Boyce Mouton
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ALGUNOS PENSAMINTOS ACERCA DE LA CENA DEL SEÑOR

Boyce Mouton · 13 pages · 4,936 words

ALGUNOS PENSAMINTOS ACERCA DE LA CENA DEL SEÑOR

“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” (Romanos 11:33).

Hay un viejo chiste estadounidense acerca de la anciana del estado de Kansas que por primera vez vio el océano Pacífico. Cuando alguien le preguntó “¿Qué le parecía? ella contestó: “Yo pensaba que sería más grande que eso”.

Por supuesto, fue su falta de conocimiento que lo hace chistoso.

  • Debido a la curvatura de la tierra, ella podía ver solamente unos 19 kilómetros del

océano. Por eso, las aguas internacionales comienzan a esta distancia de la orilla. En realidad, el océano Pacífico tiene aproximadamente 20,000 kilómetros de ancho. Por comparación, la luna tiene aproximadamente 11,000 kilómetros de circunferencia.

  • El Pacífico es el océano más grande del mundo, cubriendo unos 163,169,250

kilómetros cuadrados y contiene más de la mitad del agua libre en la tierra. Todos los continentes de la tierra fácilmente pueden caber en él.

  • La pobre mujer podía ver la superficie del océano, pero en realidad el océano

Pacífico tiene una profundidad de unos 4,877 metros. La zona Clarion- Clipperton es una región vasta ubicada entre México y Hawái y recién fueron descubiertas en ella unas 5,000 nuevas especias de vida.

  • Aun el océano Pacífico es un misterio para los biólogos marinos en cuanto a lo

que está bajo su superficie. Por ejemplo, la Trinchera de las Marianas es el lugar más profundo del océano y constantemente revela nuevas formas de vida y criaturas extrañas que nunca se había visto antes.

  • Según NASA y otros expertos, sabemos más acerca de la luna que acerca de las

profundidades del océano. Mientras 12 hombres han caminado en la superficie de la luna, solamente tres han llegado al lugar más profundo del océano Pacífico.

  • El océano Pacífico es un tesoro de oro, plata, manganeso, cobalto, cobre, níquel, y

otros elementos valiosos. Un área típico de 75,000 kilómetros cuadrados podría producir hasta 54 toneladas de metales con un valor entre 21 a 42 mil millones de dólares.

  • ¡Y esa pobre mujer ingenua pensaba que el océano Pacífico debía ser “más

grande”!

  • Como ya hemos dicho, ¡es la falta de conocimiento de esa mujer que hace al

cuento chistoso!

  • ¡Pero, la falta de conocimiento en cuanto a la Cena de Señor no es chistoso!

¿QUÉ ES LA CENA DEL SEÑOR?

Una persona que asistió a la reunión de la iglesia por primera vez, observó la celebración de la Cena del Señor y pensó que la iglesia era un poco tacañ0 con el refrigerio. Tristemente, esa persona no sabía lo que sucedía y para los que amamos al Señor Jesús, esto no es chistoso. Como sabemos, la Cena del Señor proclama la muerte del Señor Jesús hasta que él venga otra vez. Aun esto causa que algunas personas sin conocimiento, piensen que la muerte de Cristo era semejante a miles de otras muertes por crucifixión. ¡Nadie jamás sufrió como el Señor Jesús sufrió! ¡Aun Pilato mismo no conocía el significado de la crucifixión y se sorprendió al enterarse que el Señor Jesús murió en “solamente” seis horas! (Marcos 15:44). Por supuesto, fue más fácil para Pilato pasar seis horas en un sofá que para el Señor Jesús pasar seis horas en una cruz. Pero más importante fue que Pilato ignoraba que el sufrimiento de Cristo fue totalmente único y nunca fue experimentado por otro hombre. Muchos pastores aparentemente tampoco saben el significado eterno del sufrimiento de Cristo que representa la Cena del Señor. Algunos la consideran una “opción” que se observa cuando sea conveniente. Otros eligen nunca observarla como si fuera un mandamiento inútil que el Señor Jesús dio poco antes de su muerte. ¿Qué más pudiera haber dicho el Señor Jesús para hacernos creer que es importante recordar su muerte? Otros, para agradar a la gente, se enfocan en celebrar la cena lo más rápido posible. Así que el significado profundo de la cena del Señor para muchos está escondido en la categoría de “verdades no descubiertos” de las Escrituras. Cuando son enfrentados con la evidencia de las Escrituras y de los padres de la iglesia primitiva, que la iglesia apostólica se reunía cada semana para el propósito primario de “partir el pan” (Hechos 20:7), muchos están asombrados que se hace tanto alboroto sobre algo que consideran sin importancia.

