Boyce Mouton
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ACUSADOS POR NUESTROS PENSAMIENTOS

Boyce Mouton · 9 pages · 4,040 words

ACUSADOS POR NUESTROS PENSAMIENTOS

“Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, estos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio” (Romanos 2:14-16).

Pablo hace claro que aunque a veces nuestros pensamientos defienden nuestras acciones, pueden también acusarnos. ¡Recuerde! “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). ¡Una razón que todos hemos pecado es que nuestros pensamientos nos acusan! Note que los gentiles y los judíos son pecadores. Los gentiles, que no tenían la ley, eran pecadores, y los judíos que sí tenían la ley también eran pecadores. El hecho de que los gentiles eran una ley para sí mismos no les impidió pecar “Porque todos los sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados” (Romanos 2:12). Los gentiles, que no recibieron la ley de Moisés, hicieron su propia ley y llegaron a ser la ley para sí mismos. Tristemente, nosotros los pecadores no vivimos según nuestros propios estándares. ¡Invariablemente, fijamos metas que no cumplimos!

Sabemos que esto es cierto. Muchos hacen resoluciones al principio del nuevo año, pero usualmente fallan en cumplirlas en solamente unos pocos días. ¡SÍ! ¡AÚN NO VIVIMOS POR NUESTRA PROPIA LEY! ¡SI! ¡TODOS PECAMOS Y ESTAMOS DESTITUIDOS DE LA GLORIA DE DIOS!

De la manera en que pensamos, así somos (Proverbios 23:7). ¡Judas Iscariote no pecó por casualidad, y tampoco nosotros!

DIOS CONOCE NUESTROS PENSAMIENTOS

¡Recuerde! ¡Dios conoce lo que estamos pensando! Él juzga los secretos de los corazones de los hombres por medio de Jesucristo. David luchaba con sus propios pensamientos y escribió: “Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos” (Salmo 139:1 y 2). David tuvo que reconocer que no había lugar en los cielos ni en la tierra donde podía escapar de los ojos de Dios que todo lo ven (Salmo 139:3-12). Ya que Dios conocía sus pensamientos, cuando deseó a Betsabé, David ya había cometido adulterio con ella en su corazón (Mateo 5:28). ¡Sí! ¡Nuestros pensamientos pueden condenarnos!

En los días de Isaías, el pueblo de Dios fue condenado por lo que pensaba: “este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí” (Isaías 29:13). ¡Sí! Fingieron honrar a Dios, pero sus corazones estaban lejos de él. ¡Muy a menudo, cuando venían a adorarle, sus pensamientos fueron totalmente satánicos! Considere, por favor: “El que sacrifica buey es como si matase a un hombre; el que sacrifica oveja, como si degollase un perro; el que hace ofrenda, como si bendijese a un ídolo” (Isaías 66:3). Un observador humano podría ser engañado por sus actos de adoración, pero su hipocresía no engaña a Dios! Dios discierne los pensamientos y las intenciones del corazón y “no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:13).

Dios sabe lo que estamos pensando cuando vamos a adorar, por eso “si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mateo 5:23 y 24). ¡Sí! Dios conoce nuestros pensamientos y “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él” (1 Juan 3:15).

Ya que el Señor Jesús es Dios manifestado en la carne, él también sabe lo que estamos pensando. El Señor Jesús dijo que: “no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre” (Juan 2:25). Cuando el Señor Jesús perdonó los pecados de un paralítico que fue bajado a su presencia, “los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar, diciendo: ¿Quién es este que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios? Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: “¿Qué caviláis en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa” (Lucas 5:21-24).

Dios no sólo sabe lo que estamos pensando, sino cuidadosamente él observa nuestra fe para que nunca seamos tentados más de lo que podríamos resistir: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:12 y 13).

¿DE DÓNDE VIENEN NUESTROS PENSAMIENTOS?

Nuestros pensamientos suben de dentro de nosotros. ¡Elegimos lo que pensamos! Pablo escribió: “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3:2). ¡Nosotros los cristianos podemos poner la mira en las cosas de arriba, si elegimos hacerlo! No obstante, podemos perder la habilidad de controlar nuestros pensamientos. Poco antes de que Judas Iscariote traicionó al Señor Jesús, “Satanás entró en él” (Juan 13:27). Si permitamos a Satanás que entre en nosotros, él controlaría nuestros pensamientos y nos haría pecar. Por ejemplo, los fariseos permitieron entrar Satanás a sus corazones y controlar sus mentes. Satanás ha sido un mentiroso y un homicida desde el principio (Juan 8:44). Entonces cuando él entró en sus corazones, los fariseos acusaron al Señor Jesús de echar fuera demonios por Beelzebú, el príncipe de los demonios (Mateo 12:24).

