seamos perdonados o

que seamos siervos del Señor Jesús.

  • El Señor Jesús no quiebra una caña cascada ni apaga el pábilo que humea.

Como se sabe, el Señor Jesús invitó a una mujer samaritana a que bebiera del agua viva que pondría fin a su sed para siempre (Juan 4:13 y 14). Él hizo esa promesa sabiendo que esa mujer había sido casada cinco veces y en aquel tiempo estaba viviendo con un hombre con quien no estaba casada!

Cuando una mujer que había sido sorprendida en el acto de adulterio fue traída al Señor Jesús, él no la condenó, sino simplemente le dijo: “vete y no peques más (Juan 8:11). La ley especifica que ella fuera apedreada a muerte (Juan 8:5; Levítico

20:10). Verdaderamente: “la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:17).

Cuando una mujer pecaminosa lavó los pies al Señor Jesús con sus lágrimas, el fue criticado por Simón el fariseo por haberlo permitido. El Señor Jesús defendió a la mujer con estas palabras: “Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos la amará más? Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente haz juzgado. Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies. Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados son perdonados. Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados? Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz” (Lucas 7:41-50).

¡Los dos, Simón y la mujer, eran pecadores! La mujer fue perdonada debido a su humildad y su arrepentimiento. Simón el fariseo pudo haber sido salvado solamente si se humillara. Por favor, considere la parábola del fariseo y el publicano y recuerde: “cualquiera que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido” (Lucas 18:9-14).

Publicanos y rameras entrarán al reino de Dios antes que una persona orgullosa (Mateo 21:28-32). Mientras, el Señor Jesús no quebrará una caña cascada ni apaga el pábilo que humea.

CUALQUIERA

El mundo está lleno de pecadores. No obstante, el Señor Jesús personalmente invita a todos a que vengan a él. Él dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30).

La “gran comisión” se encuentra en los cuatro Evangelios y en el libro de los Hechos. Note, por favor, que el Señor Jesús hizo claro a sus apóstoles que el mensaje de salvación es para todos, sin importar cuán pecaminosos sean.

“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo

estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:18-20).

“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:15 y 16).

“Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos el tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” (Lucas 24:46-49).

“Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: recibid el Espíritu Santo. A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos” (Juan 20:21- 23).

“pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).

He aquí algunas citas de la Biblia que hacen claro que ¡la invitación del Señor Jesús es para “cualquiera” que quiere ser salvo! ¡No importa cuán pecaminosa sea la persona, ni cuantos errores haya cometido, “cualquiera” que quiere, puede ir a Cristo y ser salvo!

  • “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá, y todo el que

pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 16:25).

  • “Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere no será

avergonzado” (Romanos 10:11).

  • “Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”

(Romanos 10:13).

  • “Mas entre vosotros no será así, sino el que quiera hacerse grande

entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo” (Mateo 20:26 y 27).

  • “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Hechos

2:21).

  • “Cualquiera que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y

cualquiera que me recibe a mí, recibe al que me envió; porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ése es el más grande” (Lucas 9:48).

  • “Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que

confiesa al Hijo, tiene también el Padre” (1 Juan 2:23).

  • “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le

compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca” (Mateo 7:24).

  • “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo

unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

  • “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su

cruz, y sígame” (Marcos 8:34).

  • “mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino

que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:14).

  • “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí,

aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? (Juan 11:25 y 26).

¡VENGA AL SEÑOR JESÚS Y SEA SALVO!

El Señor Jesús no era solamente el hijo de un carpintero (Mateo 13:55), sino él mismo era carpintero (Marcos 6:3). El Señor Jesús pasó los primeros treinta años de su vida reparando “cosas”, y el resto de su vida en la tierra reparando “gente”. “Jesús mismo al comenzar su ministerio era como de treinta años” (Lucas 3:23). ¡El ministerio del Señor Jesús lo hizo un “carpintero de almas”! No importa cuán débiles e inútiles que el mundo piensa que somos, el Señor Jesús no nos haría ningún daño. Isaías predijo que el Señor Jesús “no se cansará ni desmayará” mientras nos ayuda (Isaías 42:4). ¡Recuerde! “No quebrará la caña cascada ni apagará el pábilo que humeare, hasta que establezca en la tierra justicia”.

“Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:17).