Tan ofensivo que sea, su problema es el mismo que tenía la mujer ficticia de Kansas. ¡Ella, y ellos, tienen falta de conocimiento!

La falta de conocimiento podría causarnos a hacer cosas peligrosas e irracionales.

  • Los líderes judíos crucificaron al Señor Jesucristo por ignorancia (Hechos 3:17).
  • Los filósofos del Areópago adoraban a ídolos por ignorancia (Hechos 17:30).
  • Los gentiles estaban separados de Dios por ignorancia (Efesios 4:18).
  • Pedro escribió a la gente que tenían deseos malvados por ignorancia (1 Pedro

1:14).

  • Pero al hacer bien, podemos hacer callar la ignorancia de los hombres

insensatos (1 Pedro 2:15).

  • Tristemente, como ya hemos dicho, muchos ignoran el significado profundo de

la Cena del Señor.

  • Qué Dios sea paciente con los de nosotros que somos ignorantes (Hebreos 5:2).

EN LA SUPERFICIE

Mientras la mayoría del océano está bajo la superficie, la superficie aún puede ser impresionante. Como sabemos, los discípulos estaban atemorizados por una tormenta en el mar de Galileo (Mateo 8:23-27). Así también, con la muerte de Cristo. Muchas cosas sucedieron cuando el Señor Jesús murió que estaban “en la superficie” y fácilmente pueden ser vistos por los que no tienen interés en la teología. Por ejemplo:

  • Lo que sucedió al Señor Jesús en el Calvario sucedió en público y fácilmente pudo

ser visto y verificado.

  • Por ejemplo, el día en que murió el Señor Jesús, dejó de brillar el sol desde la

hora sexta hasta la hora novena (Lucas 23:44 y 45). ¡Fue difícil para Pilato, o cualquier otro, no notar eso!

  • “Más Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.

Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente este era Hijo de Dios” (Mateo 27:50-54). Esto también sería imposible no notar. La advertencia que Pilato recibió de su mujer acerca del Señor Jesús era insignificante comparado con la magnitud del terremoto que hizo temblar a toda Jerusalén (Mateo 27:19).

  • Cuando el Señor resucitó, hubo otro terremoto: “Pasado el día de reposo, al

amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra,

y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos” (Mateo 28:1-4). ¿Nada que ver aquí?

  • Poco después la ciudad entera de Jerusalén recibió la noticia de la resurrección

del Señor Jesús. El sumo sacerdote se quejó a los apóstoles: “¿No os mandamos estrictamente que no enseñases en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de ese hombre” (Hechos 5:28). ¡Sí! ¡No sólo notó esto el sumo sacerdote, sino Pilato obviamente lo notó también! También todos en Jerusalén. ¡Deberíamos notarlo también!

DEBAJO DE LA SUPERFICIE

  • Otros hechos acerca de la Cena del Señor están debajo la superficie y no son bien

conocidos. Por ejemplo, tristemente, Pilato probablemente no conocía el profundo significado espiritual de lo que Cristo logró al morir en una cruz.

  • Primero, recuerde que la “muerte, la sepultura, y la resurrección” del Señor Jesús

fueron “según las Escrituras” (1 Corintios 15:3 y 4). Casi todos los aspectos de su ministerio fueron predichos en las Escrituras y predicados en las sinagogas siglos antes de suceder.

  • Por medio de su muerte, el Señor Jesús destruyó a él que tenía el poder de la

muerte, el diablo, y libró a los que estaban esclavizados por el temor de la muerte (Hebreos 2:14 y 15).

  • En la cruz, por el Espíritu eterno, el Señor Jesús, sin pecado, se ofreció a Dios sin

mancha, y así limpia nuestras conciencias de los hechos que resultan en la muerte (Hebreos 9:14).

  • Contra toda sabiduría humana, la muerte del Señor Jesús fue un rescate que

libró a las personas de sus pecados cometidos bajo el primer pacto (Hebreos 9:15)

  • Además, la sangre del Señor Jesús purificó a cosas que no pudieron ser

purificadas por la sangre de becerros y cabras: “Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el

Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (Hebreos 9:23-26).