Las Escrituras muestran claramente que el Señor Jesús conocía los pensamientos de los fariseos (Mateo 12:25). Al defender sus acciones, el Señor Jesús advirtió de la blasfemia contra el Espíritu Santo: “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; más la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada” (Mateo 12:31). Por lo visto, Satanás controlaba a aquellos hombres tanto que no podían decir ninguna cosa buena. Entonces el Señor Jesús los comparó con un árbol malo que no puede producir fruto bueno. Él dijo: “O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol” (Mateo 12:33). ¡Los fariseos fueron controlados tanto por Satanás que no fueron capaces de tener buenos pensamientos tal como un árbol malo no es capaz de producir fruto bueno! De cierto, “el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4).

Trataremos este problema serio más adelante con más detalles.

Cuando los mismos fariseos y maestros de la ley criticaron al Señor Jesús y a sus discípulos por violar la tradición de los ancianos al comer con manos no lavadas, el Señor Jesús respondió: “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mateo 15:7-9). ¡Entonces el Señor Jesús les explicó que los malos pensamientos tienen su origen en el corazón! “¿También vosotros sois aún sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina? Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos,

los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre” (Mateo 15:16-20).

Marcos relata el mismo acontecimiento con estas palabras: “Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (Marcos 7:20-23).

Jeremías afirma enfáticamente: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? (Jeremías 17:9). ¡Un corazón engañoso, como un árbol malo, solamente puede producir algo engañoso o malo!

No obstante, cuando invitamos al Señor Jesús a entrar en nuestros corazones, nos dará un cambio de mentalidad. Es esencial que nos entreguemos al Señor antes de que el diablo controle completamente nuestras mentes. Por eso, “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 55:6-11).

¡BUENAS NOTICIAS!

¡Cuando nos entregamos al Señor Jesús, él transforma nuestras vidas por medio de la renovación de vuestro entendimiento! “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Romanos 12:2). En realidad, la palabra bíblica para “arrepentimiento” es metanoeo que literalmente quiere decir “cambiar de opinión”. ¡Podemos pensar que somos demasiado pecaminosos para ser salvos, pero esto no es cierto! Por favor, ¡no se rinda, porque con la ayuda de Dios, todo es posible!

Pablo era el primero de los pecadores y aún pudo ser salvo (1 Timoteo 1:15 y 16).

El ángel Gabriel le recordó a la virgen María: “nada hay imposible para Dios” (Lucas 1:37).

Cuando le preguntaron al Señor Jesús: “¿Quién, pues, podrá ser salvo? Él les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios” (Lucas 18:26 y 27).

Ezequiel citó las palabras de Dios: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:26 y 27).

Pablo explicó: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

La muerte del viejo hombre, y la nueva vida en Cristo son hermosamente simbolizadas por el bautismo: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (Romanos 6:1-14).

Nuestro Dios omnipotente, quien hizo el universo de nada, no tendrá ningún problema en hacerle una nueva criatura, si solamente le da la oportunidad.

AHORA UD. PUEDE ELEGIR

Las Escrituras enseñan que: “he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2). ¡Ahora Ud. tiene una opción! Ahora Ud. puede elegir hacer morir las

obras de la carne para recibir nueva vida de Cristo: “Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Romanos 8:12 y 13).

Ahora Ud. puede poner “la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3:2).

Ahora, “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8).

¡Pero si dejamos que Satanás entre a nuestros corazones, podríamos perder la habilidad de elegir!

Ahora podemos hacer “morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia” (Colosenses 3:5 y 6).

El viaje más largo comienza con un solo paso. ¡Necesitamos tomar ese paso hacia Dios ahora! Moisés dijo a Israel: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él, porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar” (Deuteronomio 30:19 y 20). ¡Tristemente, no escogieron vida!

Josué dijo: “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quien sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:14 y 15).

Pero en vez de “escoger” servir al Señor, los israelitas eligieron hacer su propia voluntad y como resultado, el Señor les dijo: “En este desierto caerán vuestros cuerpos, todo el número de los que fueron contados de entre vosotros, de veinte años arriba, los cuales han murmurado contra mí. Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun” (Números 14:29 y 30). “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios” (Hebreos 10:26 y 27).

El autor de Hebreos advirtió: “Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, donde me tentaron vuestros padres; me probaron, y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, y dije: Siempre andan vagando en su corazón, y no han conocido mis caminos. Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo. Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. ¿Quiénes fueron los que habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de la incredulidad” (Hebreos 3:7-19).

POR FAVOR, ¡NO ENDUREZCA SU CORAZÓN NI DEJE QUE SATANÁS ENTRE EN SU CORAZÓN!

LA IMPOSIBILIDAD DE ARREPENTIRSE

¡Si Satanás controla nuestros pensamientos, será imposible arrepentirnos! Por favor, considere: “Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por las cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada” (Hebreos 6:4-8).

