Boyce Mouton
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muchas razones.

Boyce Mouton · 4 pages · 1,655 words

Amado hno. Pedro y la Iglesia que se reúne en su casa:

En mí última carta, prometí escribirles acerca de el amor. Me gusta mucho hacerlo por muchas razones.

Primero, Dios es amor. Por favor, considere estas palabras:

“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano. “ (1 Juan 4:7-21)

Abel fue la primera persona de la tierra que experimentó la muerte física. Como Ud. ya sabe, murió como resultado de una disputa religiosa. Su hermano, Caín, adoraba a Dios de otra manera. Ellos “hablaron” en cuanto a eso,y entonces Caín mató a Abel.

Juan escribió:

“Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. “ (1 Juan 3:11-12)

Desde la eternidad, Dios ha querido que nos amáramos. Desde la misma eternidad, el diabalo ha querido que no heriéramos unos a otros.

En la noche antes de la muerte de Jesús. El llamó a Sus discípulos al aposento alto para celebrar la fiesta de la pascua. En ese momento hubo entre ellos una disputa sobre quién de ellos era el mayor. Jesús tomó un lebrillo y empezó a lavar los pies de ellos. Les dijo que deberían de amarse unos a otros en la misma manera que El les amó a ellos. Entonces dijo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan

13:35)

EL AMOR QUE JESUS ORDENA PROVIENE DEL ESPIRITU SANTO

Es muy importante que entendamos la naturaleza profunda del amor de Cristo. Jesús dijo:

“Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues. A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva. Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto. Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.” (Lucas 6:27-36)

Cualquiera puede amar a los amidog y familiares, pero se necesita al Espíritu para poder amar a nuestros enemigos. J esús amó a los h ombres que le clavaron las manos y los pies, y cuando Su Espíritu llene nuestros corazones podríamos amar a cualquier persona.

Por ejemplo, Pablo sufrió mucho a mano de sus hermanos judíos. Ellos le azotaron, le apedrearon, y muchas veces intentaron matarlo. (Véase 2 Corintios 11:24-27) Sin embargo, Pablo los amaba tanto que él mismo deseaba ser anatema para que ellos fueran salvos.

“Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; “ (Romanos 9:1-3)

LA IGLESIA EN CORINTO

La iglesia en Corinto tenía muchos problemas. He aquí algunos de los problemas mencionadas en 1 Corintios:

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Estaban dividos en cuanto a sus líderes humanos - Capítulos 1-4 #

Tenían inmoralidad en la iglesia - Capítulo 5

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Tenían juicios contra sus hermanos delante de los injustos - Capítulo 6 #

Tenían problemas en sus matrimonios - Capítulo 7

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Tenían problemas con la idolatría - Capítulos 8-10

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Tenían problemas sobre el papel de la mujeres y la Cena del Señor - Capítulo 11 #

Tenían problemas en cuanto a los dones espirituales - Capítulos 12-14 #

Tenían problemas en cuanto a la resurrección - Capítulo 15

Como Ud. ya sabe, la solución para sus problemas era el amor.

“ Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.” (1 Corintios 13)

LA IGLESIA EN CUBA

Hermano Pedro, no conozco todos los problemas que la iglesia en Cuba está afrontando, pero, sí sé que el amor es la respuesta. Puede sanar los problemas de familias dividas, iglesia dividas, y países dividas.

Cuando Pablo escribió su segunda carta a la iglesia en Corinto, tenía miedo que encontrara “contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, suberbías, desórdenes” en la iglesia. (2 Corintios 12:20) Espero irme a Cuba algún día para conocerle cara a cara. Cuando me vaya, es me oración que encuentre amor y armonía entre todos los hermanos en Cristo.

El apóstol Pedro lo escribió en esta manera:

“Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición. Porque:

El que quiere amar la vida

Y ver días buenos,

Refrene su lengua de mal,

Y sus labios no hablen engaño;

Apártese del mal, y haga el bien;

Busque la paz, y sígala.

Porque los ojos del Señor están sobre los justos,

Y sus oídos atentos a sus oraciones;

Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal. ¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien? Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os

demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo. Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.” (1 Pedro 3:8-17)

Su hermano en Cristo,

Boyce Mouton