  • Aún más asombroso, la sangre preciosa del Señor Jesús limpia todos los pecados,

del pasado y del futuro: “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10:10-14).

  • Por su crucifixión, el Salvador resucitado llena el universo: “Y eso de que

subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo” (Efesios 4:9 y 10).

  • Por favor, considere: “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que

traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:14-16).

  • “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue

manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria” (1 Timoteo 3:16).

  • Además, lo que leemos en la Biblia no es toda la historia: “Y hay también otras

muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.” (Juan 21:25).

  • ¡Sí! La cena del Señor refleja muchas cosas invisibles al ojo humano.

TENGA CUIDADO DE LO QUE PONGA A SU BOCA

Los niños instintivamente ponen cosas en sus bocas. Los padres buenos enseñan a tener cuidado de lo que pongan en sus bocas. También todos nosotros necesitamos pensar cuidadosamente acerca de lo que ponemos en nuestras bocas. Por ejemplo, “las chicas de la radiación” trabajaban en fábricas donde se enfermaron por la radiación al poner en sus bocas los pinceles que empleaban para pintar esferas de relojes con radio. Comenzando alrededor del año 1917, aproximadamente 4,000 mujeres fueron contratadas en los EUA y Canadá para hacer este trabajo. Los pinceles que usaban perdieron sus puntos después de algunas pinceladas, entonces los supervisores dijeron a esas obreras que hicieran un punto en los pinceles con sus labios. Después de decirles que la pintura fue inocua, las mujeres en cada fábrica, siguieron las instrucciones y por consecuencia ellas ingirieren cantidades mortales de radiación

Los dentistas estaban entre los primeros en ver numerosos problemas entre las que pintaron las esferas. Ellos encontraron a pacientes con dolores dentales, dientes flojos, lesiones y úlceras, etc. Muchas mujeres estaban anémicas, y tuvieron fracturas de los huesos, y necropsia de la mandíbula. En el año 1923, la primera mujer pintora murió y antes de su muerte, su mandíbula se separó de su cráneo. Antes del año 1924, 50 mujeres que habían trabajado en la fábrica estaban enfermas y uns docena habían muerto. Esas pobres mujeres obviamente no conocían el peligro que enfrentaron al poner esos pinceles venenosos en sus bocas.

Tristemente, esta ilustración se relaciona con la Cena del Señor. Por favor, considere con oración esta advertencia de Pablo a los corintios: “De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere este copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen” (1 Corintios 11:27-30). La sangre del Señor Jesús no es veneno, pero es mucho más poderosa y potente que algo que el hombre puede producir. La lección es que es peligroso faltar el respeto a la sangre del Señor Jesús y comer el pan y beber la copa del Señor Jesús sin “discernir el cuerpo de Cristo”.

Las “chicas de la radiación” murieron por falta del conocimiento. ¡Nadie las advirtió! ¡Necesitamos advertir a los que comen la Cena del Señor porque “muchos” en Corinto se enfermaron debido a la manera en que comieron la Cena del Señor, y “un número” de otros murieron! Si el vigilante sabe que hay un peligro y no advierte a las víctimas, ellos morirán en su iniquidad, pero la sangre del vigilante estará sobre su cabeza (Ezequiel 33.1-6).

Por lo tanto, los que sirven la Cena del Señor tienen una obligación de advertir a los que comen la Cena del Señor a “examinarse” antes de comerla.

EL ARCA DEL PACTO

En la época de Moisés, el arca del pacto representaba la presencia de Dios. Ya que el arca y la Cena involucran acercarse a Dios, un estudio del arca nos preparará para apreciar la Cena del Señor. Quizás el arca del testimonio fuera el mueble más importante del tabernáculo y más tarde del templo. Como sabemos, fue en el arca que Dios prometió reunirse con su pueblo: “Y de allí declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel” (Éxodo 25:22).