El libro de Apocalipsis revela que los hombres pueden ser quemados por el calor intenso y aún blasfemar el nombre de Dios y negar arrepentirse (Apocalipsis 16:9). Los hombres pueden morder sus lenguas de dolor y aún maldecir a Dios y negar arrepentirse (Apocalipsis 16: 10 y 11). Considere, por favor, si Satanás domina nuestros corazones, blasfemaremos al Espíritu Santo y negaremos a arrepentirnos (Mateo 12:31- 37; Marcos 3:28-30). Si Satanás domina nuestros corazones, puede causarnos a cometer el pecado que nos lleva a la muerte, acerca de la cual no debemos orar (1 Juan 5:16 y 17).

¡No debemos dejar que Satanás entre en nuestros corazones!

Recuerde, por favor, que Jesucristo no cambia: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8). Cuando alguien realmente se arrepiente, Dios lo perdonará.

  • El Señor Jesús prometió que: “aquel que en él cree, no se pierda” (Juan

3:16).

  • El Señor Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y

cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

  • Pedro dijo: “todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”

(Hechos 2:21).

  • Pablo dijo: “todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”

(Romanos 10:13),

  • “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que

tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:17).

  • Si Judas se hubiera arrepentido, Cristo lo habría perdonado. Pedro negó a Cristo

tres veces, pero se arrepintió y fue perdonado. Pero Judas permitió que Satanás controlara sus pensamientos y salió y se ahorcó (Mateo 27:3-5).

MIENTRAS DIOS NO CAMBIA, NOSOTROS SÍ CAMBIAMOS

Medita en esta historia de Nerón, el emperador de Roma. Dotado en la poesía y en la música, genial, humanitario, el principio de su reinado despertó grandes expectaciones. Augusto lo consideró una aflicción personal estar obligado a castigar, y había decretado la pena de muerte solamente en casos muy serios. El joven Nerón, algún tiempo después de vestirse de la púrpura, se regocijó que en su imperio entero, nunca se había derramado ni una gota de sangre. Cuando resultó necesario que firmara sentencias de muerte, lamentó que podía escribir Bajo la instrucción de filósofos y estadistas tal como Seneca y Burrus, se esperó que el joven ingenuo llegaría a ser un modelo de sabiduría y justicia. Seneca pensó que “no era capaz de aprender la crueldad” y se esperó que la gentileza de la naturaleza del emperador se extendería a todo el imperio y así transformaría el mundo y restauraría la edad de oro de inocencia a la humanidad. (“La Historia de la Iglesia” por Newman, volumen I, página 112.)

Con la ayuda de Dios, Nerón pudo haber estado a la cabeza de la lista de los hombres poderosos. Al contrario, es recordado como uno de los hombres más perversos de todas las edades. ¡Nerón cambió! Permitió que Satanás entrara en su corazón, y llegó a ser un demonio sádico. Ordenó el asesinato de su hermano, su madre, y su primera mujer. Su segunda mujer murió por su abuso. También Nerón ejecutó a los apóstoles Pedro y Pablo y mató a miles de cristianos. Se imaginó ser un gran poeta y músico y él se rebajó al actuar en público como un bufón incompetente. Indulgencia de todo tipo llegó a ser una característica de su vida pecaminosa. En la noche del día 18 de julio de año 64 d. de C., hubo un incendio en Roma que destruyó

70% de la ciudad. Ardió por 6 días y 7 noches. Nerón culpó a los cristianos por el incendio y el historiador Tacito describe su persecución con estas palabras: Primero fueron procesados los que confesaron, entonces con su testimonio, una vasta multitud fue condenada, no sólo por prender un incendio, sino por su odio por la raza humana. Sus asesinatos fueron hechos más crueles por la burla que los acompañó. Algunos fueron cubiertos con pieles de bestias salvajes y fueron despedazados por perros; otros murieron en cruces, y otros fueron quemados al atardecer para ser antorchas para iluminar la oscuridad. Nerón mismo abrió sus huertos al público y presentó una exhibición en el circo vestido como un cochero. Se mezcló con la gente y conducía su propio carro. Así que, culpables y merecedores del castigo que fueran, aún debían ser compadecidos cuando fueron muertos, no para el beneficio del estado, sino para gratificar la crueldad de un individuo.

Aunque Nerón permitió a Satanás que entrara a su corazón y que controlara su vida, ¡estoy persuadido de cosas mejores de Ud.! “Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada. Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así. Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún. Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas” (Hebreos 6:7-12).

PONGA SU MENTE EN LAS COSAS DE ARRIBA. INVITE AL SEÑOR JESÚS QUE ENTRE EN SU CORAZÓN.

Y ¡NO DEJE QUE SUS PENSAMIENTOS LO ACUSEN!