Pero solamente un hombre fue permitido este privilegio. Aarón, el sumo sacerdote pudo adorar junto al arca un día cada año. Ese día se llamaba el día de la expiación. Los muchos requisitos y restricciones para Aarón en el día de la expiación se encuentran en Levítico 16:1-34. Entre otras cosas, se acercaba al arca con sangre: “Y hará traer Aarón el becerro que era para expiación suya, y hará la reconciliación por sí y por su casa, y degollará en expiación el becerro que es suyo. Después tomará un incensario lleno de brasas de fuego del altar de delante de Jehová, y sus puños llenos del perfume aromático molido, y lo llevará detrás del velo. Y pondrá el perfume sobre el fuego delante de Jehová, y la nube del perfume cubrirá el propiciatorio que está sobre el testimonio para que no muera” (Levítico 16:11-13).

Fue tan peligroso estar en la presencia de Dios que Aarón tuvo que tener campanas cosidas en el borde de su vestimenta para que las personas fuera del velo pudieran escuchar sus movimientos y saber que aún estaba con vida. Si no hacía eso, morirá. Una plancha de oro puro también fue suspendida de la parte delantera de su turbante por cordones azules (Éxodo 28:34-38). Ya que Dios mora en “luz inaccesible” (1 Timoteo 6:16), el humo del perfume y la plancha de oro quizás fueran empleados para proteger a Aarón de esa “luz inaccesible” y mantenerlo vivo. Además: “Cuando haya de mudarse el campamento, vendrán Aarón y sus hijos y desarmarán el velo de la tienda, y cubrirán con él el arca del testimonio; y pondrán sobre ella la cubierta de pieles de tejones, y extenderán encima un paño todo de azul, y le pondrán sus varas” (Números 4:5 y 6). Por favor, ¡note que el arca estaba cubierto por tres cubiertas distintas antes de que se pudiera moverlo!

Los hombres de Bet-semes aparentemente no sabían de este peligro y por eso murieron: “Entonces Dios hizo morir a los hombres de Bet-semes, porque habían mirado dentro del arca de Jehová; hizo morir del pueblo a cincuenta

mil setenta hombres. Y lloró el pueblo, porque Jehová lo había herido con tan grande mortandad” (1 Samuel 6:19).

Pero los cristianos podemos entrar con audacia a la presencia de Jehová por medio de la sangre del Señor Jesús: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne. y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió” (Hebreos 10:19-23). Como ya hemos dicho, “la sangre del Señor Jesús” es la razón por nuestra audacia.

La iglesia primitiva no solamente experimentó la realidad de Cristo una vez al año, sino la experimentó cada día: “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hechos 2:46 y 47).

Los de la familia de Dios que buscamos honrarlo, no tenemos nada que temer con respecto a la Cena del Señor. Por la sangre del Señor Jesús podemos, con denuedo y seguridad, acercarnos a Dios con corazones alegres y sinceros.

LA SANGRE DEL PACTO

Pero los que no son sinceros deben examinarse y elegir no participar en la Cena del Señor hasta que se arrepienten. Todos nosotros somos pecadores y no somos dignos de acercarnos a Dios. Pero podemos acercarnos a Dios con seguridad en una “manera digna”. Como el hijo pródigo, podemos confesar nuestra indignidad y ser recibidos por nuestro Padre Celestial. Examinemos ahora la cita anterior de Hebreos 10. Después de amonestar a todos a permanecer firmes en nuestra fe, se nos manda asistir a las reuniones de la iglesia: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo que pensáis merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: el Señor juzgará a su

pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Hebreos 10:24- 31).

No es difícil hacer una conexión entre dejar de asistir a las reuniones de la iglesia y participar en la Cena del Señor. Tratar a la “sangre del pacto” como cosa inmunda también nos recuerda a la Cena del Señor. Note que cuando el Señor Jesús instituyó la Cena del Señor, constantemente hizo referencia a su sangre que de verdad era “la sangre del pacto”.

  • “Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a

sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre” (Mateo 26:26-29).

  • “Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio,

diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada. De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios” (Marcos 14:22-25).

  • “Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi

cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mí sangre, que por vosotros es derramada” (Lucas 22:19 y 20).

  • “Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el

Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga. De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual

hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo” (1 Corintios 11:23-32).

  • POR FAVOR, ¡NO TRATE A LA SANGRE DEL PACTO COMO ALGO

INMUNDO!

COMUNIÓN

Otra palabra relacionada con la Cena del Señor es “comunión”. Note: “Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan” (1 Corintios 10:15-17).

La palabra de la Biblia traducida como “comunión” es koinonia. Se usa 20 veces en las Escrituras del Nuevo Testamento, y quiere decir “compañerismo, asociación, y participación conjunta”. Cuando comemos el pan, proclamamos nuestra “comunión”, “asociación”, o “participación conjunta” con la sangre de Cristo con los demás miembros del cuerpo de Cristo. Cuando bebemos la copa, proclamamos nuestra “comunión” o “asociación” con la sangre de Cristo.

Los miembros de nuestro cuerpo están en “comunión” el uno con el otro. Por ejemplo, si caiga un gran roca en nuestro pie, todo nuestro cuerpo reaccionaría y podríamos gritar debido al dolor. Lo mismo es cierto con respecto al cuerpo de Cristo: “Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular” (1 Corintios 12:24-27).

Juan escribió: “Si andamos en luz, cómo él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7).

Este “compartir” o “participar” incluyó los cristianos en varios países. Por ejemplo, los hermanos judíos de Judea tenían hambre y los hermanos gentiles de Macedonia rogaron por la oportunidad de enviarles dinero para “participar” en su sufrimiento (2 Corintios 8:4). Hicieron esto aunque las iglesias de Macedonia estaban

experimentando una prueba en su propio país. Como sabemos, la iglesia en Jerusalén “perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hechos 2:42).

El tiempo de la Cena del Señor debe ser el tiempo más memorable y alegre de la semana.

VENGA A CASA; ES LA HORA DE CENAR

Ira Stamphill nació en el año 1914 y falleció en el año 1950. Era un compositor cristiano bien conocido que escribió más de 500 canciones evangélicas. Él compuso un cántico acerca de la hora de cenar en el año 1950. Fue grabado primeramente en el año 1953 por Jimmie Davis y después, por lo menos 29 artistas han grabado esta canción hermosa.

He aquí parte de las palabras:

Hace muchos años en los días de la infancia,

Solía jugar hasta que salía el sol de la tarde;

Luego, al terminar ese viejo sendero familiar,

Escuché a mi madre llamar a la puesta del sol.

Ven a casa, ven a casa a la hora de cenar.

Las sombras se alargan rápidamente;

Ven a casa, ven a casa, es hora de cenar;

Por fin, nos vamos a casa.

Pablo explicó el contraste entre el viejo pacto y el nuevo pacto con una alegoría (Gálatas 4:21-31). El pacto viejo era semejante a la esclavitud ilustrada por Agar e Ismael. El nuevo pacto era semejante a la libertad ilustrada por el nacimiento milagros de Isaac por Sara. En ese contexto Pablo escribió: “Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues esta, junto con sus hijos, está en esclavitud. Más la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre” (Gálatas 4:25 y 26).

Todas las madres pueden relacionarse con la tristeza de preparar una cena para un hijo amado y él no viene a casa. Cuando los de Sion temían que serían olvidados por Dios, el Señor respondió: “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros” (Isaías 49:15 y 16).

Amado amigo, ¡Ud. es más importante para Dios que un niño lactante es a su madre! ¡Ud. podría olvidarse de Dios, pero Dios no se olvidará de Ud.! Isaías comenzó

el capítulo 49 al recordar a sus lectores que: “Oídme, costas, y escuchad pueblos lejanos. Jehová me llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria” (Isaías 49:1).

Dios no había olvidado sus promesas a Jacob y llamó a Isaías que los haga volver a él: “Ahora pues, dice Jehová, el que me formó desde el vientre para ser su siervo, para hacer volver a él a Jacob y para congregarle a Israel (porque estimado seré en los ojos de Jehová, y el Dios mío será mi fuerza)” (Isaías 49:5). ¡Dios está con nosotros! ¡Nos ama y quiere que seamos salvos! Ha diseñado a su cuerpo, la iglesia, para ayudaros a llegar con seguridad a la cena de bodas del Cordero en el cielo (Apocalipsis 19:9): “Así que, ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es vuestro: sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios” (1 Corintios 3:21-23)

La idea de que el Soberano del universo vendría a la tierra como un infante indefenso es algo que nadie jamás soñó. Aun los ángeles estaban sorprendidos.

El hecho de que nuestro Dios, sin pecado, deliberadamente sufriría el castigo por los pecados de toda la humanidad, estaba está más de nuestra comprensión.

Así que nos reunimos cada semana en el día de su resurrección bendita para celebrar lo que él hizo, y que nos mandó hacer. Nos dio el pan y la copa y dijo: “Haced esto en memoria de mí”.

¡HAGÁMOSLO!